El chelista Enrique García participa hoy en el Certamen Nacional de Interpretación ‘Intercentros Melómano’, que se celebra en Madrid
Tiende a pensarse que el esfuerzo acarrea siempre una recompensa, como la noche antecede al día. Un ejemplo de esa relación causa-efecto, no siempre tan mecánica como se querría pensar, es el caso de Enrique García Galera, un joven músico ceutí a quien hoy le espera la recompensa de diez años de concienzudo estudio en un concurso nacional. A aquella mañana le ha sucedido el mediodía como a las durezas de sus dedos, encallados por las miles de horas de chelo, duros como el metal, le continuará, como mínimo, una forma de ganarse la vida.
Hoy tiene lugar en Madrid la décima edición del Certamen Nacional de Interpretación ‘Intercentros Melómano’, un evento organizado por la Fundación Orfeo y que consta de participantes de grado profesional procedentes de toda España. A Ceuta la representa Enrique. Antes del día decisivo, hoy, el joven ha estado los últimos días en Sevilla ensayando el repertorio de la final, junto a la pianista que lo acompañará en el escenario.
Jean Baptiste Breval y Robert Schumman han sido los músicos elegidos para la interpretación del ceutí, el primer concursante del Conservatorio Profesional de Música local que no toca el piano. “La gente me dice que se me da mejor la expresión que la técnica”, dice Enrique a la hora de referirse a Schumman, cuyas composiciones se acercan más al modo de transmisión del músico ceutí. Pasión. Expresión. Aunque quienes lo conocen también aseguran que se trata de uno de los alumnos de chelo más brillantes que ha conocido las aulas ceutíes. Entre las cualidades conocidas: la seguridad, la técnica, el talento y, sobre todo, la capacidad de trabajo: lo de hoy, sea cual sea el resultado, no es más que una recompensa a las tardes en vela persiguiendo la claridad de una semifusa que se resistía.
Pero la siembra no ha de parar, principalmente si la tierra es de la fertilidad que aparenta. En el valle del Guadalquivir tendrá Enrique un amplio erial donde continuar haciéndose como músico, una vez concluidos sus estudios en el centro ceutí. Su próximo destino será Sevilla, ciudad donde cursará los primeros años de los estudios superiores. Ese es el verdadero camino. Lo de hoy no es más que una recompensa a sus primeros diez años de músico, sea cual sea el resultado. Claro que al reconocimiento le han precedido miles de horas de estudio y una mano dura como un metal precioso.






