Lo malo de los anuncios es no cumplirlos. Échense a temblar cuando un político da fechas, lo más probable es que tenga que responder por sus palabras. Sucede, de hecho, con la construcción de la capilla del Carmen.
Si ustedes revisan anuncios de hace unos años resultan coincidentes con el nuevo que ayer efectuó el portavoz del Gobierno, Alejandro Ramírez: “Las obras de la capilla comenzarán el próximo mes”.
Mismo titular, mismo compromiso, pero con años de diferencia entre lo no hecho y lo que ahora se promete.
Con algo tan sensible como la construcción de la nueva capilla para los feligreses de la Virgen del Carmen de la Almadraba, que de la noche a la mañana se vieron abandonados por los políticos y una Iglesia que no cuidó lo que debía, hay que ser mucho más cautelosos y prudentes. No todo vale.
En este caso, lo que rodeó el punto y final de la capilla ha sido un desastre contado por capítulos. Todo.
No hubo atención para mantener el lugar como se debía, se dejó que la capilla poco a poco se degradara para luego sacar de la chistera una suerte de leyes que se aplican cuando uno quiere. A ello se sumó, el riesgo de derrumbe.
Ya saben, las asustaviejas al poder como suelen hacerlo: meten miedo a la población y tiran de normas que en este caso sí que tuvieron su valor, mientras que en otros se esconden.
Lo vemos a diario en Ceuta. ¿Cuántas infraestructuras son una auténtica oda a la ilegalidad, pero siguen en pie?, ¿por qué nunca actuó la administración contra las mismas? Pues porque no interesa. Con la capilla del Carmen todas las administraciones se pusieron de acuerdo para forzar la lectura oportuna que llevó a un cierre inmediato y a ese dormirse en los laureles con anuncios, enfrentamientos entre Ciudad y Delegación y mentiras…
Ahora hemos llegado a esta fase en la que hay que mirar de reojo, siempre. Ojalá hayan aprendido la lección y, esta vez sí, hablen cuando deben.






