Migrantes hacinados en pisos patera, personas que se venden por un techo y un plato de comida, mafias que lo controlan todo y reparten raciones de miseria: la comida, la seguridad, el trabajo clandestino, la explotación, las falsas promesas y la deshumanización de los migrantes.
Crecen ante las circunstancias, aprovechan para amasar oportunidades, para arrastrar una crueldad sin límites ante la indiferencia de los que lo permiten.
Detenidos los propietarios del piso patera ilegal que alojaba a veinticinco migrantes, seis de ellos menores.
Las narcolanchas sirven para trasladar a los inmigrantes hasta la península y, al mismo tiempo, para introducir la droga que estos portan por encargo de las organizaciones.
Vulnerabilidad de los inmigrantes que hacen las veces de mulas.
Prostitución, amenazas, hambre; son los nuevos negreros, los señores de la “guerra híbrida”, los que ven carne con ojos y no seres humanos, los que los tratan como cosas.
Solo nos queda denunciar si sospechamos de situaciones extrañas, comunicar a las autoridades cualquier movimiento inhabitual que se salga de la rutina, denunciar y señalar a esas malas personas que causan daño, manipulan o pisotean los derechos de los demás cuando están en superioridad de condiciones.
No tienen empatía, no sienten remordimiento ni culpa, usan una fachada amable para ocultar intenciones egoístas o buscar debilidades ajenas, proyectan la culpa en las circunstancias o en otras personas, muestran un comportamiento antisocial y desprecio por los límites de los demás.
Seguro que aparecerán en las manifestaciones gritando “Ceuta no se vende”, “invasores expulsión”, “un caballa nunca se rinde”.
Van con máscaras, se esconden en la masa, son una especie de “asesinos en serie” que cazan a, lo que para ellos, son sus presas.
Es la banalidad del mal, el acostumbrarnos a que no nos llame la atención, en pensar que “peor estarían si no se someten a la oferta que les le hace Satanás.”
Ahí va la lista de precios de esté menú a la carta:
Dormir en un Garaje, 20 euros.
Protituirse, 20 euros.
Piso patera, 900 euros al mes.
Traslado a la península, 8.000 euros.
Hacer de muleros (viaje gratis a la península).
Trabajar 10 horas (10 euros, comida y alojamiento).
Dormir en una terraza con una esterilla, 30 euros por noche.
Cargar el móvil, 25 euros.
No sé el precio de la venta de un riñón, un pulmón... Todo se vende y todo se compra en el mercado negro, en el inframundo de ofertas y demandas.
Deberíamos organizar una concentración contra esta hampa, esta camorra, está Cosa Nostra que pasea por los 21 kilómetros de nuestra ciudad.







Los que hacen negocios son los que señalan y dicen que eres racista por ir a las manifestaciones.
Son los que hablan solidaridad pero su solidaridad tiene un precio. Tú mismo estás escribiendo esos precios solidarios.
¿O es que no quieres acercarte por Pasaje Recreo o el Príncipe y ver la realidad? Desde cerca de la Calle Real el árbol no te deja ver el bosque.