La creación de las Fuerzas Regulares Indígenas en 1911 marcó un antes y un después en la historia militar española. Tras siglos de experiencia con Mogataces, compañías indígenas y fuerzas auxiliares, España disponía por fin de un cuerpo militar permanente formado por soldados marroquíes, perfectamente instruido, disciplinado y encuadrado por oficiales españoles.
Aquella decisión no fue fruto de la improvisación. Era la consecuencia lógica de una larga evolución iniciada en los presidios de Orán y Ceuta y perfeccionada durante las campañas desarrolladas en Marruecos desde finales del siglo XIX.
Los Regulares se convertirían muy pronto en la fuerza de choque más eficaz del Ejército español en África, compartiendo protagonismo con otra unidad que también dejaría una profunda huella en la historia militar: las Mehal-las Jalifianas.
Los Regulares: una fuerza de élite
Las Fuerzas Regulares Indígenas fueron creadas por Real Orden de 30 de junio de 1911 a iniciativa del teniente coronel Dámaso Berenguer Fusté. Su objetivo era formar una unidad permanente integrada mayoritariamente por soldados marroquíes, dirigida por oficiales españoles y preparada para combatir en el difícil escenario del Rif.
El primer Grupo de Regulares nació en Melilla y estaba formado por un batallón de Infantería y un escuadrón de Caballería. Su éxito fue tan inmediato que en pocos años se organizaron nuevos grupos en Ceuta, Larache, Tetuán y Alhucemas.
"Las Fuerzas Regulares Indígenas fueron creadas por Real Orden de 30 de junio de 1911 a iniciativa del teniente coronel Dámaso Berenguer Fusté. Su objetivo era formar una unidad permanente integrada mayoritariamente por soldados marroquíes, dirigida por oficiales españoles y preparada para combatir en el difícil escenario del Rif"
La combinación de disciplina europea y profundo conocimiento del medio africano convirtió a los Regulares en una fuerza extraordinariamente eficaz.
Su capacidad para desplazarse rápidamente por zonas montañosas, realizar reconocimientos, proteger convoyes, infiltrarse en territorio enemigo y combatir en pequeñas fracciones proporcionó al Ejército español unas posibilidades tácticas desconocidas hasta entonces.
Muy pronto comenzaron a ganarse un extraordinario prestigio tanto entre sus propios mandos como entre sus adversarios.
Las campañas de Marruecos
Desde su creación, los Regulares participaron prácticamente en todas las operaciones importantes desarrolladas en el Protectorado español.
Intervinieron en la Campaña del Kert, consolidaron su prestigio durante las campañas del Rif y desempeñaron un papel fundamental tras el desastre de Annual en 1921, cubriendo retiradas, defendiendo posiciones aisladas y participando posteriormente en las operaciones de recuperación del territorio.
Su actuación alcanzó uno de sus momentos culminantes durante el Desembarco de Alhucemas, el 8 de septiembre de 1925.
Aquella operación anfibia, considerada una de las más importantes del siglo XX, supuso el principio del fin de la Guerra del Rif y demostró la eficacia alcanzada por la cooperación entre las diferentes fuerzas del Ejército de África.
Los Regulares actuaron como tropas de vanguardia, asegurando los avances iniciales y explotando rápidamente los éxitos obtenidos por las fuerzas desembarcadas.
Su comportamiento consolidó definitivamente la reputación de la unidad.
Regulares y La Legión: las dos fuerzas de choque

La creación de La Legión en 1920 dio lugar a una estrecha colaboración entre las dos unidades más prestigiosas del Ejército español en Marruecos.
Aunque diferentes en su composición, ambas se complementaban perfectamente.
La Legión aportaba tropas profesionales españolas especialmente preparadas para el combate ofensivo, mientras que los Regulares proporcionaban soldados indígenas con un extraordinario conocimiento del terreno, de las lenguas locales y de las formas de combatir de las cabilas rifeñas.
Juntas protagonizaron muchas de las operaciones decisivas desarrolladas entre 1921 y 1927.
Esa cooperación dio origen a un modelo táctico basado en la movilidad, la iniciativa, el empleo de pequeñas unidades y la explotación inmediata del éxito, principios que influirían notablemente en la doctrina militar española durante las décadas siguientes.
Las Mehal-las Jalifianas

Mientras los Regulares dependían directamente del Ejército español, las Mehal-las Jalifianas constituían oficialmente el ejército del Jalifa, representante del sultán en la zona española del Protectorado.
En la práctica, sin embargo, eran organizadas, financiadas, armadas e instruidas por España.
Las primeras comenzaron a organizarse entre 1913 y 1914 y, tras diversas reorganizaciones, llegaron a constituir una importante fuerza militar distribuida por todo el Protectorado.
Su estructura seguía la organización tradicional marroquí mediante yemaas, mías y tabores, equivalentes aproximadamente a secciones, compañías y batallones.
Los cuadros de mando superiores eran españoles, mientras que gran parte de la oficialidad subalterna, suboficiales y tropa estaba formada por militares marroquíes.
Esta combinación permitía conservar las tradiciones locales sin renunciar a la disciplina propia del Ejército español.
Mucho más que soldados
Las Mehal-las desarrollaban misiones extraordinariamente variadas.
Además de participar en operaciones militares, protegían al Jalifa, mantenían el orden público, vigilaban las cabilas, aseguraban las vías de comunicación, realizaban servicios de reconocimiento y colaboraban estrechamente con las autoridades civiles del Protectorado.
Su profundo conocimiento de la lengua, del terreno y de las costumbres locales las convirtió en una herramienta indispensable para la administración española.
Durante la Guerra del Rif participaron activamente en operaciones desarrolladas en Xauen, Gomara, Ketama, Senhaya, Afrau y, especialmente, en el Desembarco de Alhucemas.
Su comportamiento les hizo merecedoras de numerosas recompensas colectivas e individuales.
La Guerra Civil Española
Cuando estalló la Guerra Civil en julio de 1936, tanto los Regulares como las Mehal-las formaban parte del denominado Ejército de África, considerado el contingente mejor preparado de las Fuerzas Armadas españolas.
Numerosos tabores fueron trasladados a la Península y participaron desde los primeros momentos en las principales campañas del conflicto.
Intervinieron en el paso del Estrecho, la campaña de Extremadura, las operaciones sobre Madrid, las campañas del Norte, Aragón, Teruel, el Ebro y Cataluña.
Su elevada preparación militar, su disciplina y su experiencia en combate los convirtieron en fuerzas especialmente eficaces, aunque también sufrieron un elevado número de bajas debido a que fueron empleadas con frecuencia como unidades de vanguardia.
El final del Protectorado

La independencia de Marruecos en 1956 puso fin a una etapa de más de cuatro décadas de presencia española en el Protectorado.
Las Mehal-las Jalifianas desaparecieron como institución militar vinculada a España y la mayor parte de sus efectivos se integró en las recién creadas Fuerzas Armadas Reales marroquíes.
Los Regulares, por el contrario, continuaron formando parte del Ejército español.
Aunque dejaron de ser unidades indígenas en el sentido tradicional, conservaron sus nombres históricos, sus uniformes de gran gala, numerosas tradiciones y un extraordinario prestigio profesional.
Los Grupos de Regulares de Ceuta y Melilla siguen siendo hoy una de las unidades más representativas del Ejército de Tierra.
Un legado que perdura
La historia de las tropas indígenas españolas constituye uno de los capítulos más singulares de la historia militar contemporánea.
Desde los primeros Mogataces de Orán hasta los Regulares y las Mehal-las Jalifianas transcurrieron más de cuatro siglos de evolución militar, durante los cuales España desarrolló un modelo de cooperación con las poblaciones norteafricanas basado en la integración, el conocimiento mutuo y la adaptación al terreno.
Aquellas unidades no solo participaron en las campañas de Marruecos. También contribuyeron decisivamente a perfeccionar la doctrina militar española en aspectos como el reconocimiento, la guerra irregular, la movilidad táctica, la inteligencia sobre el terreno y el empleo de pequeñas unidades altamente especializadas.
"Tras siglos de experiencia con Mogataces, compañías indígenas y fuerzas auxiliares, España disponía por fin de un cuerpo militar permanente formado por soldados marroquíes, perfectamente instruido, disciplinado y encuadrado por oficiales españoles"
Su legado continúa vivo en las actuales guarniciones de Ceuta y Melilla, donde los Regulares mantienen tradiciones centenarias que recuerdan una de las páginas más brillantes del Ejército español.
Comprender la evolución de estas tropas es comprender también una parte esencial de la presencia española en el norte de África y de la historia compartida entre España y Marruecos. Es una herencia militar, cultural y humana que, más allá de los acontecimientos bélicos, forma ya parte del patrimonio histórico común de ambas orillas del Mediterráneo.






