El asentamiento de mujeres y niñas inmigrantes que permanecía instalado en el polideportivo de la barriada Sidi Embarek ha sido trasladado al terreno de la oenegé Luna Blanca.
El cambio supone, principalmente, una mejora frente a las condiciones meteorológicas de los últimos días, ya que las personas que permanecían en el antiguo asentamiento se encontraban a la intemperie y habían visto cómo la lluvia mojaba sus mantas, pertenencias y enseres.
Mujeres embarazadas
La situación, sin embargo, apenas ha cambiado en lo que respecta a la atención y los recursos disponibles. La alimentación continúa corriendo a cargo de Luna Blanca, los vecinos velan por el asentamiento, pero, para el aseo y baños “se buscan la vida”.
Hay mujeres embarazadas, una de ellas a punto de dar a luz, niñas no acompañadas y niñas con sus madres, estas mujeres embarazadas solamente reciben atención de Médicos del Mundo.
Un traslado obligado por las lluvias
El presidente de la asociación de vecinos de Sidi Embarek, Abdellah Mustafa, explica que el traslado se produjo después de que las precipitaciones hicieran todavía más complicada la situación del asentamiento en la barriada.
El terreno de Luna Blanca permite ahora que estas personas dispongan, al menos, de un techo.
“La lluvia ha caído y se les ha mojado todo, las mantas y todo, entonces hemos tenido que llegar a un acuerdo con los compañeros de Luna Blanca y trasladar a esta gente aquí. Por lo menos aquí están cubiertos”, relata Mustafa.
Un espacio más reducido
El nuevo espacio es, lamentablemente, más reducido. Ha sido necesario ampliar la zona utilizada para poder acoger a todas las personas que permanecen allí. Según el último triaje realizado, había 359 personas, a las que se habrían sumado otras 12 posteriormente.
El terreno es propiedad de Luna Blanca, que también ha facilitado la carpa utilizada para dar cobijo a los inmigrantes. Se trata de un espacio que habitualmente utiliza la entidad para su actividad.
Sin baños
La falta de servicios básicos continúa siendo uno de los principales problemas. No hay baños en el asentamiento y quienes permanecen allí tienen que buscar alternativas para poder asearse. “Salen de aquí toda la mañana para buscarse la vida, para ver cómo se asean y tal”, explica el presidente vecinal.
La comida, al menos, sí está cubierta por Luna Blanca, que proporciona desayuno, almuerzo y cena.
“Nuestros recursos ya se han acabado”
El cansancio resulta evidente en el rostro de Abdellah Mustafa, que reconoce que tanto él como los otros vecinos que han asumido gran parte de la atención del asentamiento se encuentran al límite.
“Necesito descanso. No hemos tenido ni vacaciones, ni verano, ni nada. Estamos agotados, reventados”, asegura.
“Lo único que queremos es que esto acabe y los muevan de aquí”, decía otra vecina que desde el primer día está dedicada en cuerpo y alma a esta gente.
26 días después todo sigue igual
El presidente de la asociación insiste en que la intervención de los vecinos comenzó como una respuesta de emergencia ante lo que consideraban un posible colapso de la ciudad.
Sin embargo, 26 días después, lamenta que la situación continúe prácticamente igual y que no exista una solución permanente para estas personas.
“Nosotros hicimos esto como una respuesta a un colapso que entendíamos que podía haber en la ciudad, que había en la ciudad. Un colapso institucional, un colapso gubernamental, un colapso social”, señala.
La paciencia se agotó
Asegura que tanto el Ayuntamiento como la Delegación del Gobierno les han pedido “paciencia” y les han trasladado que se está trabajando en una solución. Una respuesta que, según Mustafa, ya no resulta suficiente.
“Si es por paciencia al Gobierno, ya hace tiempo nos hubiéramos lavado las manos”, añadiendo que “nuestros recursos ya se han acabado”.
Embarazadas sin seguimiento suficiente
Entre las personas que permanecen en el asentamiento también hay mujeres embarazadas, algunas próximas a dar a luz.
Médicos del Mundo se desplaza hasta la zona y presta asistencia dentro de sus posibilidades, pero el presidente vecinal considera que los medios disponibles no permiten atender todas las necesidades. “Una furgoneta con tres médicos no da abasto”, lamenta.
Mientras tanto, un grupo de vigilantes voluntarios lleva alrededor de 20 días colaborando en el control y vigilancia del espacio.
“Enemigo por alimentar al invasor”
La preocupación de Mustafa va más allá de la situación del asentamiento. Defiende que mantener a estas personas bajo techo evita que cientos de mujeres y menores terminen durmiendo en portales o en plena calle.
“Nos llaman enemigos por alimentar al invasor pero no se ve la parte en la que quitamos violencia de las calles”, afirma Mustafa.
“No quiero que mi ciudad se convierta en un foco de violencia, de pederastia”, traslada. En su opinión, la intervención vecinal ha servido para evitar que Ceuta sufra un colapso todavía peor.






