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El Síndrome de Tucídides

Por Germinal Castillo
22/04/2026 - 07:36
sindrome-tucidides-003
Imágenes cedidas

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Las tensiones entre potencias ni son nuevas ni están olvidadas, en absoluto.

Muchos de esos antagonismos se saldan con guerras sin cuartel entre los poderes asentados y quienes aspiran a tomar el liderazgo. Un clásico.

En algunas ocasiones gana el más fuerte, y en otras ambos contendientes se aniquilan en esa lucha por el poder, dejando generalmente paso a una tercera potencia.

Tucídides (460 a.C – 396 a.C) es el primero en reportar ese tipo de belicosa situación que acaba con los dos contendientes.

El historiador y político griego, autor de la obra “Historia de la guerra del Peloponeso”, narra la guerra de Atenas contra Esparta (411 a.C), aunque en realidad se trata del enfrentamiento de dos grandes bloques, integrados por casi todas las ciudades estado de Grecia. Ambas facciones están lideradas por las ya mencionadas ciudades de Atenas y Esparta.

La historia es sobradamente conocida: ante el ascenso de Atenas, Esparta inicia una guerra ante el temor de perder la supremacía en el tablero geoestratégico heleno de la época. El resultado no puede ser más desastroso: ambas partes se aniquilan y no hay vencedores, todos pierden.

Cogiendo la fruta madura, posteriormente surge Alejandro Magno y su imperio. A éste le sigue, como bien se conoce, la supremacía de Roma.

Sin embargo, la historia también nos depara la sorpresa de algunas potencias que tienen la inteligencia de no caer en esa trampa y evitan una guerra cuyo resultado es un empate a muerte y a muertos. España y Portugal forman parte de esas excepciones. China también.

La lucha por la supremacía y el poder, que siempre se encuentra en una época dorada, se transforma en mil guerras inútiles. Al respecto, el poeta francés Paul Valéry describe estas situaciones con una axiomática precisión afirmando que “la guerra es una masacre entre gente que no se conoce, para provecho de gente que sí se conoce, pero no se masacra”. Brutal. Obvio. Actual.

El periodista inglés Georges Orwell, por su parte, sentencia la cuestión afirmando que “cada guerra, cuando ocurre o antes de que ocurra, es representada no como una guerra sino como un acto de defensa contra un maniático homicida”. Seguro que le suena. Clarividencia.

El anarquista, autor de “1984”, “Homenaje a Cataluña” o “Rebelión en la granja”, es tan contundente como revelador. Hay cosas que nunca cambian. Los clásicos son así. Los anarquistas, también.

Los modernos tiempos que nos tocan vivir ven como, de nuevo, se están reproduciendo las mismas tensiones in crescendo que en el 431 a.C, y por los mismos motivos e intereses que entonces.

El desenlace encamina al mismo punto, sólo cambian los actores aunque el relato, en sí, es idéntico. No aprendemos.

Pero al margen de las tensiones y de las guerras que provoca o auspicia el Tío Sam, ya hay otro actor dominante (¿predominante?) en el teatro internacional.

Así, el final de Siglo XX y el primer cuarto del Siglo XXI ha visto la expansión de China por el mundo. La neocolonización económica (y, por ende, política) de los países de África subsahariana, o su fuerte introducción en Latinoamérica son las marcas claras del fuerte crecimiento geoestratégico del gigante asiático.

No podemos tampoco olvidar los megaproyectos de construcción de obra civil, y sobre todo, la adquisición de puertos claves en las rutas comerciales más importantes. Es la conocida “Estrategia del collar de perlas”.

La importancia de las “perlas” se basa en su valiosa disposición en el mapamundi. Así China, mediante la COSCO Shipping, decide comenzar a “sembrar perlas” por todo el Océano Índico hasta el cuerno de África y más allá. Incrustada en la estrategia “Franja y Ruta”, la “conquista” china del Mediterráneo y del continente europeo también ha comenzado.

Aquí son necesarios dos paréntesis.

Primer paréntesis. La COSCO Shipping es una la MAYORES empresas navieras y de logística integral a nivel global. Obviamente de titularidad china, tiene una flota superior a los 1300 buques (casi tres veces la cantidad de barcos que entran en Barcelona en un año) y ofrece servicios de transporte de contenedores, carga a granel, petróleo y servicios de LCL (Less than Container Load), que permiten que varios exportadores compartan el mismo contenedor, abaratando así los envíos. Dentro de esa estrategia de expansión, también está obviamente la gestión y compra de terminales. Cierre del primer paréntesis.

Segundo paréntesis. La estrategia de “Franja y Ruta”. Muy seguramente estamos ante la mayor maniobra expansiva de un estado en toda la historia, que se divide en tres partes:

Franja: corredores económicos que interconectan, por tierra, China con Europa a través de Asia Central, Rusia y todo el sudeste asiático. De ahí las ingentes inversiones en ferrocarril, puentes o autopistas, por ejemplo.

Ruta: Rutas (marítimas) que unen el Pacífico, Índico, África y Europa (además de las inversiones ya citadas). En esto se incluye la construcción de puertos de aguas profundas que pueden albergar los barcos supercontenedores actuales, al tiempo que hacen una proyección hacia un futuro en el que los barcos puedan ser muchísimo más grande. Brillante jugada.

Ruta de la Seda Digital: Expansión tecnológico-digital descomunal con 5G, IA y fibra óptica.

Cierre del segundo paréntesis.

China efectúa también con fuerza su penetración en el Mare Nostrum mediante la compra del puerto del Pireo (Grecia), y el control o alta participación los puertos de Bilbao, Valencia y Barcelona, así como un gran control de otros puertos franceses, italianos y turcos.

Evidentemente, en esta gran partida de ajedrez, China es paciente, pero nunca dejar de caminar hacia sus objetivos. Por ello, no desestima, ni mucho menos, el crecimiento militar. Es perfectamente consciente de que sin cañones no se puede proteger al comercio, y que sin la Inteligencia civil y militar no puede lograr las pistas adecuadas para llevar a bien su iniciativa. En ambos dominios parece ser altamente efectivos.

En mismo contexto, la creación de islas artificiales dentro del plan denominado “Gran Muralla de Arena”.

Situadas en el Mar de China (zona meridional del país), estas islas artificiales son verdaderos portaaviones diseminados por esos mares. Con una superficie equivalente a 4500 campos de fútbol, China ha encontrado más práctica la instalación de pistas de aterrizaje en el mar que la fabricación de grandes buques de transporte de aviones, caros de mantener y difíciles de proteger.

Obviamente, esta ofensiva es tomada como un ataque a la soberanía de los países limítrofes, ya que impulsa el asentamiento y fortalecimiento chino en la zona por una parte, y la capacidad de reclamar zonas en conflictos por otra. Nada nuevo bajo el sol.

No obstante, bueno será reseñar que toda esta macroplanificación geoestratégica de China no es nueva, ni muchos menos.

Ya en 1947, China reclama para sí, como una demanda histórico-milenara, las islas Paracely y Spratly. Situadas en la parte más meridional del Mar del Sur de China, y en el centro de un imaginario triángulo cuyos vértices serían Vietnam, Filipinas y Brunei, estos islotes han sido el motivo de no pocos conatos de conflictos. Tanto es así que los EE.UU tienen los ojos puestos en esa zona de forma permanente.

Estas son, pues, algunas de las acciones de mucho alcance de un país del que se nos olvida, en demasiadas ocasiones, que es un régimen autoritario con vocación imperialista. Lo de la “vocación” es común al resto, no nos engañemos.

Así, China no solo se instala como un partenaire comercial de envergadura, sino que ya “invade” muchos parcelas que cotizan en bolsa y que, hasta ahora, eran del dominio absoluto de los Estados Unidos de América. Eso sin hablar de los países cercanos (Filipinas, por ejemplo) que ya son, de hecho, de propiedad china. Se acerca el jaque mate.

Pero, ¿dónde está el punto de partida de todo este cambio mundial?

Perfectamente conocedor de que los Estados Unidos están más pendientes de Oriente Medio y de su petróleo, el país comunista va estableciendo sus conexiones en todo el mundo, poco a poco, cual hormiga infatigable, hasta lograr que su avance sea imparable.

Junto con las financiaciones chinas, espectaculares y estratégicamente pensadas, el Reino del Medio emerge con fuerza, reventando todo lo establecido.

Y en esas estamos…

En esta nueva Guerra del Peloponeso, EE.UU parece estar perdiendo todos los trenes. Muy mal liderados y, por ende, sin una política exterior clara más allá de la del llanero justiciero del lejano Oeste, su deriva geopolítica parece clara. Lo que un día es verde, al otro es amarillo o azul, según la hora, sin coherencia, control o lógica. Tanto es así que, después del secuestro de Maduro (un dictador, una cosa no quita la otra) en Venezuela, las grandes compañías petroleras norteamericanas han declinado “amablemente” formar parte de la fiesta y no invertir ni un centavo en la extracción de crudo.

Tiempos aquellos en los que la ITT o la United Fruit Company dictaban su ley en sur y Centroamérica bajo el protector paraguas yankee. Entonces, la maniobra era rentable y la dirección establecida desde la Casa Blanca era firme, contundente y había un claro plan trazado. Ya no.

En una lucha bélica y económica con medio mundo, enfrascada en conflictos diplomáticos que no puede ganar y con un desgaste económico interno brutal, la patria de Trump está convirtiéndose poco a poco en un gigante con pies de barro el que sólo ganan [mucho] dinero las contratistas de Defensa.

Lo que parecía al principio la reedición de una nueva lucha de titanes entre Moscú y Washington está convirtiéndose en el principio del fin de Disneylandia and Cia. Mientras, el Kremlin tiene toda la pinta de querer arriar bandera con discreción y optar a quedarse como está. Prueba de ello es que ni siquiera puede con su tinglado en Ucrania, a pesar de las ayudas indirectas de Trump.

Mi Mañica Preferida diría, como Georges Orwell, que “ver lo que está delante de nuestros ojos requiere un esfuerzo constante”. Y Trump no está precisamente en situación política (y probablemente tampoco mental) de vislumbrar más allá que lo que su gorra MAGA le permita. Sin embargo, parte de Europa, parece que claramente sí lleva a cabo ese esfuerzo constante.

Así que puede, y sólo puede, que el movimiento del presidente español con su visita a China sea mucho más que un baño de multitudes, o un viaje para huir de sus problemas políticos en España como ha afirmado la pseudo oposición de Feijoo.

Y puede que la jugada sea oportuna, entre otras cosas porque China está comportándose como una nación imperialista (lo señalamos antes) y su estrella roja comercial deja caer su sombra en todo el planeta y, obviamente, también en España.

¿En qué consistiría la posición española? Pues, básicamente, en lo que debería ser la posición europea. Sabemos que las grandes rutas chinas tienen como objetivo el de todas las grandes potencias: colonizar económicamente los países y mantener una balanza comercial muy desequilibrada. Así, la maniobra consistiría en racionalizar esas entradas de mercancías, forzar las exportaciones españolas hacia China y trabajar que el flujo de productos chinos no terminen de hundir al comercio de proximidad.

Y, para terminar, el principio.

Si la guerra entre Esparta y Atenas es el inicio del imperio de Alejandro Magno, el desgaste de los EE.UU con el resto del mundo parece anunciar claramente la era del Dragón.

De seguir así, y todo parece indicar que el rumbo no va a variar, los que hoy defienden a Putin o a Trump desde los hemiciclos europeos pronto harán cola para rendir pleitesía en mandarín a los nuevos amos del tinglado.

El Síndrome de Tucídides está llegando a su apogeo, no da la impresión de que falte mucho para para el estallido final.

Pero, una vez más, la reflexión es suya.

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