Ayer por tarde se convocó una manifestación en la Plaza de la Constitución y creo que lo importante no es quien asista, quién lleve una pancarta o quién discrepe sobre los matices.
La Plaza de la Constitución se convierte en nuestro parlamento, el parlamento de un pueblo que une sus fuerzas para expresar lo que piensa, para hablar, en este caso, al mundo entero sobre el sufrimiento de los que aquí vivimos.
He estado en cientos de convocatorias por muchos temas: reivindicaciones del profesorado, solidaridad con Palestina, mejoras en la sanidad, inversión en educación, el no a la guerra, los primeros de Mayo, Los trabajadores de contratas que no han cobrado su salario, las mujeres asesinadas por la violencia de género... siempre me he sentido arropado, no me ha importado si éramos 50, 500 o 5.000. Nunca he abandonado la lucha o he pensado en que la manifestación sería un fracaso contando la cifra de asistentes.
La libertad de expresión, las garantías constitucionales de poder reivindicar cualquier discrepancia nos debe unir más como seres humanos, como miembros de una sociedad que mira al futuro.
No es el tema que el delegado del Gobierno acudiera o no; nos guste o no es el delegado del Gobierno de Ceuta. La delegación del Gobierno es el el cauce institucional con Madrid; no hay otro, y allí, en nuestra Plaza de la Constitución uniremos las voces, nos daremos un abrazo solidario, expondremos los miedos, los problemas, lo que está sucediendo en las calles, el pulso cotidiano de la Ceuta que lanza una señal de socorro, sobre lo sucedido, l a frontera, Marruecos, los menores no acompañados, La tragedia de los fallecidos, la posibilidad de cambiar la legislación o lo que nos dé la gana.
Lo que suceda dará la vuelta al mundo, será la imagen viva del tremendo problema de la emigración.
No a los réditos políticos, no a los insultos, no a los fanatismos, no al aprovechar la coyuntura para desunirnos. Seremos una ciudadanía que da ejemplo de lo que realmente somos.
Todos vamos en el mismo barco, somos unos aunque seamos multitud.
Ya habrá espacio para la crítica, para valorar los hechos y las actuaciones, para responder desde el ágora, desde la asamblea, desde los partidos oolíticos, desde las barriadas y desde las asociaciones.
Saldremos más fuertes y enseñaremos cómo es nuestra idiosincrasia de proyecto colectivo que hemos elegido.






