La penúltima jornada sirve para constatar el éxito de la edición de este año, en donde más de 75 pintores llegados de distintos puntos del país han dado rienda suelta a su talento impulsados por el clima o la buena organización
Como si de un juego de imaginación y calado emocional se tratara, donde los colores y la idea cuentan más si cabe que el resultado, a vuelapluma la tercera y penúltima jornada de la muestra nacional de acuarela, se podría describir con tres palabras: unión, recuerdos, gratitud, términos que si ya de por sí están al alza en artistas de la misma escuela, ayer ganaban cuerpo y altura por los motivos expuestos y el propio contexto.
Unión porque de las conversaciones raudas que se mantenían entre paseo y paseo, con el caballete a cuestas, ésta era la sensación más perceptible: pintores oriundos de distintos puntos del país (y también de Marruecos) juntos por la misma pasión; recuerdos, porque aunque los más de 70 pintores y participantes de la muestra estaban aún inmersos en plena actividad, en sus ojos se intuía el brillo de la añoranza por los buenos momentos vividos estos días en nuestra ciudad; y gratitud, sincera y del grueso de la expedición, precisamente "por lo bien que ha estado organizada esta edición XV del simposio de acuarelas", explicaban ayer antes de acceder al interior del museo de las Murallas Reales donde cada uno de ellos expuso las más de cien obras que han pintado en Ceuta.
Cerca de ellos se encontraba Anabel Santos, viuda de Lucas Prado, el artista homenajeado en esta edición de la muestra, quien volvió a agradecer "que una ciudad tan querida para él como lo fue Ceuta, haya organizado este bonito acto y dentro de unos días de tanta luz".
Alrededor se formó al instante un grupo de artistas, un coro con aires bohemios y que, qué duda cabe, entraban ganas de retener por siempre en nuestra ciudad con el incontestable pretexto de la cultura por delante: discutían conceptos técnicos, intercambiaban pinceles, se mostraban sus acuarelas, todo hasta que montó su caballete el artista invitado por la organización, el pintor Mohamed Jaamati, natural de Tetuán y quien llevó a cabo, aún bajo la claridad del sol, un estudio de luces de las Murallas Reales para posteriormente plasmar su visión en una nueva obra.
Se abrió entonces otra vez e incluso con más vigor, casi como si de la Grecia de Sócrates y Platón se tratara, un sanedrín de artistas que lanzaban preguntas y adentraban al curioso en el mundo de la acuarela, todo ello ante las reflexiones que hacía Jaamati: "La acuarela es poesía en color"; "la acuarela no es una técnica, es una forma de sentir, de afrontar la vida"; "la acuarela es un arte muy ecológico y pasional", fueron algunos de sus pensamientos divulgados.
Le seguía con atención el presidente de la asociación ceutí de la Acuarela, Pedro Orozco, quien valoró las jornadas de una "manera muy positiva porque la gente ha disfrutado mucho y he notado que se han sorprendido del excelente tiempo que hemos tenido, un puente de auténtico lujo en cuanto a la luz y a la tempertaura se refiere, y esto para unas jornadas de pintura y sobre todo de acuarelas es fundamental porque de tal modo han podido captar las vistas, ver por ejemplo la Mujer Muerta entera, el Monte Hacho o el mar azul prusia".
Por todo ello, Orozco aseguró que "la organización está sumamente satisfecha por la muestra así como los presidentes nacionales y por supuesto todos los acuarelistas que han venido, esto unido a una buena acogida de la ciudad y una excelente gastronomía pues hace que haya sido una edición memorable", concluyó el presidente poco antes de que, ya por la noche, diera unas placas a los participantes y les deseara buen viaje en el día de hoy a sus lugares de procedencia, rumbo que tomarán con la memoria llena de imágenes entrañables.









