La situación en la que se encuentra el Príncipe es caótica desde cualquier punto de vista. Ese caos a todos los niveles, que incluso fue abordado de una manera profesional por el arquitecto Javier Arnaiz en las charlas que sobre arquitectura ha organizado el IEC, debe cortarse con una buena previsión. Buena y acertada. Las administraciones, que buscan efectos rápidos con los que calmar las críticas mediáticas y populares, parece no moverse en estos parámetros acumulando los errores. Lo hemos visto con la organización de controles que han resultado ser una auténtica pantomima y lo vemos con anuncios que no terminan de cobrar forma. Urge una visión global y general de todo lo que sucede en la barriada para poder obtener éxitos. La política de la salida facilona sólo genera mayor desconcierto y no hace sino engordar una problemática para la que hay soluciones. Buenas previsiones, políticas inteligentes y menos show son los factores que deben pesar y que, de momento, parece que no se han dado la mano.





