Ramón y su Ángel
Se conocieron hace ya más de tres décadas. Él se encontraba en Las Palmas y había acudido a misa. Ella estaba en un banco de la Iglesia y cuando Ramón regresaba a su asiento de comulgar la vio. Dice que se quedó prendado."Entonces iba cada día y la buscaba con la mirada". Allí comenzó una historia de amor verdadero, puro, que se ha ido consolidando a medida que ha pasado el tiempo.
"Primero como una amistad en la que cada vez había más cariño", explica Juana Ángel. "O Angelito, como él la llama cariñosamente", comentan algunos de los amigos que ayer les esperaban a las puertas de la Catedral para asistir a su enlace religioso. A ninguno les pilló la noticia por sorpresa. Todo aquel que conoce a la paraje sabe que "se adoran, que llevan ya muchos años juntos y son el uno para al otro". Pero ambos reconocen que ayer se estaba haciendo realidad un sueño por el que llevaban mucho tiempo esperando. Él, sevillano. Ella, canaria. Ella trabajaba en el sector turístico y él se dedicaba a los negocios de una empresa que vendía material didáctico y científico alrededor del mundo. Y la conquistó poco a poco. "De Ramón me gusta todo", dice Juana Ángel cuando se le pregunta sin ningún reparo. La misma respuesta tiene Ramón para ella, que la escucha atento cuando dice que "me conquistó su inteligencia, su cultura, su ternura y sobre todo su poesía y su voz". Sigue siendo un galán. "Ya no me queda voz", admite apesadumbrado reconociendo que dedicó parte de su tiempo a componer versos. A finales de los años 40, se le conocía como 'El poeta de Sevilla', de corte romántico y estilo que podía recordar a Bécquer, algunos se atrevían a tildarle como 'El segundo Bécquer'. Muchas de sus composiciones se inspiraban en la musa de su vida. En su Ángel. Él reconoce los logros literarios pero es ella la que lo explica a las puertas del templo minutos antes de darse el 'si quiero' ante el Señor. "Ambos somos católicos apostólicos y para nosotros es muy importante dar este paso aunque llevemos juntos más de 25 años". Y lo han querido hacer en Ceuta, una ciudad a la que Ramón llegó con 16 años de la mano de Millán Astray, un fiel amigo de su padre con el que a menudo "compartían cañas de manzanilla en nuestra casa, y digo cañas, porque así la bebían, en vasos de caña", apunta. Pasó un total de cuatro años, tiempo que le bastó para ser para el resto de su vida "un fiel legionario y un hombre muy importante para el Cuerpo", explicaban dos de los invitados al enlace que siguen ligados profesionalmente a la unidad fundada por Millán Astray. "La Legión significa muchísimo en mi vida... tuve que irme al ser reclamado por mis padres y de Sevilla marché a Madrid a estudiar Periodismo. Tras ejercer un tiempo como profesional de los medios, posteriormente optó por los estudios diplomáticos ocupando el cargo más importante de la diplomacia española en Panamá. Ahora, viven entre Madrid, Buenos Aires, Sevilla y Ceuta. Desde ayer, unidos en Santo matrimonio.
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