Salvar vidas. Ese es el objetivo. El único para la Guardia Civil. 26 muertos pesan como losas. Son 26 tragedias, historias de jóvenes e incluso niños que dejaron sus vidas en el mar en los intentos de cruce a Ceuta desde Marruecos.
La cifra impacta, pero que no haya sido mucho mayor es gracias a los componentes del Servicio Marítimo que se la juegan en cada una de sus salidas.
Este sábado, de nuevo, han sacado a gente del agua, menores y adultos. En una Ceuta que vive una realidad paralela. Una, la de la frontera; otra, la de la propia sociedad caballa que disfrutaba de una competición de triatlón en el mismo momento en el que decenas de personas se echaban al mar con otros fines.
Son las caras enfrentadas de una situación que marca a una ciudad frontera que absorbe los daños colaterales derivados de con qué pie se levante esa mañana Marruecos.
Puede haber colaboración, puede que no; puede haber mayor implicación en los rescates o menos. Los jóvenes siguen esperando el momento para echarse al mar en un septiembre de presión en el que sobre todo los menores buscan el pase a Ceuta. Sucede todos los años.
Este sábado, con un oleaje claro, las embarcaciones pequeñas de la Marina Real marroquí ni siquiera se ven.
Salidas y rescates sin freno
Los intentos de entrada se hacen preferentemente por el Tarajal, pero también la presión se hace notar en Benzú. Allí, el cierre de toda la zona próxima al espigón no impide que los magrebíes se echen al agua o huyan hacia la estructura que se cae a trozos esperando la actuación del Ministerio del Interior para acceder, prácticamente, andando.
Durante toda la mañana, el Servicio Marítimo no ha cesado en las salidas. Cargas y descargas de personas. En ocasiones haciendo maniobras complicadas, aproximándose a zonas rocosas donde los rescates se antojaban imposibles.
Los agentes de los GEAS han estado también varias horas en los puntos más próximos al entorno fronterizo.
El mar, embravecido, se empecinaba en convertir estas tareas en más complicadas sin opción al descanso o a la pausa.
Entregas a Marruecos
En furgonetas del Instituto Armado, eran traslados a la propia frontera aquellos inmigrantes recogidos en el mar para su posterior identificación, después de su inicial traslado a la base de la Compañía Fiscal en el puerto.
Es un modo de proceder mecánico. Se salvan vidas, se identifican, los menores pasan a los recursos de la Ciudad Autónoma en donde casi hay 600 acogidos, y los adultos se retornan a la frontera. Pero en esos pasos mecanizados puede haber quiebras, momentos de máxima tensión en donde se pone a prueba todo, la vida de los que entran a nado, pero también la seguridad de los guardias civiles.
Al Ministerio del Interior le preocupan únicamente las estadísticas. En los despachos se trabaja con números que, manejados de forma favorable al interés político, ofrecen una realidad que no cuadra con la que realmente se da en la frontera sur.
En esa hilera de tantos por ciento no se habla nunca de los intentos continuados a diario. Unas noches más de 300, las que menos no alcanzan el centenar. Pero prácticamente todos los días se producen incursiones dibujando un panorama muy preocupante de presión a la que hacen frente los agentes que están de servicio en el mar, pero también en el vallado.
La coordinación de las diferentes unidades hace posible que esa frontera sur no se haya convertido en este verano en escenario de una tragedia mucho mayor. La clave está ahí, pero sobre todo en la cooperación marroquí. Si esta no se produce, por más que la Guardia Civil disponga de mayor número de agentes, no existe filtro para parar la presión.
Este sábado, Marruecos no está sacando sus embarcaciones. La realidad se aprecia en el no parar de los agentes de la Guardia Civil mientras jóvenes siguen echándose al mar.






