Es una guerra sin cuartel. No hay tregua, ni descanso en Ceuta. El Servicio Marítimo de la Guardia Civil lo tiene claro, la lucha está en esa autopista del Estrecho convertida en la línea explotada por quienes quieren hacer negocio a costa de la entrada masiva.
Lo que para casi toda una ciudad fue un drama, un azote a las conciencias y a la estabilidad de esta tierra, para un grupo de personas fue una oportunidad de ganar dinero, de utilizar esa entrada masiva de miles de personas para su oficio y beneficio.
Las cifras, las estadísticas no engañan. El dato mata el relato del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, que ve subjetividad en donde todos los demás aprecian una clara inseguridad en donde la delincuencia se mueve como pez en el agua.
El Servicio Marítimo de la Guardia Civil ha intervenido desde la entrada masiva prácticamente 50 embarcaciones usadas para el tráfico de inmigrantes. Es el resultado del trabajo constante de la unidad en Ceuta, aunque ahí no se incluyen los servicios que hayan podido hacer los agentes de Algeciras además de Salvamento Marítimo, movilizado desde Tarifa Tráfico ante avisos de inmigrantes en el mar.
Lanchas, kayak, phantom…
Los guardias civiles han abortado travesías de embarcaciones recreativas, lanchas, phantom, kayak, pequeñas gomas y motos de agua, entre otras.
No paran. Hay jornadas en las que terminan el servicio hasta con media docena de intervenciones asociadas directamente a la entrada masiva.
La pasada noche interceptaron una embarcación con ocho inmigrantes. En Algeciras se detuvo otra con 15. Es un no parar, una vertiente delictiva marcada por el riesgo.
Los agentes del Servicio Marítimo se enfrentan a un riesgo constante, a una presión que no se cuenta, que no trasciende, que no aparece en las intervenciones mediáticas del ministro Marlaska. Porque no solo tienen que abortar travesías delictivas, sino conseguir poner a buen recaudo al patrón y evitar que se pierdan vidas.
El riesgo provocado en los inmigrantes
Ese es el principal objetivo, que no haya desgracias que intentan ser provocadas por quienes tienen como plan final cumplir con el encargo de colar los inmigrantes al otro lado del Estrecho.
Por eso hay persecuciones arriesgadas en las que el patrón no se detiene hasta que no puede más, hasta que ese pretendido juego del gato y el ratón no cesa porque no hay más escapatoria debido a la presión del Servicio Marítimo.
El modus operandi de los pilotos de embarcaciones: picaresca, robo…
Se las saben todas. La mayoría de las ocasiones, quien figura como patrón de la travesía, quien se ha encargado de coordinar la salida y carga de los inmigrantes, termina saltando, dejando el manejo de la travesía a los propios irregulares.
Es una manera de evitar acciones judiciales. Luego esas embarcaciones son denunciadas como robadas, aunque en el fondo no lo han sido, ni siquiera presentan signos de violencia, de haber sido manipuladas o forzadas. Nada.
Es el truco explotado siempre, la típica picaresca: denunciar que algo ha sido robado para conseguir la recuperación de la embarcación una vez es decomisada por la Benemérita.
Phantom desde la Península
Las phantom vienen de la Península expresamente a ejecutar las cargas. La presión es constante y eso hace que los implicados en los pases muestran su parte más despiadada, la de arrojar a los inmigrantes al agua si son vistos con tal de evitar la detención.
Saben que los guardias civiles pararán e irán a salvar al que necesita ayuda. Solo buscan ganar dinero y salvar sus espaldas.
Esta situación, que cualquier otro verano podía repuntar en determinados periodos, ha roto cualquier previsión y estadística. No paran. Todas las jornadas están marcadas por la presión de aquellos que buscan salir de Ceuta de cualquier forma.
De los pisos patera a cruzar el Estrecho
Esos inmigrantes permanecen ocultos en pisos patera hasta el momento de proceder al embarque, bien en expediciones en las que marchan hacinados, o bien por propia iniciativa.
Se exponen al doble riesgo de ser abandonados en el mar o de protagonizar travesías inseguras en las que el patrón no detiene su marcha hasta no verse contra las cuerdas.
La entrada masiva de finales de julio ofrece su peor cara con este tipo de actos delincuenciales de quienes sacan partido con estas prácticas.
Los que llegan a las costas peninsulares sin ser interceptados terminarán formando parte de esa bolsa poblacional descontrolada. Otros quedarán en el camino. Hace unos días fueron localizados dos cadáveres en el Estrecho, eran de jóvenes enfundados en trajes de neopreno de origen incierto.







Cuanta mentira, el regimen de ..............