MDyC vuelve a abordar el debate sobre la frontera del Tarajal. Y eso es bueno, por mucho que las hordas tiendan a linchar a Fatima Hamed.
Es bueno porque a fecha de hoy, en materia de frontera, seguimos navegando en un auténtico caos.
No lo evidencia solo Hamed, también los empresarios ponen el grito en el cielo reclamando que la de Ceuta sea tratada de igual manera que otra frontera. No se pide más, solo una igualdad y no ese desprecio en el que se incurre en la actualidad.
Del régimen de viajeros nada sabemos, lo que incide directamente en las compras que quieren realizarse en nuestra ciudad.
Hamed abre el debate para flexibilizar una normativa que, de momento, solo ha ocasionado problemas tanto en el ciudadano que cruza esa frontera como en una Guardia Civil que ha claudicado a la hora de realizar unos controles cogidos entre alfileres que se le pueden volver en contra.
No está mal que el Pleno aborde la situación que se da en frontera, tampoco que sea objeto de análisis y tratamiento político esa particular dictadura que se aplica en el tránsito de productos bajo la excusa del porteo, sin tener en cuenta el daño que genera en muchos sectores, hasta el punto de estar escenificándose en la actualidad un porteo distinto, directo hacia el puerto para cruzar la Península.
La frontera no puede ser la que era. Nadie en su sano juicio quiere eso, pero tampoco hay que someterse a unas normas tan inflexibles como extrañas de entender, resignándonos a ni siquiera hablar sobre ello, promover cambios, instar al Gobierno de la Nación a poner orden en el Tarajal siguiendo criterios de transparencia y no de discriminación, como ahora pasa.







Pero tiene que ser en ambos sentidos. Porque ya está bien de hacer el tonto. Si no es así ni un kilo.