En estos días en nuestro país está en juego mucho más que la propia demostración de inocencia de unos políticos, sino que está en juego el propio sistema. Los dos partidos mayoritarios están en el ojo del huracán, porque tal y como demuestran las encuestas no existen vasos comunicantes, de manera que la caída de uno suponga el alza del otro. Los escándalos que están salpicando en estos momentos al Partido Popular y donde la presunción de inocencia es un elemento que no se puede dejar de escapar significa también el hundimiento de los socialistas. Y en este país, ahora mismo, no estamos para una catarsis a la italiana, como la que sucedió en este país hace ahora aproximadamente unos veinte años, donde los partidos tradicionales fueron borrados literalmente del mapa. Por supuesto, que será difícil que tanto PP como el PSOE sean capaces de sentarse a una mesa, porque volvemos a repetir que lo que está en juego es el sistema y ahora mismo, más que nunca, todos estamos obligados a remar en la misma dirección. Lo demás sería hacernos el harakiri como país y no está el ‘horno para estos bollos’. Pero cuando se habla de todos, los nacionalistas también se incluyen.





