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La promesa lacrada mediante un beso y que en su momento te lo devolverá agradecida

Por Alfonso José Jiménez Maroto
18/06/2026 - 04:17
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Imagen cedida

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Según reseña literalmente la Ley 38/1981, de fecha 28 de octubre (BOE Núm. 271), por la que se regula el uso de la Bandera de España y el de otras Banderas y Enseñas: “La Bandera de España simboliza la nación; es signo de la soberanía, independencia, unidad e integridad de la patria y representa los valores expresados en la Constitución”.

Actualmente, la Orden DEF/1445/2004, de fecha 16 de mayo (BOD Núm. 102), por la que se establece el procedimiento para que los españoles puedan solicitar y realizar el Juramento o Promesa ante la Bandera de España, en su texto consolidado de fecha 4/8/2022, expone al pie de la letra:

“El Juramento o Promesa ante la Bandera de España, está legalmente establecido en nuestro Ordenamiento, como requisito previo a la adquisición de la condición de militar profesional, de acuerdo con lo establecido en el artículo 3 de la Ley 17/1999, de 18 de mayo (BOE Núm. 119), de Régimen del Personal de las Fuerzas Armadas.

El carácter profesional de la totalidad de los componentes de nuestras Fuerzas Armadas, no debe hacer olvidar la necesaria cohesión social que haga sentirse al militar íntimamente ligado al servicio de la sociedad a la que pertenece y a esta parte integrante del gran entramado que constituye la defensa nacional. Por ello, y para permitir que los españoles que, sin querer vincularse a las Fuerzas Armadas con un carácter profesional, puedan manifestar su compromiso con la defensa de España, prestando el Juramento o Promesa ante la Bandera, se hace necesario fijar el procedimiento para solicitar y realizar dicha prestación.

En la medida que el afianzamiento de los lazos de unión entre los ciudadanos y sus Fuerzas Armadas comienza por la relación entre aquellos y las Unidades ubicadas en su entorno, se trata con la presente Orden de facilitar que sean dichas Unidades las que, en la medida de lo posible, satisfagan las solicitudes de prestación o renovación del Juramento o Promesa ante la Bandera de España”.

Junto a lo referido preliminarmente, la fórmula del Juramento introducida por Carlos III en las Reales Ordenanzas para las Fuerzas Armadas de 1768, vigentes durante más de dos siglos, ha servido de referente para que las que a posteriori se han introducido: “¿Juráis a Dios y prometéis al Rey el seguir constantemente sus banderas y defenderlas hasta perder la última gota de vuestra sangre y no abandonar al que os esté mandando en acción de guerra o disposición para ella?”. A lo que se contestaba: “Sí, juramos”, y el capellán imploraba por ellos: “Por obligación de mi Ministerio ruego a Dios que a cada uno le ayude si cumple lo que jura, y si no, se lo demande”.

"He aquí los vasos comunicantes que portan para siempre tu identidad genética vinculada a la secuenciación de la patria común e indivisible como es España"

Lo cierto es, que desde aquel momento se oficializó el beso a la Bandera como símbolo del poder real, desfilándose bajo sus pliegues y como muestra de acogimiento. Conjuntamente, tanto el juramento como el beso, se plasmaban configurando con la espada del Jefe de la formación y la Bandera, una cruz como indicativo de la fe y protección.

Avanzando en el tiempo y haciendo un recorrido sucinto en la historia del Juramento o Promesa ante la Bandera, con la proclamación de la Segunda República (14/4/1931) y a juicio de diversos analistas, las variaciones incrustadas en la fórmula del juramento terminan con el rasgo y fondo de la misma. Hasta el punto, de remolcarla en pura elocuencia administrativa que ni mucho menos se asemeja con el sentido expreso y lo que en sí entraña. Tal es así, que de la fórmula se suprime Dios y el juramento pasa a promesa de adhesión y fidelidad a la República, con el escollo de que si existe el más mínimo indicio de oposición, el militar transitaba a la situación de retiro.

Cinco años más tarde, vuelve a modificarse y se rescatan los principales caracteres de la fórmula habitual del Juramento, depositándose el beso entre sus pliegues y constituyéndose la cruz con la espada (por Dios y por España). Toda vez, que con la aprobación de la Constitución de 1978 se producen algunos cambios en el contenido. Entre ellos, la Ley 79/1980, de 24 de diciembre (BOE Núm. 14), en los que por vez primera se regula el compromiso de defensa nacional.

Posteriormente, la Ley 17/1999, mencionada anteriormente, prescinde dos párrafos de enorme calado: “…besando con unción su bandera” y “…hasta la última gota de vuestra sangre”.

Con la aparición de la Ley 39/2007, de 19 de noviembre (BOE Núm. 278), se insiste en el formulario de 1999, pero con la exclusión de amputarse la figura de Dios. Y por último, esta misma Ley incorpora la norma para que aquellos españoles que lo requieran, puedan declarar su compromiso con la defensa de España, empeñando el Juramento o Promesa ante la Bandera con la fórmula que cito a continuación: “¡Españoles! ¿Juráis o prometéis por vuestra conciencia y honor, guardar la Constitución como norma fundamental del Estado, con lealtad al Rey y si preciso fuera, entregar vuestra vida en defensa de España? ¡Sí, lo hacemos! ¡Viva España! ¡Viva!

Con lo cual, ilustrar el acto ceremonioso del Juramento o Promesa ante la Bandera de España, configura el mayor aporte moral con el que se personifica el empeño de servicio a la patria. Pero al referirme a la patria común, es ver forjado un territorio que visibiliza un Estado plenamente democrático, social y de derecho. Una superficie integrada por hombres y mujeres libres e iguales en deberes y derechos que atesoran y acaparan la libertad, la igualdad y la solidaridad.

Una tierra como España con analogías diversas y aportes de todo orden, porque en esa observancia a la diversidad y originalidad de los espacios que la satisfacen, se asienta su imperecedera unidad.

Unidad, valga la redundancia, como herencia histórica custodiada cuidadosamente que concurre como el principal de entre sus valores y con el que se apuntalan los restantes. Estableciéndose en el pilar más poderoso sobre el que fraguar su destino, al defender la soberanía nacional y con ella, la afinidad del conjunto de sus territorios.

Si bien, la Orden DEF/1445/2004, de 16 de mayo (BOD Núm.102), establece los mimbres precisos para que los españoles puedan solicitar y realizar el Juramento o Promesa ante la Bandera, manifestando el compromiso con la defensa de España, no queda al margen de ello la Carta Magna en su Título I: “De los derechos y deberes fundamentales”, en su Artículo 30, al concretarse el andamiaje que constituye la defensa nacional.

No siendo la defensa de España una tarea exclusiva de los integrantes de las Fuerzas Armadas, sino asimismo, de la ciudadanía que reside.

Consecuentemente, el Juramento o Promesa ante la Bandera de España es una praxis que aúna factores derivados esencialmente del compromiso adquirido, como de largas tradiciones y simbolismo.

Primero, “compromiso” con el deber, poniendo por testigo a Dios y al honor, para dar fe de lo jurado o prometido. Segundo, “tradición”, porque el acto referido articula la historia memorable de una nación escrita por quiénes ya expresaron su juramento, cumpliendo fielmente lo prometido hasta las últimas consecuencias. Y tercero, “simbolismo” de la patria y de su unidad, porque al besar la Bandera perdura ese rastro que despunta de los sueños de un país como España.

Liturgia del Juramento o Promesa ante la Bandera que favorece la consolidación de instintos que persisten para la infinitud. Pero también, huella influyente en la semblanza de las personas y que enmarca reverentemente el acto del Juramento mediante un capítulo magistral de solidaridad.

Gestos reafirmados en este relato, que a modo de esplendorosos y emblemáticos, suponen nada más y nada menos, que sellar el compromiso con una tierra natal y adoptiva de la que nos sentimos vinculados por sus lazos históricos, culturales y afectivos: España como nación. Asumiendo ideales de inclusión aleccionados con valores éticos. Porque nadie es más copartícipe con el deber constitucional, que quién dona la vida por su país y con ello, la protección de sus conciudadanos.

A tenor de lo dicho, desgranar el propósito del Juramento o Promesa ante la Bandera de España, configura el mayor aporte moral con el que se personifica el empeño de servicio a la patria, revelando inexcusablemente que va más allá de los indicadores que encarnan voluntades y anhelos de la nación a la que implica.

Bandera de España, que quien la acoge, la hospeda y la protege, se compromete al establecimiento de una identidad propia, cuyo designio permite exaltar el orgullo, la esperanza y el valor individual y colectivo, junto a un grupo de personas conformadas en comunidad.

Bandera Nacional formada por tres franjas horizontales (roja, amarilla y roja), siendo la central amarilla y el doble de ancha que las rojas, que ambiciona habituarnos a un concepto emanado de una promesa surgida desde lo más íntimo del corazón. Convirtiéndose en esencia sagrada y misterio de la patria, en cuyos pliegues se consagran un sinfín de ilusiones y esperanzas.

Bandera única, al no existir otra por igual, como España es sólo España.

Hoy, al contemplar sus matices, tonalidades y reflejos en el acto solemne del Juramento o Promesa, es ver esculpidos criterios reflexivos de una nación dónde se escenifica la capacidad de consenso y firmes voluntades por prosperar, avanzar y ser permeable a los diseños del futuro.

Un estado ensamblado de norte a sur y de este a oeste, con sus dos centinelas en constante desvelo desde el continente africano, en cuyo centro yace esbelto el mástil y majestuosa e imperecedera, la Bandera.

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Por eso es la Bandera de todas y todos, porque al contemplarla celosamente retratamos el espejo que nos personaliza en apacible convivencia. Buscándonos impetuosamente para guarecerse y hacerse sublime en quién la pretende.

De ahí, que defender el valor de los símbolos que la sustentan con dignidad, forma parte del enriquecimiento adherente de la ciudadanía con el nexo territorial. Pero si por el contrario concurriesen disonancias con la doctrina constitucional, no argumentaría bajo ningún concepto la injuria a la Bandera o al resto de singularidades que la representan. Porque obrando así, estaremos agraviando al conjunto de la ciudadanía sin excepción, como comunidad histórica, moral e institucional, tanto de tiempos pasados, presentes y futuros.

Símbolos, como razón de ser e integridad común que se conforman en la Bandera, Escudo, Himno Nacional, Nación, Patria, Pueblo, Estado, etc., custodiados con escrupulosidad y de los que se nutren ineludiblemente los miembros de las Fuerzas Armadas como valores principales.

Magisterio moral castrense que ayuda a descifrar la evolución de los valores éticos, que más que enseñarse se evidencian y acaban contagiando las conciencias de un pueblo presuroso a ponerlos en marcha.

Punto de partida del Juramento o Promesa ante la Bandera, al no perder de vista cuántas certezas, dogmas, criterios y convicciones se reproducen y que desde lo ético y lo moral acomodan sentimientos de admiración, mediante un voto leal de por vida que se consuma de cara a la instantánea fugaz de la patria.

Ceremonia plenamente majestuosa y copiosamente rigurosa como marca su carácter, articulada ante la congregación de ciudadanos que se engrandecen por una nación y con la que se identifica el jurando.

Promesa lacrada mediante un beso que enaltece el ornato del compromiso heredado, asistiendo ordenadamente a las Fuerzas Armadas y a la patria común, al verificar testimonialmente una declaración sin precedentes de acuerdo a la legislación vigente. Es por ello, que sea legítimo y acertado ampararse en la Orden DEF/1445/2004, que otorga la posibilidad de empeñar solemnemente el Juramento o Promesa ante la Bandera de España.

Hecho majestuoso acontecido el 23/5/2026 en el patio de armas del Palacio de Buenavista (Madrid), exhibiendo sus mejores galas. Sede del Cuartel General del Ejército de Tierra y organizado por el Regimiento de Infantería “Inmemorial del Rey” N.º 1, del que quien suscribe junto a su esposa Alicia Inmaculada, tuvieron el privilegio de participar como jurandos. El acto estuvo presidido por el Jefe del Mando de Personal del Ejército de Tierra, Excmo. Sr. Teniente General Joaquín Broch Hueso y en el que más de doscientos ciudadanos manifestaron de forma solemne su lealtad y compromiso con España y con la defensa de la nación.

"Contacto breve, pero inseparable en quien la aguarda, mediante un beso que se hace inmortal como reseña plástica del “¡Sí, lo hacemos!”, como confirmación de lo determinado en la Rojigualda"

Para coronar el acto, el Ilmo. Sr. Coronel Regimiento de Infantería “Inmemorial del Rey” N.º 1, Pedro Javier Bello Acevedo, dirigió una alocución a los asistentes, agradeciéndoles el compromiso con la patria que acababan de sellar, así como trasladando el orgullo que para la Unidad supone haber sido testigos del mismo.

Tras cantarse el Himno del Regimiento de Infantería “Inmemorial del Rey” N.º 1, se procedió a la dislocación de la Fuerza y al desfile de la misma. Seguidamente y como broche final, el Jefe del Mando de Personal del Ejército de Tierra dirigió unas palabras emocionadas de agradecimiento y despedida a los jurandos.

Juramento o Renovación ante la Bandera como ejercicio íntegro de reflexión y de respeto, como de solidaridad, sensatez ciudadana y de envite por la superación y el porvenir de la patria común. Adquiriendo mayor protagonismo si cabe, en los instantes complejos que vivimos, al transformarse en una armadura ética que cimienta y robustece celosamente la defensa nacional.

Acto del Juramento o Promesa que emplaza a resistir y superar con coherencia, pero desde la unidad, dando un paso al frente ante la Bandera que diseña una nación desde la pluralidad de su cultura como muestra de identidad, al postularse la integridad y la ejemplaridad como valores democráticos.

Una Bandera producto de la semblanza genuina de un país labrada con principios y valores universales, que abarca lo arraigado, lo perdurable y la expresión pública del inquebrantable deber de hacer valer la Constitución Española.

No soslayándose, que la Bandera de España es el valor inmutable del territorio que la preserva, infundida tiempo atrás a su plasmación. Pero también, imagen de complejidades políticas, geográficas y lingüísticas, fundamentalmente, ideales de preservación en los valores cívicos y democráticos que persiguen avalar el bienestar de todas y todos.

Rito consagrado del Juramento o Promesa ante la Bandera, que al incluirlo como parte de uno mismo, admite libremente, pero con determinación, el derecho y el encargo de hacer valer la integridad de España. Concibiéndose el engranaje sociedad-ciudadanía con las Fuerzas Armadas, en la labor siempre aplicada y responsable de atender a la nación como patria común. Distinción que se le confiere legítimamente al ciudadano como jurando que lo dispone por voluntad propia, al declarar ante los presentes con benevolencia y pragmatismo, estar decidido en la cooperación por el bien de todas y todos.

Nada de lo formulado en el deber de servir más y mejor a España, podría llevarse a término, si el ciudadano como depositario no es adjudicatario de la firmeza en el sentimiento nacional, como de la integración en la historia de un país que ha sido fiel a sí mismo a lo largo de los siglos.

Consideración esta última que no recae meramente en el sentir individual y colectivo de la Institución Castrense, al constituirse en el atributo principal que concierne a España como nación, en pos de la ciudadanía que la embellece. O séase, he aquí los vasos comunicantes que portan para siempre tu identidad genética vinculada a la secuenciación de la patria común e indivisible como es España.

Ante lo desmenuzado en estas líneas, parece obvio señalar con letras de oro, que entre los retos en la conciencia ciudadana se antojen deberes constitucionales de tomar parte en la defensa nacional. Ratificándose el beneficio moral que desde el raciocinio constitucional revela el misterio del Juramento o Promesa ante la Bandera.

De este modo, el Juramento o Promesa está emplazado a ser tallado, acrecentado y afianzado sagradamente en la simbiosis hombre-Patria-Dios. Poniendo por testigo a Dios de lo jurado con el corazón y al propio honor y a España, como patria común. Fórmula de acogimiento desde el compromiso inquebrantable, pero también como expresión sencilla de precisar y recóndita de envolver. Debiendo ser conferida con firme voluntad mediante normas éticas, que mansamente se irán fusionando cómo máximas de vida.

Contacto breve, pero inseparable en quien la aguarda, mediante un beso que se hace inmortal como reseña plástica del “¡Sí, lo hacemos!”, como confirmación de lo determinado en la Rojigualda, al evocar relieves y espacios perfectamente definidos con génesis históricas y bases sólidas, alumbrados durante siglos y salvaguardados celosamente para la transformación positiva de la vida humana y la construcción de un mundo más justo, solidario y pacífico.

¡Esa es, sin lugar a dudas, la Bandera de España!

Juramento o Promesa ante la Bandera, que protege el compromiso adquirido como miembro de pleno derecho, al contribuir con fortaleza, lealtad y tenacidad, un criterio de vida puesto al servicio de la nación.

Sin inmiscuir, que lo que se visibiliza entre sus pliegues rojo y amarillo/gualda, es la gentileza de aproximarse con simplicidad ante Ella (la Bandera), fiando una acaricia que queda satisfecha en sus ondulaciones, hasta dignificar el encargo innato de dar persistencia a los valores que se hacen de todas y todos. Precisando el compromiso vitalicio fundamentado en un ejercicio pródigo que sin exigir nada a cambio, concede ofrecer todo, incluso la propia vida.

Ante lo cual, quien lo cristaliza queda prendado de un juramento trazado con un pacto de rectitud hasta la memoria y que se engrandece paulatinamente en quién lo insta. Teniendo garantizado su refugio, cobijo y amparo como aquellos viejos soldados que nos miran desde las alturas, gozosos y radiantes, al intuir que el destino de la patria común prosigue indemne.

Juramento como ideal genérico, al quedar impreso gracias a los que lo realizaron en su momento, como a la responsabilidad de quiénes hoy lo consideran valioso con el gesto de Renovación o Promesa ante la Bandera.

Bandera de tono rojo, que exhibe el flujo esparcido por tantísimas personas al hacer valer la patria colectiva. Como aquella de pigmento amarillo, que como tornasol de oro describe la fuerza de su dominio y la dignidad que se le debe rendir.

Será tras el punto y final del Juramento o Promesa ante la Bandera, cuando por fin es posible caer en la cuenta de la filiación real de un Ejército y su sociedad. Intuyendo el menester de que dicho Juramento configura la base legítima y constitucional para la integridad de la ciudadanía.

Ahora, solo queda avivar en las conciencias el servicio primoroso empeñado por las Fuerzas Armadas y el respaldo encargado por la Carta Magna. Valorándose sin rémoras, la inmensidad cultural y moral de un país como España, al reconocerse los planteamientos éticos en los que descansa. Protagonismo que adquiere con sensatez en la vida diaria de las personas la noción de defensa nacional.

Finalmente, lo declarado desde mi humilde reflexión como solícito soldado de los Ejércitos de España, es ser consecuente en materializar un hecho sagrado e imperativo de firme compromiso en defender, conservar y hacer guardar, el símbolo y guion vital que ilustra a la Madre Patria: la Bandera.

Consumándolo ante Dios y España, seducido por haberme dispuesto ser hijo suyo, como sangre de su sangre y relato de su historia.

Hoy, me siento en el deber de declarar abiertamente en este pasaje, que todavía continúa palpitante e incandescente aquel lejano, pero eterno juramento consumado el diecinueve de febrero de mil novecientos ochenta y cuatro, que como tantos españoles de bien, decidí confirmar a perpetuidad. Desde entonces, he obtenido sin merecerlo el título nobiliario de ciudadano solidario y el abrazo inextinguible del mástil que sostiene la unidad de España.

Por lo tanto, vivir envuelto al abrigo de la Bandera, es renovar y reverdecer cada jornada un acto promisorio de madurez y sentido común, pero también, de empuje por la prosperidad y el acontecer de un gran país como España, al ser sabedor de sus desaciertos, pero igualmente, de sus infinitas glorias.

Esta es la España de todas y todos, la que se encarna en la rojigualda.

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