La decana de la Facultad de Psicología de la UGR, Francisca Expósito, puso varias preguntas sobre la mesa
La última jornada del ‘I Ciclo de Conferencias sobre Violencia de Género: Aspectos Jurídicos y Psicoeducativos’ resultó, nuevamente, muy interesante. Entre las tres ponencias programadas se encontraba la de la decana de la Facultad de Psicología y profesora titular de Psicología Social Aplicada de la Universidad de Granada, Francisca Expósito, quien disertó sobre diferentes estudios que permiten atisbar algo de luz en lo que a comprensión de este problema se refiere. Siempre sustentando sus afirmaciones en datos recabados y estudiados, Expósito comentó aspectos como que, desde una perspectiva psicosocial, se han detectado asuntos más que preocupantes. “Hay un brote de sexismo entre los jóvenes. Estamos yendo hacia atrás porque, aunque parezca mentira, la gente aún no sabe cuál es el papel que debe adoptar en una relación para que tenga éxito. Lo peor, sin lugar a dudas, está por llegar”, aseveró.
Apoyada en conceptos como ‘sexismo hostil’ (que legitima la violencia en mujeres que desafían el poder de los hombres o “manchan” el honor) y ‘sexismo benévolo’ (sobre quienes no cumplen las expectativas de los roles de género tradicionales y quienes se salen de “camino adecuado”), la profesora aseguró que, cuando se desconoce el motivo de la agresión, estudios de la pasada década desvelaban que la mayoría de la gente tendía a pensar que la víctima “algo habría hecho”. Fiel partidaria de variar las políticas de actuación, Expósito apuntó hacia un cambio en donde la mujer agredida no sea el único elemento a tener en cuenta. Y es que rara vez se trata de trabajar con el agresor para garantizar que su conducta no se vuelva a repetir. “”Si queremos acabar realmente con la Violencia de Género hay que trabajar también con ellos, pues el hombre es un elemento esencial dentro de este problema”, indicó.
Sin rechazar en ningún caso iniciativas como las conocidas tácticas de empoderamiento que habitualmente se destinan a las féminas, opinó que ese tipo de políticas hay que complementarlas. Trabajar con la pareja. “La violencia no acaba con el fin de un proceso judicial. Las relaciones no se rompen hasta que la pareja así lo decide, no cuando los jueces lo digan”, recordó ejemplificando este asunto con mujeres que, a pesar de estar presentes en un juzgado tras haber denunciado e incluso contar a su favor con una orden de alejamiento, siguen acompañando a su agresor, “continúan cuidándole a pesar de todo lo ocurrido”.
De la conferencia de Expósito, los asistentes que la escucharon en el salón de actos del Palacio Autonómico extrajeron una misma conclusión: que la Psicología Social puede ayudar muchísimo a reenfocar las iniciativas para paliar y, en la medida de los posible, terminar con la violencia de género. “Cuando hay un componente ideológico la propia mujer deja, sin necesidad de que nadie se lo pida u ordene, de hacer cosas porque sabe qué tipo de situaciones pueden generar su conductas. No es necesario que la pareja le diga que no haga algo”, comentó la profesora de la UGR. Una interesante reflexión que, sin duda, logró arrojar bastante luz sobre un problema donde las interpretaciones son variadas pero el objetivo es común: acabar con la violencia de género.
¿Cómo influyen las creencias y los roles?
“Se ha observado que las creencias sobre los roles tradicionales, sobre la subordinación de las mujeres a los varones, sobre la restricción de los derechos de las mujeres y el apoyo a la dominación masculina están relaciondas con la tendencia a culpar a la víctima de maltrato, a legitimar las actitudes y comportamientos de los maltratadores y a sostener mitos sobre la violencia de género”, comentó Expósito al respecto de cómo influye el rol de género cuando se trata de explicar los motivos por los cuáles hay hombres que utilizan la violencia sobre las mujeres. Y es que hay varios interrogantes como el de por qué hay mujeres que mantienen la relación a pesar de ser conscientes de la situación en la que están inversas. “¿Por la situación económica? No, la dependencia emocional es mucho más importante y fuerte que la económica”, aseguró la profesora de Psicología Social.






