Se llamaba Mohamed, tenía 26 años, soltero y huérfano de padre. Se había convertido en el único apoyo para el sustento de su familia, el sostén de todos ellos. Por eso quiso entrar en Ceuta sin pensar jamás que en el trayecto perdería su vida.
Su cuerpo fue recogido por la Guardia Civil a la altura de Juan XXIII este pasado martes. A su lado permanecía otro nadador que pudo salvarse. Esa jornada fueron varios los que intentaron el cruce más temerario de todos, el marítimo, bordeando el espigón que separa nuestra ciudad de Marruecos.
Hoy, la Unidad Orgánica de la Policía Judicial de la Benemérita lo ha podido identificar tras presentarse en la Comandancia dos familiares que residen en el CETI.
Las fotografías de su madre en la pantalla del teléfono móvil
La Guardia Civil había encontrado entre sus prendas un teléfono móvil, en su pantalla figuraban imágenes de su madre.
Sus familiares han entregado documentos de Mohamed, fotografías y, además, lo han reconocido.
Mohamed El Haouzy nació en Chaouen y ahora su familia solo piensa en poder repatriar el cadáver para darle sepultura en su tierra, para que su madre pueda velarlo.
Petición de ayuda
Los familiares solicitan ayuda para llevar a cabo ese trámite, para poder trasladar el cuerpo y enterrarlo en su propio país. Tienen presente a esa madre que ha quedado desolada, que ya sabe de la muerte de su hijo mayor y que solo aspira a poder despedirse de él.
Los familiares piden apoyo para transportar el cuerpo y enterrarlo en Marruecos. Viven en una zona del desierto, cerca de Oued Laou, en Qaa Asras.
Hace unos días denunciaban su desaparición
Hace solo unos días hacían un llamamiento para dar con él, toda vez que no tenían noticias después de emprender la ruta hacia Ceuta. Temían lo peor, hoy han constatado que sus temores eran ciertos, que el joven había sido una nueva víctima de la inmigración.
Aquel mensaje de “pedimos ayuda, quien tenga información llame al teléfono 212 656-045532” suena ahora terrible. Cuando se hacía, Mohamed ya estaba muerto.

El sostén de su madre y hermanos
Mohamed se hacía cargo de su familia. Su madre, desempleada y sin recursos económicos, afrontaba cuantiosas dificultades para salir adelante. Eso fue lo que llevó al joven a intentar cruzar a Ceuta para llegar después a algún país europeo en donde obtener un trabajo y ayudar a su progenitora y hermanos menores.
“Quería mejorar su calidad de vida”, explica su entorno familiar.
Mohamed es uno de esos 30 fallecidos de la estadística trágica que tanto se publica en los medios de comunicación. Representa alguno de los motivos de por qué los marroquíes se echan al mar, por qué se exponen a muertes más que probables.
No tenía nada, pero sí una enorme responsabilidad de cuidar de sus familiares. Ahora son ellos los que buscan apoyo para traer el cuerpo a su país, aunque sea dentro de una caja de madera, el regreso nunca deseado.
Las trabas en la frontera
La exigencia del visado como medida impuesta tras la reapertura de la frontera después de la pandemia se ha convertido en un veto al acceso de familias que quieren entrar en Ceuta para reconocer a sus familiares muertos.
En este caso también ha sucedido, pero se ha podido contar con residentes del CETI que han podido identificar, sin duda alguna, al joven.
La frontera es un veto también para aportar muestras de ADN que, de inmediato, pudieran servir para la identificación de los cuerpos.
La situación actual ralentiza cualquier labor extraordinaria en la identificación de los cuerpos. La falta de cámaras de congelación impide poder aguantar los cuerpos durante el tiempo necesario que permita que dejen de ser un número.







El eterno cuento...que acaba, por desgracia, una vez más, mal...
Ya has visto el final....
Pues ya no vas a ayudar a nadie. Hacer las cosas mal.
D.E.P.