El regimiento rinde pleitesía al Apóstol durante un acto emotivo desarrollado en el acuarterlamiento Montesa y en el que hubo espacio para recordar los vínculos entre la unidad “y el primer jinete de España”
Santiago Apóstol, la luz, la certeza, la esperanza, es el camino de tantos ciudadanos del mundo, entre los que se hallan los militares encuadrados en el arma de Caballería, quienes se reunieron ayer en el acuartelamiento 'Coronel Galindo' por tal motivo: honrar a su patrón.
La tarde menos calurosa de los últimas jornadas (preciosa estampa con el sol cayendo por el horizonte) ambientó un acto celebrado en el citado acuartelamiento, morada habitual del Regimiento de Caballería Acorazado 'Montesa' Nº3.
Así, a las 20:30 horas dio comienzo la parada militar, estando al mando de la línea el coronel jefe del RCAC 3, Óscar Delgado Diestro, y una vez que las unidades se encontraron en el patio de armas, se incorporó el estandarte a formación, quedando así listos para ser revistados por el comandante general, Ramón Martín–Ambrosio Merino.
De ahí en adelante, pero siempre bajo un transparente manto emocional, el solemne acto castrense fue cumpliendo con los pasos estipulados, viviéndose un momento de especial intensidad cuando, por boca del coronel jefe, se mostró el pasado y el presente de la unión entre Patrón y Cuerpo, y poniéndose además en el horizonte una relación eterna y cómplice a más no poder.
"Sentid el sano orgullo de pertenecer al Arma de Caballería", narraba en su alocución Delgado Diestro, "y que el Señor Santiago, primer jinete de España, cabalgue siempre a nuestro lado y nos guíe y nos proteja para un mejor servicio a nuestra Patria".
También hubo tiempo para condecorar al personal merecedor de tal distinción así como para que se produjera un desfile motorizado, al mando del coronel jefe del Regimiento, y tomaran parte de una nutrida representación los medios acorazadfos, mecanizados y motorizados con que cuenta el RCAC 3, todo ello antes de que a los acordes del himno de Caballería, las gargantas se fundieran en una, entonando bellas estrofas que nos recordaron cómo debe de ser el espíritu de un jinete.






