Llevo tiempo siguiendo el tema de Noelia y su petición de la eutanasia. De hecho hace unos meses que el Cañonazo trató el tema desde una perspectiva caleidoscópica: los argumentos de Noelia, su solicitud de una muerte digna, sus padres, sus amigos, los abogados cristianos, los psiquiatras, el comité de expertos, los protocolos, los distintos tribunales de justicia y la última sentencia del tribunal europeo de derechos humanos que ratificaba la decisión de Noelia a ejercer su derecho.
Soy profesor de ética y filosofía desde hace la friolera de 34 años y ejerzo mi docencia desde la libertad, la neutralidad (aunque cueste serlo), desde el respeto y la tolerancia; hacer pensar, llevar estos asuntos al aula es una forma de remover conciencias y de justificar por qué se toma partido por una decisión, desde dónde parte el estar a favor o en contra, cuáles son los principios de cada uno y verse cara a cara con casos reales de la vida: aborto, pena de muerte, tenencia de armas, violencia de género, maltrato animal, derecho y deberes, en definitiva, el mundo en el que viven las chicas y los chicos adolescentes.
Noelia fue víctima de una agresión sexual múltiple y, entrando en una depresión profunda, se arrojó desde un quinto piso para quitarse la vida.
“Sufrió una grave e irreversible lesión medular completa, una paraplejia que le impide moverse de cintura para abajo y le provoca fuertes dolores neuropáticos e incontinencia”.
La solicitud de la eutanasia recibió todos los avales médicos La Comisión de Garantía y Evaluación dio luz verde a la eutanasia por unanimidad de sus 19 miembros, al considerar que la paciente cumplía los requisitos establecidos por la Ley de Eutanasia.
Su padre, con la ayuda de Abogados Cristianos, recurrió la decisión alegando que su hija no tenía plena capacidad plena debido a trastornos mentales previos. “Al parecer”, ninguno de los 19 miembros de la comisión de garantía valoró las alegaciones del padre.
Para practicar la eutanasia hay que ser mayor de edad, ser capaz y consciente, tener una enfermedad grave e incurable o un padecimiento grave, crónico e imposibilitante con sufrimiento insoportable y sin posibilidad de mejoría.
Tres médicos que avalen la situación, dos solicitudes de petición con un margen de 15 días, testamento vital...
Cuenta Noelia que dos mujeres de una comunidad religiosa se colaron en su habitación y se aprovecharon de que estaba muy cansada para hacerle firmar un texto en el que mostraba dudas sobre su deseo de morir. Al enterarse, el hospital llamó a un notario para anular ese papel.
Hoy y a estas horas Noelia habrá conseguido su triunfo: dejar de morir en vida, abrazarse a ella misma, robarle al dolor el derecho a entrar en su cuerpo, hablarle de tú a la muerte, derrotarla y ganarle la partida: “Soy yo quien decide morir, ni la parca me marcará ni el día ni la hora”.
Serán las leyes y los jueces, será la mayoría de edad de una sociedad, será la6 conquista de una sociedad laica lo que representa la lucha de Noelia. Noelia quiere reconocerse hasta el final, por lo que tiene pensado lo que se pondrá el día que reciba la eutanasia. “Quiero morirme mona, quiero morirme guapa, me pondré el vestido más bonito que tenga y me maquillaré, algo sencillo”.
Abascal ha declarado: “Estoy muy afectado por esta noticia”. El Estado le quita a una hija a sus padres. Los Menas (sic) la violan. Y la solución que le da el Estado es suicidarla, ejecutarla. La España de Sánchez es una película de terror”.
Tal vez, algún día, la pida él.
Este Cañonazo hoy sonará por Noelia.







Titulares así merecen un comentario aparte. Por un lado tenemos al articulista de El Cañonazo que titula "El triunfo de Noelia". Por otro, eldiario.es titula "Noelia gana a los ultras Abogados Cristianos y muere tras casi dos años de batalla legal contra su eutanasia". Dos formas de decir lo mismo, igual de vomitivas ambas.
Lo que este caso revela es algo mucho más profundo y preocupante: abre una vía peligrosísima. Porque si el trastorno límite de la personalidad sin tratar es suficiente para acceder a la eutanasia, ¿qué impide que mañana sea una depresión, un trastorno de ansiedad o cualquier otro trastorno mental el que sirva como justificación?
Alguien que se quiere suicidar... nunca puedes titular eso como "triunfo". En cualquier caso es todo menos un triunfo, porque si una persona llega a ese extremo es porque algo ha fallado: la sociedad que no supo acompañarla, el sistema sanitario que no abordó su trastorno de fondo, las instituciones que priorizaron el protocolo sobre la persona, los que la rodeaban, los que tenían que haber estado y no estuvieron. Que alguien termine pidiendo morir no es una victoria, es un síntoma de que todo lo demás ya había fracasado. Por definición, es justo lo contrario a un triunfo.
Menudo titular más deleznable, "triunfo". ¿Triunfo? ¿De verdad llama triunfo a que una chica de 25 años con trastorno límite de la personalidad sin tratar, con intentos de autolesión desde la adolescencia, una historia de abusos y una violación múltiple a sus espaldas, termine siendo eutanasizada?
Usted dice ser profesor de ética desde hace 34 años, pues vaya ejemplo. Porque la ética, precisamente, exige poner las afirmaciones en cuarentena, contrastar las fuentes, no darlo todo por bueno. Usted da por hecho lo de las religiosas que "se colaron" y la "obligaron a firmar" como si fuera un hecho probado. Pero ¿cómo lo sabemos? ¿Hay pruebas? ¿O simplemente se lo creemos porque encaja con el relato que le interesa defender? Yo no digo que no fuera así, digo que no lo sabemos. Y eso, en ética, se llama dar por sentado lo que conviene.
Y lo de los dos comités médicos, 19 miembros, unanimidad. Llamativo, al menos, que ambos dependan de la Generalitat. ¿De verdad cree que si los hubiera nombrado un gobierno de otro signo político no habría sido más exigente con las garantías? No digo que estuvieran mal, digo que la confianza ciega en una institución por el mero hecho de ser "la tuya" es justo lo contrario de lo que debería hacer un profesor de ética.
Estoy a favor de la eutanasia, faltaría más. Pero mezclar casos como el de Ramón Sampedro —un hombre plenamente consciente, sin enfermedad mental alguna— con el de una chica con TLP sin tratar es de una irresponsabilidad mayúscula. El TLP no es una enfermedad terminal, es un trastorno que nubla la autonomía y genera pensamientos de muerte como síntoma. Y aquí no hubo un tratamiento de fondo, hubo un comité que dio el visto bueno y un protocolo que se ejecutó. Que eso sea el desenlace de un trastorno mental sin abordar en profundidad es, como mínimo, para detenerse a pensar.
Y soy plenamente consciente de que se dice en muchos medios que tenía dolores crónicos y estaba aquejada de varios problemas físicos. La pregunta es: ¿eran esos problemas incompatibles con la vida? ¿Tenían solución? ¿Se podían paliar de algún modo? Lo que personas como usted no quieren entender es que el trastorno límite de la personalidad te hace eso: te lleva a pensar que no hay salida, que el dolor es insoportable, que no merece la pena seguir. Y si encima ese trastorno no está tratado, cualquier decisión que se tome queda contaminada, anulada por la propia enfermedad. Por eso este caso resulta tan turbio, tan extraño, tan difícil de encajar en lo que debería ser una eutanasia limpia y garantista. Porque aquí la autonomía estaba secuestrada por un trastorno mental sin abordar, y nadie parece haber querido verlo.
Triunfo habría sido que le tratasen el trastorno límite de la personalidad. Triunfo habría sido que alguien se hubiera preguntado si antes de ayudarla a morir no había que ayudarla a vivir. Pero parece que eso no interesaba.
Ética, aquí, poca.
Aclaro por si acaso: cuando dije "la tuya" me refería a la institución que nombra los comités, no a la ideología del articulista. No sé cuáles son sus ideas y, sinceramente, no es algo que me incumba. Mi crítica es al sesgo de confiar ciegamente en una institución solo por ser la que los nombra, venga de donde venga.
Y en cuanto a lo de las religiosas, no digo que mienta, ni mucho menos, solo digo que hay multitud de versiones de los hechos y yo, por lo menos, no sé dónde está la verdad. He visto desde que no podía andar, luego aparentemente sí (aunque no sé de cuándo son los vídeos), que el padre no le hablaba, pero después hay vídeos de hace un par de años en TikTok con él, que rechazó la fisioterapia, que la violó uno u otro... todo es un caos. No acuso a nadie, solo quiero enfatizar que para acercarnos a la verdad, por poco que pudiéramos, necesitaríamos ver el historial real, cosa que creo que ninguno de nosotros ha visto.
Pienso que es respetuoso y tolerante, lo creo de verdad. Pero, de verdad, aquí con el TLP de fondo... me choca todo mucho. Y lo digo como familiar de alguien que tiene trastorno límite de la personalidad: es tremendamente difícil. Una persona con TLP sin tratar no tiene la autonomía que se le presupone en este caso. Eso es lo que me duele.
Es mi opinión, respeto la suya, por supuesto, pero no puedo estar nada de acuerdo. Dicho esto, mantengo que el titular "triunfo" en este caso me parece profundamente inapropiado.