La lucha de las mujeres debe ser una revolución permanente, un largo camino por senderos tortuosos, un cambio de paradigma social que implique la absoluta igualdad respecto al hombre.
Occidente avanza, da pasos firmes, vence pero no convence del todo. El derecho al voto, al trabajo, a la igualdad de oportunidades a ocupar los mismos puestos que ocupan los hombres, a la maternidad compartida... Estamos a años luz respecto a otros países aunque quedan muchas revoluciones pendientes de todo tipo: el micromachismo, las ideologías de ultraderecha, por ejemplo Abascal, que niegan la violencia de género y lo tacha de una ideología de extrema izquierda.
Hay otros países y otras mujeres: asesinadas, violadas, castradas, prostituidas, vendidas, torturadas, lapidadas, ahorcadas por cualquier motivo, obligadas a contraer matrimonio aunque sean niñas.
No son consideradas personas, son esclavas en el más puro sentido de la palabra.
El feminismo es una reflexión sobre el ser humano a lo largo de la historia, una filosofía que da pistas sobre la condición humana en todas sus facetas.
En el pasado terremoto ocurrido en Afganistan, las mujeres y los niños fueron la mayoría de las víctimas pues ellas están confinadas al hogar.
El terremoto en el este de Afganistán deja ya más de 2.200 muertos. Los medios de comunicación muestran a rescatistas y vecinos retirando escombros, hombres junto a los cuerpos de sus seres queridos. Las mujeres brillan por su ausencia en la mayoría de imágenes y vídeos de la zona del desastre, no aparecen ni como víctimas ni ejerciendo de rescatistas y enfermeras en los hospitales de la zona.
Los talibanes han borrado a las mujeres del espacio público. Les ha prohibido el acceso a la educación y el trabajo, no pueden hablar en público o interactuar con hombres que no sean de su familia. La prohibición del contacto entre mujeres y hombres sin parentesco,incluso en situaciones de emergencia, ha provocado que muchas mujeres heridas por el seísmo no hayan sido atendidas, incluso algunas han sido abandonadas bajo los escombros.
Se prohibe a las mujeres el acceso al mundo laboral. No hay enfermeras, médicas pues no se les permite ir a la universidad.
Los hombres de la familia no permiten que mujeres o niñas sean vistas por extraños ni reciban ayuda de desconocidos.
Es como si en las imágenes que nos llegan de la catástrofe a las mujeres se las hubiera tragado la tierra.
“Occidente siempre mira con curiosidad, pero no mueve un dedo. Gaza es un ejemplo del fracaso”
No tienen derecho a la educación ni al trabajo. La vestimenta debe ser estricta: estar cubiertas desde la cabeza hasta los pies.
Se enfrentan a castigos como azotes, palizas e insultos. Se prohibe los zapatos de tacón pues el sonido podría ser escuchado por los hombres. No pueden hablar en público. No pueden salir de casa si no van acompañadas de padre, hermano o marido.No se les permite subir a un autobús con hombres.
No pueden elegir con quién se casan, cuántos hijos/as quieren tener. No pueden asomarse a los balcones o ventanas de sus domicilio para evitar que cualquier extraño pueda verlas.
Nadie puede fotografiar o filmar a mujeres ni publicar imágenes de ellas impresas en revistas y libros. No pueden protestar aunque las torturen sus maridos. queda vetada la libertad de expresión que ha sido borrada del mapa para ellas.
Parece ridículo que le demos tanta importancia a modificar el lenguaje con la que está cayendo: jovenes y jóvenas, Congreso de los diputados y diputadas, Colegio de abogados y abogadas...
El feminismo es un estar el mundo...y cuando digo mundo, digo mundo. No podemos perder fuerzas porque esas fuerzas las necesitamos.
Hay esperanza donde la esperanza es impensable: mujeres que se quitan el velo, mujeres que llevan el pelo suelto, mujeres que se manifiestan en las calles, mujeres que nos recuerdan que no podemos olvidarlas ni abocarlas al ostracismo.
Occidente siempre mira con curiosidad pero no mueve un dedo.
Gaza es un ejemplo del fracaso de una sociedad que mira sin ver, oye sin escuchar mientras los genocidas hacen su trabajo.
Si no hubiera sudo por el terremoto nadie hablaría de esas mujeres que no son, que no existen, que no cuentan, que no sienten.
Gandhi decía: "Más que las acciones de los hombres malos, me duele el silencio de los hombres buenos".







Te has quedado muy cortito con la crítica.
Vaya a ser que se te enfaden por ahí. ¿No?