Más allá de placas, diplomas y honores, se trataba de reconocer la labor humanitaria, la mano amiga, el don de la solidaridad que, durante todo el año, demuestran, con horas de dedicación y un puñado de buenos sentimientos, aquellos profesionales e instituciones que colaboran permanentemente para que las horas de soledad, hastío y desesperanza en los reclusos del Centro Penitenciario de Los Rosales sean un poco menos severas y duren menos minutos.
Otro años más, el Día de la Patrona de los presos, Nuestra Señora de la Merced, esa jornada de celebración y de actos institucionales que reúnen a funcionarios, políticos y demás personas públicas con internos, fusionando por unos instantes la libertad con el oscurantismo de un presente entre rejas. De ahí que vieramos al presidente Vivas, al delegado Fernández Chacón, a Carracao y, en definitiva, a la plana mayor de la clase política de la ciudad, sonreir, pasear, dialogar con la naturalidad de quien está en medio de una pradera y no en el patio del penal de la Ciudad –por poco tiempo: ya saben la construcción de la nueva cárcel, el complejo que el delegado del gobierno calificó de “una ciudad dentro de la ciudad”– y todo ello a pocos metros del grueso de presos, quienes también vivieron un día con mayor agitación de lo habitual y que supieron reconocer los esfuerzos realizados para que se sintieran cómodos, por ejemplo con aplausos que atronaban desde el interior de la prisión.
De esa labor bien saben los premiados de La Merced de este año, que uno a uno, fueron acudiendo para recibir la placa que materializa el honor concedido y que “nos incitan a seguir en la misma lid”, aseguraban al unísono Juan Carlos Fernández Ruiz, Juan Cubo y Alfredo, los tres funcionarios que recibieron un reconocimiento por su trayectoria profesional en servicio del Centro Penitenciario. Acudieron en grupo a recibir cada uno su placa, entre los vítores del centenar de personas congregadas en el patio exterior y las palabras de Juan Hernández, director del centro penitenciario, quién pronunció un discurso sencillo y directo, emotivo y riguroso que dividió en elogios, cuyos destinatarios fueron los premiados “y el personal que coopera para que el funcionamiento de esta prisión sea cada día mejor”.
Respecto a los homenajeados, Hernández quiso ensalzar y agradecer dirigiéndose directamente a ellos “a Cruz Roja que recibe la Medalla de Plata al Mérito Social penitenciario, concedida por la SGIP, porque tenéis un equipazo que realiza una labor fundamental que se alarga ya muchos años sin la cual esta prisión, y me atrevería a decir que esta ciudad, no sería la misma; al capellán Sevilla Segovia por tu inmensa humanidad y por hacer buena esa máxima que mantiene que ‘hay que dirimir al cautivo’ y que tú cumples con creces y que espero que te dé fuerzas para que puedas seguir cumpliéndola muchos años; a Mohamed Ahamed, por hacer mucho bien y por formar a tantos presos, algo que es uno de nuestros objetivos principales, y además hacerlo con una humildad que te engrandece; a los funcionarios porque sois grandísimos profesionales y no sólo ahora o en los últimos tiempos sino desde que entrásteis hace veinticinco años lo que os hace ser funcionarios ejemplares de los que marcan camino”.
Asimismo, Hernández se mostró “orgulloso de la plantilla de Los Rosales, del año próspero que estamos teniendo y de los premios y reconocimientos, algunos a nivel internacional, que recibimos y que hace que llevemos el nombre de Ceuta por toda Europa mediante programas de reiserción social o de talleres orientados a combatir esa lacra que es la violencia de género”.
Cuando el director finalizó el discurso, sobrepasaban treinta minutos sobre la una de la tarde, tiempo para que el patio se convirtiera en una especie de pasarela por la que desfilaban, haciéndose hueco entre las mesas, ya repletas de aperitivos típicos de la gastronomía patria, los tres funcionarios, premiados por las Buenas Prácticas en Materia Penitenciaria por el Programa de Intergración Multicultural; José Manuel Durán Alguacil, presidente de Cruz Roja en Ceuta, que recogió en nombre del organismo la Medalla de Plata al Mérito Social Penitenciario; Alejandro Sevilla Segovia, doctoral de la Santa Iglesia Catedral, un histórico que vio cómo la prisión destacaba su labor de años; y Mohamed Ahmed, quien recibió una placa por impartir un curso de albañilería.
Ahora sí, llegaba la hora del almuerzo y de brindar las copas de vino para celebrar una jornada en la que se reconocía la labor de aquellas personas que hacen que una condena sea un poco menos amarga de lo normal.
Pacífica concentración de ACAIP y APFP en la puerta de la prisión
A la hora en que estaba programado el acto central de la celebración de la Merced, patrona de los presos, estaba también prevista una concentración convocada por la Asociación Profesional de Funcionarios de Prisiones, denominada con las siglas APFP, y el sindicato ACAIP, y que finalmente se produjo, aunque tal vez con menos afluencia de la prevista inicialmente.
Con una carta que rezaba ‘Todos con Pablo’, APFP y ACAIP hacían llegar a políticos, autoridades y demás asistentes al acto, todas y cada una de sus reivindicaciones, centradas específicamente tal y como informó ‘El Faro’ en su edición de ayer, viernes, en los siguientes puntos: los medios para la reinserción “insignificantes”, los cursos “sin alicientes”, las condiciones laborales “impresentables”, las instalaciones “obsoletas”, la seguridad que está “en tela de juicio”, la reciente suspensión de empleo y sueldo de un compañero, la rebaja del 5 por ciento, y la “falta de consenso” y de atención a los sindicatos son sus reivindicaciones. Asimismo, destaca el carácter pacifista, respetuoso y encomiable que tuvo en todo momento la concentración, que se desarrolló sin que ninguno de los actos programados en el interior del Centro Penitenciario fuera boicoteado, algo que ya ocurrió en la ceremonia del año pasado, donde se produjo otra protesta similar.















