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El mundo de los bandoleros de Andalucía

Juan Mingolla ‘Pasos Largos’, último bandolero en la Serranía de Ronda

Por José Antonio Fuentes Viñas
09/04/2026 - 07:16
Imágenes cedidas

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En mis visitas a Ronda, la abuela de mi esposa hace ya algunos años, me contaba las andanzas del bandolero Pasos Largos, que ella misma lo vivió durante bastante tiempo, dentro de los comentarios de la propia población. A su memoria, le dedico esta colaboración a la que llamábamos la abuela Pura.

El bandolerismo en Andalucía surgió principalmente entre los siglos XVIII y XIX, impulsado por la pobreza externa, la profunda desigualdad social, la concentración de tierras en manos de latifundistas y la inestabilidad política. La orografía andaluza (Sierra Morena, Serranía de Ronda) proporcionó refugios naturales ideales, convirtiendo el robo y el contrabando en una forma de supervivencia.

Según el contexto histórico: aunque con raíces antiguas (desde el siglo IX) el fenómeno tuvo su apogeo tras la Guerra de la Independencia.

El bandolerismo como fenómeno, no se puede reducir a una determinada época histórica, ni ubicarlo en ciertas zonas geográficas, muy contrario y por norma general va ligado al comienzo de la humanidad y en particular a la opresión y al descontento social, si bien serán los siglos XVIII y XIX los que verán el bandolerismo en su más alto apogeo.

En España el hecho del pillaje, del hurto y de la rebelión ya es constatable en la época romana, donde Viriato era calificado como capitán de bandoleros, que tras su muerte fue apellidado como “bandido”. De él continuamos con los almogávares, siempre habitantes de las fronteras y buscando el sustento de sus personas en sus enemigos, o los monfíes, moriscos salteadores, atacantes de los habitantes de las llanuras.

En ocasiones los bandoleros, llegaron a desafiar a ciudades enteras, como Diego Ordóñez que retó a Zamora y otros como Guinarte, Cadrell y el de Miñón que se atrevieron contra Barcelona, Lérida o Gerona en el Siglo XVI.

Coincidiendo con el nacimiento de la novela picaresca, el bandolero se transforma en pícaro, con la habilidad mental y física que le caracteriza.

Ya de esta época se nos traslada a la concepción más clásica del bandolero, en ocasiones cruel y violento y en otras luchador y activo por las causas más desfavorecidas, incurriendo en lo que los románticos trasladaron a través de leyendas e historias reales fuera de España, haciendo del bandolero una figura idealizada de mártir de las causas injustas y la opresión social y política.

El rasgo característico del bandolerismo, aquel en el cual se sintetiza todo lo que impone temor y causa alarma, es la complicidad de las clases elevadas y de las personas que ocupan posición o anarquía social, cuando la corrupción llega a este extremo, ningún resorte social es positivo, alzando a ciertos hombres, generalmente de estratos sociales muy populares, contra las órdenes establecidas, violentando de esta manera las relaciones entre pobres y ricos.

Pero va a ser el reparto de tierras y las imposiciones que esto conlleva, junto con el empobrecimiento de la población más acentuada por la invasión francesa, la que de pie al florecimiento del fenómeno durante el siglo XVIII.

Se puede definir el espíritu de los bandoleros, del que con frecuencia hicieron gala para con los más necesitados, como generoso y caritativo. Roban sin piedad a unos para, a veces, ceder generosamente a otros el producto de lo robado, convirtiéndose en los verdaderos benefactores y protectores de los ámbitos rurales más castigados por la pobreza y en ocasiones la hambruna. Realizan un acto vil y a continuación son capaces de un insólito rasgo de nobleza. Matan con saña y a poco protegen la vida de quien desvalido, a ellos se confían. Viven enfrentaos a la ley y a muchos de sus actos les anima un alto estilo de justicia.

Desde el punto de vista militar, los bandoleros toreros, cantaores de flamenco y en sus comienzos contrabandistas, escogerán la Serranía de Ronda” por la especial configuración geográfica de sus montañas les proporcionaba, como centro de operaciones; haciendo lo mismo con otros lugares como Sierra Morena, Sierra Nevada, y demás refugios montañosos de Andalucía, dado que el alto nivel de terratenientes feudales existentes en suelo andaluz, hacía de éste territorio el caldo de cultivo ideal para el bandolerismo.

Así a consecuencia de todo esto, va a ser en el reinado de Isabel II y como sustento a la monarquía, ante la inseguridad y la delincuencia, como se decide la creación de la “Guardia Civil” a través de dos decretos en el año 1.844 (27 de marzo y 13 de mayo) bajo las premisas de; “conservar el orden público, la protección de las personas, las propiedades y el auxilio que reclame la ejecución de las leyes”. Para organizar la nueva institución sería elegido el Mariscal de Campo, Francisco Javier Girón y Ezpeleta, II Duque de Ahumada, que reafirmó a este cuerpo como ejecutora del orden y la seguridad.

A través de la historia y en los siglos XVIII y XIX, nacieron los bandoleros más conocidos y aún recordados por el pueblo andaluz; los cuales harán fructificar de un modo destacable la publicación de romances sobre sus vidas y aventuras, novelas picaresca, folletines pseudohistóricos, pequeñas obras teatrales, novelas históricas, productos gráficos, y toda una multitud de documentos que van desde los cómics a las películas pasando por una gran variedad de grabados y litografías que a continuación se expone.

Podemos nombrar a: Diego Corriente, José Ulloa “Tragabuches”, Jaime “El Barbudo”, José María Hinojosa “El Tempranillo”, Joaquín Camargo “El Vivillo”, Francisco Ríos “El Pernales”, El Bizco del Borge” y muchos más, finalizando el 18 de marzo de 1.934 con la muerte del último bandolero que fue Juan José Mingolla “Pasos Largos”.

En España los estudios sobre el bandolerismo cuentan una larga tradición. Ya Bernaldo de Quirós afirmó esa ligadura entre bandolerismo y subversión en su conocida obra “Bandolerismo y delincuencia subversiva en la Baja Andalucía, publicada en 1.933. Por su parte en los años sesenta del pasado siglo. Joan Reglá estableció una clasificación que se ha mantenido prácticamente intacta hasta nuestros días, cuando diferenció entre un bandolerismo levantino barroco y un bandolerismo andaluz romántico.

Según Juan José Iglesias, la historia de bandolerismo andaluz más allá del tópico viene reclamando una revisión a la luz de los casos de archivo que los investigadores van exhumando. Mientras tanto, una indagación sobre los precedentes del bandolerismo andaluz clásico, parece de obligado cumplimiento. Son ya suficientes los indicios de que, en efecto, el fenómeno tiene sus orígenes con bastante antelación a la que se ha venido reconociendo comúnmente.

No obstante, el bandolerismo andaluz no solo estuvo compuesto por hombres, también hubo mujeres que desafiaron las convenciones sociales y se unieron a las bandas de los bandoleros, según lo publicado por Francisco María, indicando que una de las más destacadas fue María “La Serrana”, originaria de la Sierra de Segura en Jaén. María se hizo famosa por su astucia y habilidades con las armas, liderando su propia banda.

Entre sierras y caminos de Andalucía surgieron figuras que, entre la leyenda y la realidad, marcaron la historia del bandolerismo. Personajes como ‘El Tragabuches’, ‘El Tempranillo’ o ‘Pasos Largos’ protagonizan relatos de pasión, violencia y destino que aún hoy forman parte del imaginario popular andaluz.

José Ulloa ‘El Tragabuches’

Es uno de los bandoleros más conocido de nuestra serranía. Desde muy joven recibió formación como banderillero por parte de D. Bartolomé Romero, el cual pertenecía a una de las familias más toreras de la historia.

Es, durante una tarde de 1,802 cuando José Ulloa se ve forzado a terminar una corrida taurina e inicia sus andaduras como torero.

Un día, cuando se encontraba camino de Málaga para torear, interrumpe su viaje para volver a Ronda cuando descubre la infidelidad de su mujer y, lleno de rabia e ira, decide acabar con la vida de esta y de su amante.

Desde este momento emprende su vida como “bandolero” uniéndose a la cuadrilla de “Los Siete Niños de Écija”.

José María Hinojosa Cobacho ‘El Tempranillo’

A pesar de sus orígenes cordobeses ‘El Tempranillo’ se hizo famoso en la Serranía de Ronda.

A los 15 años comenzó su historia dentro del bandolerismo, ya que mató a un hombre en la Romería de San Miguel y se vio obligado a emprender camino hacia la Serranía de Ronda para evitar la pena de muerte.

Al llegar a esta zona se unió al mismo grupo del “Tragabuches”, pero no aguantó más de dos años hasta que decidió formar su propia banda.

Juan Mingolla Gallardo ‘Pasos largos’

Nace en El Burgo el 4 de mayo de 1.873 y fallece el 18 de marzo de 1.934. Fue un bandolero andaluz, considerado el último que actuó en la Serranía de Ronda.

El apodo lo hereda de su padre, que lo recibió por su peculiar forma de andar. Su natural carácter taciturno se acentuó durante el servicio militar que prestó en Cuba entre 1.895 y 1.898.

Al retornar a España recibe la noticia del fallecimiento de su hermano mayor, inmediatamente su hermano menor abandona el hogar familiar para casarse y, en 1.901 fallece su madre.

Pasos Largos es una persona cada vez más huraña e introvertida. Fue denunciado por el guarda de una finca El Chopo como cazador furtivo. Tras localizar al hijo del denunciante, le descarga dos balazos en la cabeza, tras lo cual lo remata con la hoz.

Perseguido por la justicia huye y se refugia en una sierra que sus prácticas de caza furtiva, hace que conozca a la perfección. Se cuenta que en cierta ocasión sorprendió a dos Guardias Civiles a los que desarmó y dejó en libertad.

El 14 de agosto de 1.916 es traicionado por la mujer de un cabrero en cuya cabaña encontraba Pasos Largos refugio de forma habitual.

Pasos Largos fue condenado a cadena perpetua, cumpliendo condena en el penal de “Figueras”, donde se agravó la tuberculosis que había contraído durante su estancia en Cuba. Fue trasladado en 1.932 al presidio del Puerto de Santa María, logra ese mismo año la libertad al otorgarle el el gobierno republicano el indulto, por su buena conducta y a su estado de salud. En tiroteo con la Guardia Civil terminó con Pasos Largos.

Los siete niños de Écija

Los siete niños de Écija fue una cuadrilla de bandoleros españoles, activa en las proximidades de Écija (Sevilla) entre 1.814 y 1.818. Iniciaron sus aventuras en 1.808 como una guerrilla patriótica formada para luchar contra las huestes del invasor “Napoleón”, de la que surgió la cuadrilla de bandoleros. Bajo el mando del bravo capitán “Luís de Vargas” se constituyó la primera banda compuesta efectivamente por “niños”, que por diferentes motivos fueron muy perseguidos por la justicia: Juan Palomo, Satanás, Malafacha, Cándido, El Cencerro y Tragabuches. Se suponía que la integraban siempre siete bandidos que se renovaban a medida que alguno de sus miembros moría o caía preso. Llegaron a dominar la carretera general de Andalucía entre Sevilla y Córdoba; pero en julio de 1.817 mediante un edicto, se inició la campaña contra ellos.

Fueron ejecutados la mayor parte de los apresados, entre los que figuraba Fray Antonio de Legama, a quien se dio “garrote” en Sevilla, y el ecijano Francisco Huertas, un bandolero de la nobleza a cuya ejecución asistieron todas las autoridades del pueblo, incluido el Obispo.

En la actualidad, el bandolerismo en Andalucía es recordado y celebrado a través de numerosas festividades y eventos culturales. En localidades como Grazalema, en la provincia de Cádiz, se celebra cada año la fiesta de “Los Bandoleros”, donde los habitantes recrean escenas y personajes de esa época. Estas festividades son una oportunidad para mantener viva la memoria de aquellos hombres y mujeres que desafiaron las normas establecidas y se convirtieron en leyendas vivas.

El bandolerismo andaluz también dejó huella en el ámbito literario, especialmente a través de la figura del “bandolero romántico” como obras literarias en el siglo XIX “El sombrero de tres picos”.

Sus historias han dejado un legado cultural importante en Andalucía. Sus historias han sido transmitidas de generación en generación.

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