Debieron dejarlo hablar. Al menos para que todos nos enteremos de qué va todo este esperpento que se ve en la Asamblea. Debieron dejarlo hablar para que Carlos Verdejo nos explique si vota como quien juega a los videojuegos o lo hace con cierto margen de conciencia.
El espectáculo que vemos en las distintas sesiones plenarias debe merecer, al menos, una mínima explicación. Lleva meses sin tenerla, como meses llevamos asistiendo a una de las configuraciones plenarias más extrañas. Me atrevería a decir que hemos hecho historia.
A la mesa vacía de Duas, diputado preso que guarda -o mejor dicho, secuestra- su acta entre rejas, se suma esta especie de show en la que a los no adscritos que al menos rompieron con sus anteriores siglas se añade un Verdejo que dice ser de ‘Hispanos’, rompe la disciplina de voto según le plazca, pero mantiene numéricamente su inclusión en un Grupo con cuyos integrantes ni siquiera se habla.
Fatima Hamed, que no da puntada sin hilo, tiró la piedra atinando dónde debía, pero nos quedamos sin la respuesta de un Verdejo esquinado que parece estar jugando al tetris cada vez que le toca votar. Suerte el color que aparecerá en la plantalla, es todo un misterio.
La configuración política es un chiste. Eso de las siglas, los partidos, las normas… parece haberse perdido en un camino que ha venido para quedarse. Tiempo al tiempo.
Hubiera estado bien escuchar a Verdejo, al menos para que dijera con claridad lo que solo se ha atrevido a deslizar sin moverse cual peonza dando bandazos.






