La Guardia Civil acudía a Santa Catalina. Varios subsaharianos habían sido arrojados al mar por un sinvergüenza que escapó a sabiendas de que los que habían pagado por ese supuesto trayecto seguro no sabían nadar. Los agentes y otros ciudadanos salvaron a casi todos. Uno murió ahogado preso del pánico.
En ese mismo momento en el que los guardias civiles sacaban del mar el cuerpo sin vida, se celebraba muy cerca un acto social de esos de discurso y copa en mano. No se suspendió, tampoco hubo una mención a esa tragedia. Ahí estaba el PP.
Las dos escenas siguieron su curso. El muerto sin vida dirigido a la morgue y la clase política, copa en mano, a lo suyo que no es otra cosa que prometer, salsear y también sacar capote de torero para lidiar con las críticas periodísticas, aunque sea dando la estocada si se tercia para evitar que se sigan produciendo.
Recuerdo todo esto porque lo viví, por eso ahora me llama tanto la atención que el PP nos hable de las tragedias humanitarias, de los 42 muertos que llevamos o nos suelten perlas como las de “no podemos seguir viendo muertos en nuestras costas”.
La política es tan asquerosamente hipócrita que deja este tipo de mensajes. No pueden seguir viendo muertes en las costas, dicen, pero aquella vez, cuando tenían esa muerte tan cerca, solo asomándose a la ventana, obviaron la crudeza para seguir festejando y politizando un acto que beneficiaba.
No fue un caso. Han sido muchos más. Y no solo es el PP son los demás partidos. Aquí el PSOE ha preguntado por la identidad de un muerto porque pensaba que era un futbolista marroquí al que estaban buscando en el otro lado de la frontera. No he conocido otra llamada igual de insistente que aquella cada vez que los guardias civiles recogen un cadáver en el mar. Lo que pasa que no todos son futbolistas conocidos.
La política no me sorprende. Es la misma que se esconde cuando debe salir a dar la cara, es la misma a la que le importa bien poco lo que ocurre salvo que con su manido discurso y manipulación puedan sacar beneficio. Es así, pero les fastidia reconocerlo. No por vergüenza, sino porque hasta en la indignación se puede ser falso. “No podemos seguir viendo muertos en nuestras costas”, dice el PP. Tampoco los ven en los cementerios. No les gusta ni que se publiquen. Así, tal cual.







El artículo, vergonzoso.