La crisis migratoria de Ceuta ha terminado por desbordar a Sidi Embarek. Lo que comenzó como un gesto de solidaridad para ofrecer un lugar seguro a un pequeño grupo de mujeres se ha convertido en un asentamiento que reúne ya a cerca de 300 personas, la mayoría mujeres, jóvenes y menores. También hay niños.
Esterillas de yoga hacen de cama, las mantas escasean y la ayuda vecinal, que durante días ha sostenido la situación, empieza a agotarse.
Niñas que llegan, según Abdellah Mustafa, presidente vecinal, en shock tras ser violadas, mujeres, jóvenes y niños durmiendo en condiciones míseras y sobreviviendo de la caridad es la imagen que deja la crisis.
“Esto es lamentable”
Abdellah Mustafa, presidente de la asociación vecinal, reconoce que los vecinos no pueden más. “Esto es lamentable, es un desastre, una falta de organización tremenda”.
Explica que el espacio se abrió para evitar que mujeres y niñas continuaran durmiendo en el monte. “Empezamos con 20 personas, luego 30, después 40… y hoy hay unas 280 mujeres. Incluso han seguido llegando más durante la noche”.
Una solidaridad que se queda sin fuerzas
Los vecinos han hecho todo lo que estaba en su mano. Han cedido mantas, han comprado alimentos con su propio dinero y han organizado turnos de vigilancia para intentar proteger a las mujeres que pasan allí las noches, y el día. Pero el esfuerzo tiene un límite.
“Hemos gastado nuestros sueldos en esta gente para ayudar porque no podemos ver a una persona morirse de hambre”, lamenta Mustafa. “Quien ha tenido algo ya lo ha dado y se ha acabado. Los vecinos ya no pueden”.
La comida llega gracias a asociaciones y ciudadanos anónimos. “Las mujeres de Luna Blanca nos trajeron el desayuno caliente, con pan, mantequilla y Cola Cao. Las asociaciones amigas y los vecinos están sacando esto adelante, pero no tenemos recursos”.
Sin baños, sin duchas y sin recursos
Las condiciones de vida son extremadamente precarias. El único baño portátil instalado, facilitado por la Ciudad, resulta insuficiente para atender a centenares de personas, además han decidido no hacer uso de él porque no cumple su función.
“No hay agua, no hay duchas, no hay baños. El único servicio que nos han puesto se llena en apenas quince minutos y hay que cerrarlo”, denuncia.
La consecuencia es inmediata: muchas personas hacen sus necesidades en el monte, provocando malos olores que ya afectan a los vecinos de la barriada y que el mismo asentamiento soporta. In situ ha podido comprobarlo también el equipo de FaroTV.
Abdellah ha trasladado que fueron los propios vecinos, junto a personas vinculadas a Brigadas Verdes, quienes improvisaron un toldo para ofrecer algo de sombra. Aun así, desde primera hora del día, el sol afecta a todos por igual.
“Hay niñas que llegan en shock tras ser violadas”
La parte más dura del relato llega cuando Abdellah habla de las menores y mujeres que, según asegura, llegan desde el monte tras sufrir agresiones sexuales.
“Hay niñas que vienen violadas. Ayer mandé con dos abogadas a una chica para denunciar que la habían violado en el monte”.
Explica que muchas no denuncian por el estado psicológico en el que llegan. “Estaban en shock. ¿Cómo una persona en shock va a reaccionar? Tuvimos que enviar a una psicóloga y una abogada para convencerla”.
El presidente vecinal insiste en que se trata de mujeres especialmente vulnerables. “Hay embarazadas, mujeres con infecciones, niñas, madres con hijos pequeños e incluso un niño con discapacidad. No pueden seguir viviendo así”.
“Este no es un problema de la periferia y nos lo estamos comiendo”
Mustafa considera que los barrios periféricos están soportando una carga que corresponde asumir a las administraciones.
“Este no es un problema de los vecinos de la periferia y nos lo estamos comiendo nosotros. Nosotros no hemos dicho a esta gente que viniese. Esto lo tienen que solucionar quienes están gobernando”.
“Que vengan el delegado del Gobierno y Juan Vivas, que vean esto y den una solución. La queremos hoy, no mañana”.
Que nadie pase hambre
Mientras tanto, los vecinos continúan haciendo lo imposible para que nadie pase hambre o duerma completamente desprotegido. Sin embargo, el cansancio es ya evidente.
“Somos humanos y no podemos dejar morir a una persona sin darle un vaso de agua. Pero esto no lo podemos sostener nosotros. La periferia está destrozada y los vecinos ya no pueden más”, concluyó Abdellah Mustafa.





