Desde que la semana pasada Marruecos escenificara una implicación sin igual en la búsqueda de un par de inmigrantes que habían sido arrojados de una patera de pescadores, no se ha vuelto a poner en escena la misma postura. En esta misma semana han sido varias las balsas interceptadas por la Benemérita que han salido sin problema alguno desde las aguas vecinas. Todas ellas han sido recogidas por patrulleras del Marítimo, sin que se haya visto esa misma determinación desde el otro lado.
¿Ha cambiado la política de cooperación? Todavía es pronto para saberlo, pero esta semana ha servido para que los mandos de la Benemérita se lleven a su mesa de análisis varios ejemplos de cómo la cooperación tan mentada puede quedarse a medio camino.
La presión migratoria que los inmigrantes puedan ejercer por mar depende muy mucho de la respuesta que se produzca en la, ahora, bahía con mayor presión, la de Beliones.
Todas las entradas que se han registrado se han llevado a cabo en balsas playeras a excepción de la lancha a motor que ocuparon cuatro subsaharianos para alcanzar la península y que fue abortada por una patrullera de la P-114.
Los inmigrantes hicieron uso de la lancha que se les había proporcionado, sin que ellos hayan cometido robo a pesar de que en un inicial momento fue la hipótesis que barajó la Guardia Civil que no hizo entrega del grupo a la Policía Nacional hasta bien entrada la noche.






