Este año quería despedirme de la selectividad e ir cerrando puertas para abrir otras. Ya no volveré a la Granada de Lorca en calidad de vocal de la P.A.U., hay un tiempo para todo y en cada época de nuestra vida navegamos por mares distintos buscando a Ítaca, sabiendo que Cronos nos persigue para devorarnos.
Mi experiencia en estas lides es de "veterano de guerra"; he estado en las pruebas de acceso a la universidad tantas veces como veintiuna y las múltiples experiencias han merecido la pena: pisar de nuevo el campus universitario, conocer compañeros de otros centros, compartir correcciones, charlar sobre lo divino y lo humano mientras pasas horas y horas encerrado en un aula con los correctores de tu materia.
Las Moiras representan la noción divina del Destino y esta vez ellas quisieron que conociera a Eva, profesora de Griego en un instituto de Granada. Entablamos una complicidad cercana, una empatía en la que se tiene la sensación de conocer a alguien de toda la vida.
Nos tocó vigilar el aula durante tres días. Como la novela "Cinco horas con Mario" yo estuve "18 horas con Eva". En la obra de Miguel Delibes Mario está muerto y frente al Cadáver de su marido, Carmen Sotillo, su esposa, va relatando su vida, su personalidad y sus experiencias vitales al finado.
Eva, mi compañera, durante las 18 horas compartidas me recordaba a mis luchas, mis posicionamientos, mis reivindicaciones y mis maneras de estar en las entrañas de la docencia.
Yo no era Mario, pero en esta despedida que ya llega a su fin, quería escucharla. Eva representaba a esa profesora reivindicativa, incómoda para el poder, sin miedo a decir su verdad, sus argumentos posicionados con la enseñanza de calidad.
Su apuesta por la asignatura de Griego le estaba causando en su instituto grandes problemas. La frase latina "Si vis pacem, para bellum" significa "Si quieres la paz, prepárate para la guerra". Y eso hizo Eva. Usó su inteligencia para desarmar a la directiva del instituto. Conocedora de las leyes, argumentando los motivos para ofertar a los alumnos esta asignatura, promoviendo las lenguas clásicas para futuros estudiantes de filología, haciendo ver los recursos humanos que representan los docentes con destino definitivo en el Centro.
Eva representó para mi Atenea, diosa de la sabiduría, las artes y la guerra justa, conocida por su inteligencia estratégica.
Eva era Hermes era el mensajero de los dioses, el dios del comercio, la astucia y la suerte.
Eva había heredado de Hermes el don de la elocuencia y la habilidad para persuadir a los dioses y a los mortales.
Sabía que Eva esta vez no se dejaría embaucar por el diablo que le ofrecería no complicarse la vida y pasar de todo compromiso con la enseñanza. No comería de esa manzana y gritaría en los claustros de la fruta envenenada.
Eva, mi compañera de selectividad, firmó un pacto con ella misma y se declaró insumisa frente a una administración que evita los problemas, frente a una directiva que se cree tener una patente de corso para hacer y deshacer a su antojo, frente a la inacción de sus compañeros que se quedaban mudos frente al poder pero que decían apoyarla en privado.
Cuántas Evas nos hacen falta en la enseñanza, cuántas tentaciones en forma de manzana, cuántas Ayusos exclamando: ¡me gusta la fruta!
Ojalá que de la costilla de Eva salga Adán y, entre los dos, luchen codo con codo por la enseñanza pública.
Mientras existan personas como Eva, el mundo no puede pararse.
Nos despedimos bajando del autobús. ¿Quién sabe si todo esto ha sido un sueño?
147 exámenes de Filosofía me despertarán a la triste realidad del sistema.
Y, mientras tanto, pensar en el lema de las madres de mayo: "Las luchas que se pierden sin las que se abandonan".






