El Gobierno de España rechaza ese pensamiento que anida entre los ceutíes que están viendo cómo su ciudad termina convertida en un gran CETI.
La realidad tumba cualquier interés político en negar las evidencias. Después de tres meses de la entrada masiva, Ceuta acoge decenas de recursos de acogida que han sido etiquetados como temporales, pero que, en el caso de los menores, no parece que vayan a ser así.
Loma Colmenar, la parte trasera de la antigua prisión de Los Rosales, Loma Margarita, Caballería, el puerto… Varones, mujeres con hijos a su cargo, muchas de ellas con bebés tras haber parido en nuestra ciudad, han sido distribuidos en las carpas, tiendas y asentamientos levantados.
El Gobierno de España se enroca en torcer el discurso confundiendo cualquier crítica ciudadana hacia esta situación con un interés por deshumanizar lo que sucede.
Es lo fácil y populista, transformar en una especie de monstruo a quienes llevan lidiando toda la vida con una inmigración que, siendo competencia de Europa, la tiene que controlar un pequeño ayuntamiento local al que dejan solo y atrapado en unas trincheras sometidas a las presiones de Marruecos.
Ningún Gobierno puede venir a dar lecciones a Ceuta de humanidad, a una ciudad que lleva años asumiendo una inmigración que no es de su competencia absoluta.
Desde los tiempos del Ángulo a Calamocarro, pasando por el CETI hasta la dura realidad actual, Ceuta ha tenido que organizarse para atender a todos aquellos que cruzaban de forma masiva a nado o protagonizaban aquellos saltos a la valla tan impactantes.
Ceuta lleva toda una vida conviviendo con una realidad de frontera, pero por eso mismo su ciudadanía tiene todo el derecho a criticar y cuestionar los planes que finalmente ha ejecutado el Gobierno, manteniendo más de 6.000 plazas, con opción a 8.000.
Eso ha transformado Ceuta en un gran CETI. Lo hace en cualquier rincón que uno visite: barriadas llenas, espacios comunes que ya no pueden ser utilizados por todos, paseos marítimos imposibles de transitar.
Y ante todo esto el Gobierno solo sabe pedir paciencia y se atreve incluso a dar lecciones de humanidad con un pueblo que ha demostrado una entereza y un comportamiento nunca estilado en otras comunidades autónomas.
El 30 de julio Marruecos decidió reírse de España invadiendo Ceuta por el espigón. Después ha sido el Gobierno el incapaz de reaccionar con medidas adecuadas que convirtieran la crisis en una realidad pasajera.
No ha sido así. Y esto debe decirse, denunciarse, contarse y criticarse. Es el único derecho que le queda a un pueblo que ha visto transformada su tierra y encima se le coloca en el punto de mira.






