– La sociedad actual es pluriétnica y multicultural. El futuro es así: vamos a vivir juntos personas de distintas culturas, religiones, lenguas y países. La escuela, que es el espacio privilegiado para enseñarnos a convivir con los demás en una sociedad, debe enseñar específicamente los valores de tolerancia, solidaridad y esfuerzo para convivir juntos. Si no, estamos llamados a un conflicto cada vez mayor que puede terminar en la violencia. El valor fundamental de la escuela es la educación intercultural en toda la sociedad, pero sobre todo en la europea. Ceuta tiene un valor muy crucial como observatorio, como puente entre culturas.
–¿Cuanto más cerca le tenemos rechazamos más al diferente?
– El año pasado se conmemoró el XX aniversario del asesinato de la dominicana Lucrecia Pérez en Madrid, que se tiene por el primer crimen netamente racista en la historia reciente española. En 1992, cuando surgen los conflictos, había en España unos 400.000 inmigrantes, menos del 1%. Ahora hemos llegado a unos 6 millones, un 13% de nuestro censo, con grandes minorías rumanas y marroquíes. En las escuelas, la población escolar religiosamente minoritaria ya es la musulmana. Si analizamos estas dos décadas, la xenofobia de la población española entre 14 y 19 años en forma de recelos y rechazos se ha multiplicado por cinco, pero la población foránea lo ha hecho por 29. No hay una relación matemática entre ambos fenómenos...
– No hay una relación proporcional pero, ¿no es aún así preocupante la deriva que constata?
– En mi conferencia revisaré las posiciones, xenófobas creo yo, de quienes, como Huntington o Sartori, creen que los musulmanes son inintegrables en la sociedad europea. Yo no comparto esa visión. La convivencia entre personas de distintas culturas es un riesgo, sí, pero también es la posibilidad de un enriquecimiento mutuo. Es como un matrimonio, que puede terminar en un divorcio o en el asesinato de la pareja pero no necesariamente una gangrena de la sociedad, como opinan quienes rechazan la multiculturalidad.
–¿Cómo evitarlo?
– Con Educación. Los seres humanos no nacemos racistas ni solidarios. Nacemos con posibilidades, incluso genéticas, de daño o el bien. Cada cultura, cada sociedad, nos enseña cuándo y cómo debemos ser conflictivos, criminales, violentos o solidarios y pacíficos. Mi discurso es que debemos seguir creyendo, a pesar de todo, en la utopía humana de que la solidaridad y la convivencia es posible.
– ¿Que haya aumentado el rechazo al otro no revela un fracaso de nuestro sistema educativo?
– No. Si durante los últimos 20 ó 25 años no hemos hecho el esfuerzo que hemos hecho, sobre todo en esos dos espacios fundamentales que son las escuelas y los medios de comunicación social, no estaríamos como estamos. En España tenemos grupúsculos políticos racistas, pero no formaciones como las de Le Pen en Francia. Eso es así porque hemos conseguido que el discurso racista sea política y socialmente incorrecto. Algo hemos logrado en favor de la solidaridad y los Derechos Humanos que sin embargo, en muchos países de nuestro entorno no se ha conseguido.
– ¿Los jóvenes ceutíes son más racistas que la media nacional?
– Las estadísticas de Ceuta y Melilla hay que tomarlas con cautela, pero el nivel de racismo detectado, tanto entre los cristianos como entre los musulmanes, es similar a las medias nacionales y en algunas cosas inferior. Cuando hablamos de temas que afectan a la relación cotidiana es algo superior, pero también lógico porque uno no se pelea con quien vive a mil kilómetros, sino a su lado.
– ¿Hay diferencias entre la comunidad mayoritaria y la minoritaria?
– En la comunidad musulmana aparecen indicios de menor ‘agresividad’, quizá porque no se siente la cultura dominante, aunque hay diferencias significativas entre hombres y mujeres. A estas últimas se las aprecia más reticentes a casarse con miembros de otras religiones, aunque no existe un alto nivel de deseo de mestizaje, algo que me parece una pena. Hay que fomentar los espacios de relaciones abiertas entre chicos y chicas en general, no por el mestizaje de sangre, sino porque el avance de la civilización humana siempre ha venido de la comunicación creciente de bienes, por el comercio; de dioses, por el intercambio de símbolos; de mujer, por el matrimonio; y de palabras. La convivencia interétnica es difícil, pero el diálogo entre el Islam y el Cristianismo es y será uno de los temas fundamentales en este siglo XXI.
– Un libro de reciente publicación en Ceuta augura que la convivencia, la cohabitación, será más difícil para la comunidad cristiana cuando pierda su posición demográfica dominante. ¿Comparte esa tesis?
– No. Los porcentajes demográficos son significativos y un arma de poder, pero no un factor único ni el más importante. Lo es el poder económico, cultural y político. Yo no veo una amenaza en el crecimiento demográfico de esa minoría. Además, con el mestizaje crece también el número de universitarios. El papel de las mujeres de las minorías es clave. Si yo pudiera pedirle un regalo a los Reyes Magos para Ceuta desearía que dentro de 20 años, quien venga a dar una conferencia como la que yo ofreceré hoy, se encuentre un número mucho mayor de universitarias y, sobre todo, de musulmanas universitarias.
La UGR homenajea hoy a todos los colegios e IES
La Facultad de Educación y Humanidades de la UGR acogerá hoy a partir de las 11.30 horas el acto académico organizado para celebrar la festividad de Santo Tomás de Aquino, cita en la que está prevista la asistencia del rector de la institución nazarí, Francisco González Lodeiro, y en la que se homenajeará a todos los centros educativos de la ciudad autónoma en presencia del director provincial del Ministerio de Educación, Cecilio Gómez; la consejera del área, Mabel Deu; y el decano de la Facultad, Ramón Galindo. Todos ellos tomarán la palabra durante un acto que se prevé se prolongue alrededor de dos horas y media y en el que Calvo Buezas pronunciará la conferencia central.






