Por fin este país ha evolucionado al empezar a darle importancia a todo lo que tiene que ver con la salud mental. Esa parcela dejó de estar olvidada, oculta, para empezar a gozar de una necesaria sinceridad social. La vergüenza de antaño ha dado paso a la visibilización y a reconocer que todos, en algún momento, podemos necesitar la ayuda de un profesional.
Por eso, precisamente por eso, cuesta entender el extremo al que hemos llegado. La situación tan tercermundista como la actual, con falta de especialistas, con un hospital sin profesionales, con pacientes que deben ser derivados y con nuestros niños, lo más preciado, sin esta atención especial.
Que se haya llegado a este extremo es culpa de una dejación absoluta, de años en los que no se ha protegido la sanidad pública como se debiera, de periodos en los que no ha habido interés por conseguir que Ceuta fuera tratada como lo que es, una tierra muy especial que, por eso, por esos condicionantes, necesita ser mimada con beneficios y atractivos especiales.
No se ha hecho y estas son las consecuencias. No lo ha hecho ni el PP ni el PSOE, partidos que juegan a arrojarse los trastos uno a otro con tal de escudarse y ocultar sus vergüenzas.
Hoy, cuando tenemos un presidente que para un país durante días enarbolando precisamente la bandera de la salud mental, tenemos una crítica situación sanitaria a la que hemos llegado porque no se ha hecho el trabajo.
Esto tiene una consecuencia directa sobre el paciente, y de la misma es responsable la clase política que lleva a que cualquiera de nosotros, en cualquier momento, pueda necesitar de esta atención y no la obtenga.
No, la solución no es garantizarla fuera de la tierra. La solución es hacer bien el trabajo. No lo han hecho, ni antes ni ahora.






