Ceuta atraviesa una crisis que no terminó cuando miles de personas entraron en la ciudad. Sus consecuencias siguen presentes y afectan a nuestra economía, a nuestros comercios y, sobre todo, a la confianza de muchos ceutíes en el futuro.
Para quienes vivimos aquí, aquello no fue una noticia pasajera. Fue una situación de enorme tensión que dejó una huella profunda. La entrada masiva de personas puso a prueba a Ceuta y mostró, una vez más, lo frágil que puede ser nuestra realidad cuando se utiliza la presión migratoria como instrumento político. Muchos ceutíes sentimos que nuestra ciudad quedó expuesta y que, después de aquellos acontecimientos, no se han resuelto los problemas de fondo.
El perjuicio comercial ha sido especialmente grave. La actividad económica de Ceuta depende en buena medida de la confianza, de la movilidad y de la relación cotidiana con nuestro entorno. Cuando esa confianza se rompe, recuperarla no es cuestión de semanas ni de meses. Muchos negocios han sufrido pérdidas, algunos han tenido que cerrar y otros continúan luchando por sobrevivir. El daño a largo plazo puede ser difícil de reparar si no existe un plan firme, constante y suficientemente ambicioso.
Pero la crisis no es solo económica. También es social y emocional. Muchos ciudadanos vivimos con una sensación de inseguridad y abandono. No porque rechacemos a quienes llegan en situación de necesidad, sino porque consideramos que Ceuta no puede cargar sola con una responsabilidad que corresponde al conjunto de España y de Europa. La solidaridad debe ir acompañada de medios, organización y seguridad para todos: para los ceutíes, para los trabajadores de los servicios públicos y también para las personas migrantes.
Lo que más duele es la sensación de que, después de la entrada masiva, todo siguió prácticamente igual. Se hicieron anuncios, se pronunciaron discursos y se prometieron soluciones, pero en Ceuta seguimos esperando respuestas duraderas. Necesitamos una política de Estado que proteja nuestras fronteras, apoye a nuestros comerciantes, refuerce los servicios públicos y garantice que nuestra ciudad no vuelva a quedar a merced de decisiones ajenas.
Ceuta no pide privilegios. Pide atención. Pide respeto. Pide que se comprenda que lo que ocurre aquí también forma parte de la realidad española. Nuestra ciudad no es una nota a pie de página ni una frontera lejana que solo aparece en los informativos cuando estalla una crisis. Ceuta es España. Sus ciudadanos somos españoles y queremos seguir siéndolo con orgullo, pero también con la certeza de que nuestro país estará a nuestro lado cuando más lo necesitemos.
Por eso hoy hacemos un llamamiento al pueblo español: no miréis hacia otro lado. No dejéis que Ceuta se acostumbre a sentirse sola. Necesitamos vuestro apoyo, vuestra solidaridad y vuestra exigencia para que las instituciones actúen. Necesitamos que se entienda que defender Ceuta no es defender únicamente un territorio, sino defender a sus ciudadanos, su economía, su convivencia y su futuro.
Ceuta ha demostrado muchas veces su fortaleza. Pero ser fuertes no significa tener que soportarlo todo en silencio. Ahora más que nunca necesitamos que España nos mire, nos escuche y camine a nuestro lado.
Porque Ceuta no está fuera de España. Ceuta también es España.
Miguel A. Pérez Castillo






