Una protectora de animales nunca debe convertirse en un espacio donde simplemente se mantengan perros en cheniles, sin más. Hacerlo, incluso, podría considerarse hasta cierto punto una forma de maltrato animal.
Una protectora tiene la obligación de contar con instalaciones adecuadas, donde los perros dispongan de espacios apropiados y adaptados a los protocolos establecidos por especialistas y etólogos, diseñados para garantizar no solo su bienestar físico, sino también su equilibrio emocional y psicológico.
Es fundamental fomentar que los perros estén lo más equilibrados posible. Por ejemplo, los cheniles nunca deberían estar enfrentados, ya que el hecho de que los animales se vean continuamente genera nerviosismo y estrés innecesario.
Asimismo, todo el personal de la protectora —trabajadores, voluntarios, paseadores— debe contar con formación básica en educación canina y seguir protocolos claros para lograr que los perros estén tranquilos, felices y que su estancia, aunque temporal, sea lo más agradable posible. Un perro equilibrado tiene muchas más posibilidades de ser adoptado que uno que no lo está, en parte por la falta de conocimiento de quienes entran en contacto con él.
Los voluntarios, en especial, deberían recibir cursos de formación sobre cómo tratar a los perros que sacan a pasear. El paseo y la interacción no son un mero trámite: son momentos clave para el bienestar y equilibrio del animal.
Por otro lado, el ayuntamiento —como máximo responsable de los animales abandonados, recogidos en el zoosanitario o derivados a la protectora— debe comprender que no se trata simplemente de construir cheniles de cualquier manera. Su obligación es proporcionar unas instalaciones adecuadas, pensadas para favorecer el bienestar integral de los animales. Además, debería implicarse activamente en que etólogos especializados impartan cursos tanto a trabajadores como a voluntarios y a cualquier persona que tenga contacto con los perros, ya que no todos los animales reaccionan igual: su comportamiento depende en gran medida de las experiencias que hayan vivido.
Finalmente, es imprescindible que los protocolos de actuación que se establezcan sean cumplidos rigurosamente por todas las personas que interactúen con los perros.
Solo así se garantizará su bienestar real y se aumentarán sus posibilidades de encontrar una familia definitiva.






