Señor director:
Hay una pregunta que llevo días haciéndome y que quiero compartir con sus lectores: ¿en qué momento defender a mi ciudad me ha convertido en facha?
Siempre me he considerado de izquierdas. Y no de boquilla. Voté a Podemos cuando parecía que la política iba a cambiar de verdad, y terminé huyendo del pablismo, de ese estalinismo de salón en el que quien discrepa es un traidor. Quizá por eso hoy reconozco el mecanismo en cuanto lo veo: o piensas exactamente lo que toca, o pasas a ser el enemigo.
Así que lo diré con claridad, y que cada cual me ponga la etiqueta que quiera.
Desde aquella primera crisis del 97 he visto llegar a Ceuta a miles de personas, y siempre he defendido su acogida y su integración. Lo sigo haciendo. Los parias de la tierra, los esclavos sin pan, no son invasores. Son personas que huyen del hambre, de la guerra o de la falta de futuro, y merecen dignidad.
Pero estoy convencido de que lo que vivimos ahora no es una crisis migratoria. Una crisis migratoria nace de la miseria y la desesperación. Lo de ahora es otra cosa: es el uso deliberado de seres humanos como munición, como herramienta de presión de un Estado contra otro. Los pobres no invaden. A los pobres los utilizan. Quien abre y cierra la frontera según convenga a su agenda diplomática, quien empuja a chavales al agua para ganar una negociación, no es ningún benefactor. Es quien convierte la miseria en arma.
Decir esto no es odiar al migrante. Es negarse a que lo usen. Querer una frontera controlada no es querer una frontera cruel. Es querer que nadie, desde un despacho al otro lado, pueda decidir cuántas personas se juegan la vida esta semana. Una frontera ordenada protege a mi ciudad, y protege también a quienes la cruzan.
La izquierda en la que yo creí defendía a los débiles frente a los poderosos. Aquí el poderoso no es el muchacho que llega nadando al espigón: es quien lo ha mandado. ¿Desde cuándo señalarlo es de derechas?
Me niego a regalarle a la extrema derecha la preocupación legítima de mis vecinos. Cada vez que llamamos facha a quien pide orden y respeto para Ceuta, les hacemos el trabajo a los fachas de verdad.
Si defender a la vez la acogida y la frontera, a quien llega y a mi ciudad, me convierte en facha, entonces el problema no lo tengo yo. Lo tiene una palabra que, de tanto usarla, ya no significa nada.
Atentamente.
Candela Cantina







La primera vez que veo algo de sentido común en una persona de izquierdas.