No es que Pandora y el delegado del Gobierno tengan similitudes, aunque el segundo haya gritado a los cuatro vientos su disposición a abrir su codiciada caja, esa que encerraba todos los males de la humanidad. La primera terminó como terminó; el segundo, de momento, ha publicitado muchas promesas haciendo que tiemblen algunas de las columnas que sostienen a parte de la sociedad ceutí: las de la doble moral.
Desde que González Pérez trasladara a la Ciudad la necesidad de poner orden en el padrón para retirar todos aquellos empadronamientos ficticios, ha llovido mucho. Desde la institución municipal se confirma que se está en esa labor, pero nada se dice sobre la intención de examinar al detalle todas esas residencias fraudulentas a sabiendas de que incluso funcionarios municipales pueden verse salpicados. Hace cuatro días que ‘El Faro’ solicitó a la responsable de Gobernación, Yolanda Bel, algún dato al respecto. De momento nada se ha indicado. Profesionales de distintas ramas, agentes de las fuerzas de seguridad, rectos militares... además de marroquíes están, o deben estar, sometidos a una revisión de su estado. La clave está en si la administración seguirá adelante con los casos flagrantes de irregularidades que han sido permitidas durante muchos años. Tales son los casos de agentes que prestan servicio en Ceuta, fijan aquí su residencia para obtener beneficios fiscales cuando en realidad residen en la península a donde marchan nada más terminar un horario ajustado al turno americano. Hay casos de residencias en las que figuran todos los miembros de una misma familia y sorpresivamente aparecen otros dos que nada tienen que ver con el núcleo familiar, siendo de personas que cometen el fraude y que cuentan con el beneplácito del titular de la vivienda. También se incluyen residencias en las que están empadronados decenas de personas que llevan años sin residir en las mismas, pero a efectos económicos obtienen un beneficio por seguir fingiendo que viven aquí.
Es la Ciudad la que tiene que aclarar, con los agentes policiales que están en la unidad de revisión del padrón, todo este caos al que nunca se le ha puesto control. Un fraude que da la mano a otros. Tal es el caso de los alquileres fraudulentos de viviendas de protección oficial que figuran a nombre de adjudicatarios que no residen en Ceuta pero aparecen como si aquí estuvieran y encima explotan una vivienda que podría ser disfrutada por una familia necesitada. Durante años se ha permitido que el sistema funcione así, la clave, ahora, es si quiere destaparse la caja de todos esos males. O no.






