Opinión

1994: ¿el año en que Ceuta renunció a su futuro?

Hay momentos en la historia de una ciudad que solo se comprenden con el paso del tiempo. En mi opinión, 1994 fue uno de ellos. Mientras muchos celebraban la aprobación del Estatuto de Autonomía de Ceuta, algunos advertimos que aquello no era la solución, sino el origen de un problema que décadas después continúa condicionando nuestro presente.

Nuestra postura fue ridiculizada. Se nos acusó de exagerar, de crear conflictos donde no los había o de perseguir un imposible. Treinta años después, sigo convencido de que el tiempo nos ha dado argumentos para mantener aquella posición.

Ceuta no se convirtió en una Comunidad Autónoma. Se creó una figura singular: la Ciudad Autónoma. Una categoría que no aparece expresamente recogida en el modelo territorial diseñado por la Constitución de 1978 y cuya naturaleza jurídica ha sido objeto de interpretación por parte del Tribunal Constitucional en distintas resoluciones. El propio tribunal ha señalado que Ceuta y Melilla no constituyen Comunidades Autónomas en el sentido del Título VIII de la Constitución, sino entidades con un régimen específico derivado de sus Estatutos, ayuntamientos con más competencias.

La diferencia no es únicamente terminológica. Tiene consecuencias políticas, jurídicas e institucionales.

Durante décadas defendimos que Ceuta debía acceder a la condición de Comunidad Autónoma mediante la Disposición Transitoria Quinta de la Constitución. Nunca fue una reivindicación basada en obtener inmediatamente todas las competencias que poseen otras autonomías. De hecho, la experiencia demuestra que comunidades como Andalucía, Canarias o la Comunidad Valenciana tardaron muchos años en asumir plenamente competencias tan relevantes como la Educación o la Sanidad.

El verdadero objetivo era otro: situar definitivamente a Ceuta dentro del modelo constitucional español con todas las garantías que ello implica. Evitar el rumor que existe desde 1994, de que Marruecos no se quejaba del Estatuto porque este nos dejaba  fuera del marco constitucional y porque cuarenta años después podría hablarse de una cosoberanía y posteriormente una entrega a Marruecos. Esto hace no mucho ya lo han dicho algunos expertos en inteligencia militar.

Ser Comunidad Autónoma significa formar parte plenamente de la organización territorial del Estado. Significa participar con voz propia en los órganos multilaterales donde se debaten políticas que afectan al conjunto del país. Significa dejar de acudir como excepción o como invitado a determinados foros nacionales y  ser miembro de otros europeos como el Comité de las Regiones. Significa reforzar la seguridad jurídica de nuestro encaje institucional.

Y significa, sobre todo, algo que considero esencial: que Ceuta quede integrada sin ambigüedades en un Estado cuya organización territorial se articula mediante municipios integrados en provincias y provincias integradas en Comunidades Autónomas.

A esta reivindicación deben añadirse otras dos que resultan estratégicas para el futuro económico y político de la ciudad.

La primera es la integración de Ceuta en la Unión Aduanera de la Unión Europea.

Pertenecer a la Unión Aduanera supondría eliminar barreras comerciales con el resto del mercado europeo, facilitar la circulación de mercancías, reducir costes para las empresas, incrementar la seguridad jurídica para los inversores y favorecer la implantación de nuevas actividades económicas. También permitiría una mayor integración en las cadenas logísticas europeas y mejoraría la competitividad de nuestro tejido empresarial. Volver a retomar las Reglas de Origen que abandonamos e iba a ser el futuro modelo económico de Ceuta.

La segunda es el establecimiento de una verdadera frontera Schengen en el Tarajal.

Una frontera plenamente integrada en el sistema Schengen permitiría reforzar el control de las fronteras exteriores de la Unión Europea mediante procedimientos homogéneos con el resto del espacio europeo, aportando mayor seguridad, previsibilidad y estabilidad. También contribuiría a clarificar el régimen de entrada y salida de personas conforme a la normativa comunitaria.

Estas medidas no resolverían por sí solas todos los problemas de Ceuta. Pero sí representarían un cambio estructural que reforzaría nuestra posición institucional, económica y estratégica.

Y por último la solicitud institucional de una visita oficial del Rey a Ceuta, en 2021 dijo que visitaría toda España para dar las gracias por el comportamiento en el COVID, dejó fuera a Ceuta y Melilla. Ahora debe venir si o si.

Los acontecimientos vividos en mayo de 2021, con la entrada masiva e irregular de miles de personas en apenas unas horas, pusieron de manifiesto la vulnerabilidad de la ciudad ante episodios de presión migratoria y diplomática. Desde entonces se han producido otros momentos de tensión en la frontera. En mi opinión, aquellos hechos deberían servir como una llamada de atención para fortalecer el marco institucional de Ceuta.

Por eso considero que ha llegado el momento de que todos los partidos con representación en la Asamblea de Ceuta sean capaces de alcanzar un gran acuerdo de ciudad.

No se trata de una cuestión ideológica. Se trata de una cuestión de Estado.

Si realmente creen en el futuro de Ceuta dentro de España y de la Unión Europea, deberían aprobar una posición común y exigir a sus respectivas direcciones nacionales que impulsen cuatro objetivos irrenunciables:

  • La conversión de Ceuta en Comunidad Autónoma conforme a la Disposición Transitoria Quinta de la Constitución.
  • La integración de Ceuta en la Unión Aduanera de la Unión Europea.
  • El establecimiento de una frontera Schengen plenamente adaptada a la normativa europea en el paso del Tarajal.
  • Visita oficial del Rey a Ceuta

Estos cuatro puntos deberían ser aprobados por el pleno de la Asamblea urgentemente.

Añadiría una más pero realmente esas son las importantes, cambio de la política exterior con respecto a Marruecos, no pueden seguir chantajeando como hacen gobierno quien gobierne. O cambia de actitud o aranceles a los productos de Marruecos que pasen por España (pasan todos, camino de la UE).

Puede que aún estemos a tiempo. Pero el margen se reduce con cada año que pasa.

Quienes defendimos estas propuestas hace treinta años no lo hacíamos por interés político ni por nostalgia constitucional. Lo hacíamos porque entendíamos que el futuro de Ceuta dependía de construir un marco institucional sólido antes de que aparecieran situaciones que lo pusieran a prueba. Porque entendíamos que en determinados asuntos hay que anteponer la condición de ceutí a cualquier ideología y a cualquier sigla. Estas medidas si pueden garantizar la españolidad de Ceuta, frente a los que piensan que se garantiza sólo diciendo ¡Viva España! o insultando a los que son de una ideología distinta. Los que hemos defendido durante décadas estas medidas, defendemos más la españolidad de Ceuta que los que no las han querido, porque ninguna de ellas depende de nosotros, el reivindicarlas el pedirlas, si.

Hoy sigo pensando lo mismo. Y me preocupa que los episodios vividos en los últimos años hayan sido interpretados como hechos aislados cuando, desde mi punto de vista, podrían ser señales de una realidad mucho más compleja. Dos ensayos generales de una marcha verde que vendrá la próxima década.

La historia ofrece pocas oportunidades para corregir decisiones estratégicas. Sería un grave error dejar pasar otra.  No hay decisión política más peligrosa que aquella cuyos efectos solo se descubren treinta años después, ya es hora de rectificar.

Por último, hay algo que creo que se debe señalar y debe de dejar de ser debate de opinión, los ceutíes somos españoles (como diría Vivas: se llamen como se llamen o recen a quien recen), las dudas que siempre han tenido muchos ceutíes sobre nuestros paisanos de religión musulmana, espero que la dejen de tener, son los que han salido a las calles en nuestros barrios a defender nuestra ciudad y la convivencia, ante una invasión orquestada por Marruecos.

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