A nadie escapa el continuado discurso de nuestro actual, quizá perpetuo, Alcalde-presidente, sobre el mar y el carácter marinero de Ceuta. Es graciosa la insistencia pública, y el mantra sobre este asunto, que sigue utilizando el máximo responsable de la política local.
Toda vez que estamos sumidos en este tiempo de agría contienda electoral, la marinera Ceuta, es usada como arma arrojadiza entre los bandos en disputa.
No sería asunto tan trágico, sino un ejercicio más del juego de la política, de no ser por la enconada deflagración de discordias y enfrentamientos promovidos por las facciones radicales del panorama electoral español.
Lo mismo podríamos decir de la mayor parte de Europa, sumida en la radicalización, y en la vuelta, una vez más, a la lucha de clases económicas. Desposeídos de izquierda radicalizados contra el mundo opulento, versus españolísimos defensores de los honores patrios y la hispanidad.
Ambos discursos son populistas y se basan en el hartazgo de unos y la desinformación de otros, y en una premisa muy errónea, piensan que no tienen nada que perder. Justo de esta radicalidad, se alimentan los partidos de siempre, las eternas y aparentemente normalizadas derechas e izquierdas de toda la vida.
Pero ya no lo son tanto, todo este circo político actual, ha conseguido descoser el tejido de los cambios sociales beneficiosos, y los avances del verdadero progreso humano.
Todo ha sido pervertido por el desarrollismo económico, y convertido en una sarta de promesas falsas que no se ajustan a la realidad de los tiempos que corren, ni pueden poner freno a la desazón y la desorientación de las personas.
Ya no se pivota en la alternancia que reconstruyó la vieja Europa, cansada de tantas guerras y sobresaltos belicistas, ya no se habla de social democracia ni de democracia cristiana. Donde quedó la civilización del amor con la que soñaba san Pablo VI, posiblemente murió con el terrorífico asesinato de Aldo Moro, en una Italia marcada por el terrorismo de las brigadas rojas.
Todas las políticas iniciadas con el afán de construir una nueva Europa de paz y prosperidad económica, desde los valores del humanismo y del cristianismo, han desembocado en una sociedad llena de individualismo, aislamiento y soledad en medio de las grandes ciudades del siglo XXI.
Los que tienen dinero, lo gastan en consumos superfluos o invirtiendo para asegurar, todavía más, lo que llaman su futuro. Los desheredados del gran festín de las vanidades, están deseando llenar sus bolsillos para hacer lo mismo, y para ello, están dispuestos a incendiar una ciudad entera como pasa en Francia, o por partes como la quema de coches, o el vandalismo intermitente que sufrimos en nuestra propia ciudad.
Por mucho que intenten los servicios sociales proporcionarles ayuda material, les falta autoestima, y necesitan acceder a los opulentos y desmesurados gastos diarios de un ciudadano medio europeo para sentirse bien. En esto consiste ya ser un humano, solo mandan las creaciones diabólicas del momento que vivimos. Ya no apreciamos al bueno de corazón, y al humilde y silencioso vecino. Aquel que saluda y sonríe, que se considera español con la normalidad del que se sabe agraciado, y que sabe perfectamente que es muy malo y perverso envidiar y odiar al prójimo porque tiene más dinero.
Para tener respeto de sí mismo, ya no hay que ser más interiormente, más bien, hay que ser un gran consumidor, y tener mucho exteriormente.
El propio capital se encarga de enseñarnos a todos como debemos vivir para llenar la panza de todos los consumos, a la par que no es común, hoy en día, percatarse que solo existe presente, y que vivirlo en armonía y respeto a todos y con todos, incluido el diferente, el que no opina como uno mismo, es un síntoma de madurez en la consciencia, y de ser un verdadero ser humano, plenamente desarrollado interiormente.
Una sociedad vacía de ideales elevados, es la consecuencia de vivir sin el amor en los corazones, y de haber apostatado del verdadero Dios. Cuando el ser humano se coloca en el centro, se convierte en un idólatra de sí mismo, y su propio conocimiento, se llena de vanidades, y solo sabe buscar un nuevo juguete para calmar sus ansiedades.
Ya solo busca satisfacerse en lo inmediato, y queda vacío de verdadera paz, esperanza y de alegría, ya no disfruta del momento, del poder simplemente vivir un día más en un maravilloso planeta, rodeado de criaturas únicas, y de personas con un valor infinito porque, al igual que el mismo, están también hechas a la imagen y semejanza del único Señor de la vida.
Ciertamente, quien pudiera haber dicho, que Ceuta se pondría de moda en el panorama nacional español de la noche a la mañana. A los ceutíes nos puede agradar estar en primera línea, pero es una muestra, del intenso histrionismo social y económico que domina el contexto de locura colectiva europea actual.
No podemos negar, que las cosas están muy mal en muchos sentidos: las conquistas sociales están cogidas por alfileres, muchos sueldos son manifiestamente insuficientes para enfrentar el alza de precios, las personas se sienten explotadas, otras son claramente absentistas laborales, el precio de la comida y de los combustibles no deja de subir, la sanidad está sobresaturada, la red ferroviaria muy abandonada, y la alta velocidad en entredicho por falta de mantenimiento y atención, la vivienda un negocio que vacía los bolsillos de las personas, el ejercicio de la gestión política una discordia constante, y el tiempo de ocio no deja de crecer, para seguir adormeciendo mentes.
En la Ciudad comandada políticamente por el eterno y dilecto Alcalde-presidente, las cosas nunca fueron bien, pero nuestro buen mandarín, ha encontrado un filón inagotable para echar las culpas de todo a la invasión sufrida.
Por mucho que quiera culpabilizar al gobierno de la nación, la responsabilidad en la poca gestión de la periferia, en el abandono de los barrios, y su poco respeto al cumplimiento de las leyes urbanísticas y ambientales, son hechos destacados de la política local de Ceuta. Y un reflejo perfecto de lo que ocurre en el resto del país. Además, la tendencia al personalismo en la gestión de la administración local, es una marca propia de nuestra ciudad. Donde fácilmente aparecen nuevos émulos de nuestro querido alcalde, ascendido por muchos a los altares de la defensa de Ceuta.
Que conste que él ha repetido que no tiene mérito, todo para el pueblo de Ceuta, una pena que no haya reconocido a la Providencia, como la verdadera autora de la defensa, y permanencia de Ceuta en el contexto español y europeo.
Estos nuevos imitadores del personalismo en la alcaldía, son menos prudentes, más antipáticos, mucho menos hábiles, y nada divertidos en el manejo de los hilos del poder. Por nuestra parte, seguiremos intentando decir la verdad de esta gestión municipal, sin relativismos morales, y señalando todo aquello que a nuestro juicio merece atención. No todo vale para captar votos, y de vez en cuando, alguien debe intentar aportar, lo consiga o no, algo de buen sentido, para la gestión ambiental y cultural de nuestra marinera y queridísima ciudad.
La campaña electoral iniciada y la próxima que se avecina nos obliga. Dicho todo, con la mayor de la prudencia y respeto por la institución municipal, y por todos los seguidores incondicionales del Alcalde-presidente.







Tiene usted toda la razón.Si ya de por sí habia poco respeto a las leyes urbanisticas y ambientales, el remate fué la ejecución de todo lo que quedó en nuestra retina al ver el comportamiento de los marroquíes que arrasaron lugares, caminos, montes, playas, propiedades particulares, así como el ataque a personas , a los agentes de la autoridad y a la integridad territorial.
Las imágenes de la playa del trampolín, de benítez y de otros lugares, deben ser difundidas de manera períódica para que sepamos de lo que es capaz de hacer el ser humano., para que no olvidemos lo que hicieron mientras permanecieron y permanecen en Ceuta.