No quiero ni pensar en Andrés Hurtado cuando regrese de Alcolea. Esta vez no se encontrará algarabías y pronunciamientos patrióticos ante la inminente guerra entre España y EEUU. En esta ocasión, todo un país estará en la calle festejando que la selección masculina de fútbol ha ganado un mundial. Todos se abrazarán: las familias mal avenidas encontrarán un motivo de acercamiento; los amigos se abrazarán sellando una unión inamovible y los desconocidos compartirán las bebidas, que sólo los dioses conocen. En ese paisaje de banderas nadie sabrá si el de al lado sigue pensando que la justicia es posible en el mundo, si el que se ha subido a una fuente piensa en papeletas azules o si la que grita sueña con águilas. Él mismo se contagiará de ese ambiente y le hará albergar la idea de que España es un país. En su cabeza resuenan versos del Cid, pensamientos universalmente sabios de Don Quijote y en Castilla, otra vez Antonio Machado querrá ser un caminante, que contempla que a un olmo seco unas hojas verdes le han brotado de su interior caduco.
Los profesores de Literatura que impartimos la asignatura en segundo de Bachillerato releemos todos los cursos El árbol de la ciencia de Pío Baroja. Pero esta obra ha acompañado también a miles de estudiantes durante sus estudios de instituto. Cuando uno tiene 18 años no entiende la hondura de tanto pesimismo, ni la dificultad de encontrar respuestas, sólo ve, como dicen los alumnos, a un hombre amargado con una insatisfacción vital.
Estos días vividos en Ceuta no dejo de pensar en el protagonista de la novela porque Hurtado va a hablar con su tío Iturrioz y él, que es la voz de la conciencia crítica, le dice claramente que España iba a una carnicería y se lo dijo con datos objetivos: la escuadra de los norteamericanos nos supera en número y en potencia. Y así fue.
Pero él, días después se lamentaría de que aquellos españoles que gritaban que España iba a ganar la guerra, se olvidaran rápidamente de la derrota y acudían a los toros y a las tabernas como si no hubiera pasado nada.
De los años de instituto debo reconocer que no recuerdo las teorías de Platón o de Kant, pero sí que los profesores de filosofía nos enseñaron que hay que observar la realidad con sentido crítico. En estos días en los que cualquiera con un móvil se cree que es periodista, escuchamos y vemos todo tipo de sandeces como que era el momento de ser solidario o patriota. Qué disparate.
Cuando todos los ceutíes creíamos que estábamos solos y que a nadie les importábamos, y sentíamos la desesperanza de Hurtado y repetíamos las palabras de Baroja puestas en boca del protagonista :” el apego que siempre ha existido en España por lo inútil “, una iniciativa de un caballa llamado Emilio Muñoz nos ha hecho recobrar la esperanza. No estamos solos, yo también soy de Ceuta. Esta cuenta de Instagram recoge muchos vídeos de gente de distintos lugares de la península que se presentan, dicen de dónde son y terminan manifestando que son de Ceuta. Gracias, millones de gracias a cada uno de vosotros.
A Pío Baroja, como autor de la Generación del 98, le dolía España y quiero pensar que si hoy viviera también podría enviar quince segundos de ánimo.







Desde Aragón, todos somos Ceuta, todos somos ESPAÑA. Un abrazo y mi apoyó incondicional a CEUTA.
Bravo Almudena. Genial. Si lo hubiese escrito Paco también diría lo mismo.
El texto no lo ha escrito Francisco Santisteban, sino yo, Almudena Fernández Asensio. Por favor, rectifiquen la autoría.