Punto y final a la pesadilla. En la mañana de ayer y por orden del juzgado número 3, se conseguía el desalojo de un bloque de viviendas de la calle Alfau repleto de ‘okupas’ que habían convertido hasta ocho de las viviendas en su hogar desde que decidieran “de la noche a la mañana”, cuentan sus propietarios, hacerse con ellas.
La familia Valriberas, dueña del inmueble, emprendió aquel diciembre de 2010 un camino judicial para conseguir el desalojo del edificio, que ya fue protagonista de un amplio reportaje de ‘El Faro’ sobre este fenómeno, asentado con fuerza en la ciudad. Iniciado el proceso judicial pertinente, tras llevarse a cabo un reconocimiento del inmueble, identificar a todos sus moradores e informarles de que tenían que abandonarlo, en la mañana de ayer la Policía Nacional apoyó las labores para que todos los ‘inquilinos okupas’ se fueran. Lo hicieron sin resistencia, salvo los ocupantes de un ático que querían quedarse algunos días más pero que después aceptaron la medida.
Durante toda la mañana los ‘okupas’ sacaron sus enseres, dejando las viviendas que, por su antigüedad, ya no podían ni ser alquiladas ni podían servir de hogar. Se llevaron, en algunos de los casos, incluso los inodoros. Poco a poco los 30 ‘okupas’ (matrimonios y algunos niños que ocupaban el bloque, el 50% de Marruecos) se marcharon. Entre ellos alguna embarazada y dos bebés que han nacido en este periodo de ‘okupación’.
La familia Valriberas se ha visto obligada a tapiar el bloque para evitar que vuelvan a entrar ‘okupas’ y a contratar un servicio de seguridad privado hasta que terminen estas tareas. Por lo menos, y por vía judicial, han podido recuperar el edificio de su propiedad, dando forma a uno de tantos casos que están llegando todas las semanas al juzgado. La instancia judicial y la Fiscalía están de hecho acelerando las actuaciones para evitar, entre otras cosas, la indefensión de los legítimos dueños de los inmuebles.
Detrás de estos fenómenos hay además mucho de delincuencia. En el caso del inmueble de Alfau llamó la atención cómo, en sólo 24 horas, se llenó de ‘okupas’. ¿Cómo sabían que el bloque acababa de quedarse vacío?, ¿quién fue la persona que captó a familias diversas para que entraran en las casas? Nunca se supo, ni los ‘okupas’ lo quisieron confesar cuando este medio entró en sus viviendas para hablar sobre el asunto.
Ahora buscarán otra vivienda en donde entrar, dibujando un panorama que ha terminado por cambiar la fisonomía de barriadas enteras, ya que el resto de vecinos desconocen quiénes son esas personas que se meten en viviendas, de las que acostumbran a salir solo de noche para evitar la acción policial, y que nadie sabe a qué se dedican.
La Policía sabe de este tipo de actuaciones pero resulta complicado localizar a quienes se dedican a facilitar la detección de viviendas abandonadas para servir a los ‘okupas’ a los que, ellos sí, les cobran un dinero y les facilitan la toma de suministro de luz del tendido eléctrico viario, como estaba sucediendo en este bloque.
Propietarios legítimos de viviendas se han tenido que meter en procesos judiciales para recuperarlas y se han dado casos de verse obligados a pagar alquileres mientras su propiedad está sirviendo de hogar para otras personas.







