Primera dimisión tras este absoluto escándalo en el que se van escribiendo capítulos cada día. Cae Gonzalo Sanz, jefe de gabinete con el actual delegado del Gobierno y con los 2 que le precedieron. Se aventuraba ese movimiento desde el primer momento en el que, desclasificados los informes, Pérez Triano comparecía ante los medios de comunicación.
La dimisión se ha vendido como algo correcto en las formas. Ni una mala palabra, ni un enfrentamiento que tenga que ser parado por escoltas, ni una rueda de prensa en la que se pueda hablar libremente de qué ha pasado, de si, por ejemplo, ese WhatsApp de la discordia se le trasladó o no al delegado y si, de haberse hecho, había más personas presentes que pudieran convertirse en la tercera pata clave de este entuerto...
Ya sabemos que de la llamada de 11 minutos con el hombre desconocido nunca sabremos más, pero en esta cadena hay muchos eslabones sueltos que pueden ser incluso determinantes. Veremos.
Cuando las despedidas/ceses/dimisiones vienen con carta sin sobre lacrado no se puede ir más allá de lo que ya todos sabemos. La dimisión de Gonzalo es otro punto negro más que incluir en una historia que se ha querido vender como la más transparente y ha terminado siendo una caza de brujas preñada de puñales.
Hemos visto ministros que se contradicen, miradas que matan, excusas teñidas de chulería, como todas las que ha dado hasta el momento Pedro Sánchez… Lo que no hemos visto ha sido precisamente lo que se vende: transparencia. Nos contaron que desclasificando informes sabríamos más. Lo que han logrado es que el cabreo ciudadano sea mucho mayor ante las evidencias.
Con Ceuta lo han hecho mal desde el minuto 1, desde cuando desatendieron lo que sucedía creyendo que era otro verano más, desde que se pitorrearon de los ceutíes con parches incapaces de taponar la herida. Ahora, todos buscan la forma de defenderse, de salvar sus propias posaderas y evitar que esta crisis le estalle en toda la cara.
La dimisión de Gonzalo Sanz es un pequeño sarpullido en un gran tablero de despropósitos. Sinceramente no sé cómo este gobierno pudo ser tan torpe, despreciativo y bajuno como para no darse cuenta de lo que pasaba antes, durante y después. Pensarían que Ceuta no les iba a amargar las vacaciones. Puede que lo que termine amargando sea el gobierno.






