Queridos amigos de la Q (Ceutíes en la distancia), el recuerdo de la playa de Sarchal es para mí un sueño grato: Recuerdo que en los días de poniente y bajo el esmalte de su cielo, la playa parecía un lago azul cobalto y cuando avanzaba el día, aquellos rayos solares que poco antes pendían como hilos de oro de un tul deslumbrador que cegaba la vista y limitaban las perspectivas, comenzaban a declinar dulcemente y el paisaje adquiría unos matices que parecía alejarse del horizonte.
También recuerdo el griterío y el aleteo cuando levantaban el vuelo las pavanas, esos pájaros que al alzar el vuelo parecían perderse entre las vibraciones de la luminosidad de los rayos solares.
Desde la orilla de la playa del Sarchal, el mar era antes para mí una visión, un ensueño, una ilusión y una esperanza, ahora lo veo distinto; ahora es un eco, una resonancia, una preciosa música celestial. Desde la orilla de esa playa sus vistas eran imágenes infinitas y su brisa una caricia.
Frente al mar se puede adivinar el flujo y reflujo de la historia de Ceuta, esa historia que refleja el eco y la evolución de la vida en esa ciudad.
Foto: MJ Marfil Edición.






