Sostiene que la colaboración es clave. Que si no “este trabajo no podría llevarse adelante con éxito”. Es el inspector jefe de la Unidad de Prevención, Asistencia y Protección a las víctimas de Violencia de Género (UPAP) del CNP en Granada, Miguel Muñoz. Bajo su responsabilidad ahora mismo hay un total de 362 mujeres que han denunciado. Él será el primer ponente de esta última jornada del ciclo de conferencias impulsado por la UGR, Delegación del Gobierno y Ciudad Autónoma de Ceuta, donde hablará de las funciones de esta unidad y la coordinación con las Fuerzas de Seguridad para garantizar la integridad de las víctimas.
–No todo el mundo sabe qué es la UPAP. ¿Nos podría explicar brevemente cuáles son las funciones de esta unidad que, según tengo entendido, están muy bien definidas?
–Es un servicio que se creó en diciembre de 2003, partiendo de las Brigadas de Seguridad Ciudadana que hay en Madrid, dentro de la Unidad de Participación Ciudadana y Programas. Ante el incremento de de la concienciación sobre la Violencia de Género, se crearon en todos los puntos de España. En cualquier comisaría, por pequeña que sea, hay unos funcionarios que se dedican a este ámbito en concreto. Trabajan para prevenir, asistir, acompañar a las víctimas, prestarles cuanto apoyo sea necesario... trabajan no solamente en lo referente al delito en la calle, pues esto tiene la dificultad añadida de que muchas veces estos hechos delictivos se producen en la privacidad del hogar. Hay que asesorarlas, acompañarlas al juzgado... y por supuesto la protección ya que una vez que la mujer ha puesto una denuncia se sienten lógicamente como si fueran más culpables, de ahí que necesiten más si cabe de la protección y el asesoramiento para no venirse abajo.
–Unas unidades que, en definitiva, trataron de dar respuesta a una inquietud social.
–Efectivamente, pues si es cierto que el problema siempre existió sí que en la última década se ha visibilizado mucho más y se ha trabajado más en sensibilizar y concienciar por parte de todos.
–Apuntaba la dificultad añadida de que la violencia se suele producir en la intimidad. ¿Con qué herramientas cuentan ustedes para solventar esto?
–En esos casos hay que poner vías para que la mujer pueda tomar la iniciativa y ponerse en contacto con alguien. Ahí está el teléfono 016, el 091, el 112... Concretamente en el 016 se le asesora. El que ella vea que se le apoya sirve para que dé el siguiente paso de poner la denuncia.
–La UPAP sirve como enlace. ¿Qué características concretas deben tener los agentes que estén destinados en esta unidad? ¿En qué hay que formarlos?
–Se debe tener muy en cuenta la madurez profesional, así como todo lo que sean habilidades sociales y comunicativas. Iniciativa, por supuesto ilusión por el trabajo... Este servicio es muy particular y distinto al que habitualmente ejercen otros departamentos de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad ya que nosotros hacemos una atención personal, con un teléfono corporativo con el que atendemos a la víctima las 24 horas del día. A cada una de ellas se le asigna un policía.
–Otra de las cuestiones por las que vela la UPAP es por el cumplimiento de las órdenes de protección que se imponen. ¿Qué hacer cuando se encuentran con un caso del denominado ‘quebrantamiento consentido’, cuando durante el periodo impuesto la víctima y el agresor vuelven, voluntariamente, a verse?
–Hay ocasiones en que recibimos llamadas anónimas, a través de Servicios Sociales, que tienen conocimiento de que la víctima y el agresor están conviviendo. En esos casos, si se está prestando esa ayuda a la víctima, se estudia el caso e incluso se llega a quitar. Eso sí, si nosotros lo pillamos a él incumpliendo la orden de protección lógicamente se le detiene. Ahí el problema está en si es o no una medida cautelar de alejamiento, si se arrepiente... sin embargo en la sentencia firme no cabe recurso contra ella. En este punto la jurisprudencia está un tanto dividida, incluso se puede pedir un indulto, aunque es una posibilidad que tarda mucho. Es un tema problemático, de ahí que muchas veces hay denuncias, se va a juicio rápido y después de las 72 horas la mujer se arrepiente.
–Ha pasado prácticamente una década desde la creación de estas unidades específicas. ¿Cómo ha sido su evolución?
–Ha sido una evolución total, sobre todo a raíz de 2007. Fue entonces cuando se empezó a utilizar el Sistema ‘VDG’, como se conoce de forma coloquial, que nos proporciona muchas ventajas ya que aglutina en él a todas las víctimas que hay en España y coordina a todos los servicios que están a disposición de este problema. Con él el policía pasa de ser una persona que se dedica a prestar mucha atención en la calle a las víctimas a poder dedicar unas cuantas horas semanales a introducir en ese programa cualquier circunstancia que le acontezca a la víctima: actuaciones policiales, medidas judiciales... Es un sistema que está auditado por la Secretaría de Estado de Seguridad y que es muy interesante porque, si en un momento dado por desgracia ocurre algo, ahí está toda la información rápidamente disponible de los pasos y el seguimiento que se ha realizado con esa persona.
–A nivel personal, y tras muchos años de experiencia profesional en diversos departamentos, ¿qué le aporta dedicarse ahora a este ámbito?
–Mucho. He estado en Estupefacientes, Seguridad Ciudadana... Sin embargo cada paso que va dando uno en la profesión parece que le gusta más. Entiendo que la Violencia de Género es un asunto de mucha responsabilidad, hay que estar muy encima. Todos los días hay llamadas de los distintos servicios que hay en toda España informándome de que hay una víctima que viene a una casa de acogida de aquí, otra que se llevan para otro lado, medidas judiciales que terminan en una fecha concreta y han de ser borradas para que no se produzca una detención ilegal de un individuo que ya ha cumplido su condena... Son cosas que hay que llevar muy a rajatabla. También es muy satisfactorio cuando la gente te agradece los servicios prestados, por supuesto.
–¿Cuál ha sido el momento más complicado de los años que lleva en esta unidad?
–Durante los cuatro años que llevo, afortunadamente, no hemos tenido ningún caso de muerte de alguien que está dentro de nuestra vigilancia. Sin embargo hace un par de años sí que se produjo la muerte de una chica de nacionalidad china en el centro de Granada. Nosotros teníamos a una mujer china en el sistema, afortunadamente para nosotros no era ella, pues la víctima no había denunciado nunca, pero las muertes se sienten igualmente aunque duele más si tú o tus funcionarios están trabajando con ellas y es, por tanto, tu responsabilidad. Fue un momento problemático.






