• Técnicos de Emvicesa ven inviable su ejecución y la familia reclama una solución

Las esperanzas de la familia de Manar de contar con una rampa para trasladar a la pequeña desde su casa a la calle se han desvanecido después que la Ciudad les comunicara la imposibilidad de colocarla. “Un técnico de Emvicesa nos dijo que no podían poner la rampa. Dicen que no se puede y ¿ahora qué tenemos que hacer?”, se pregunta Chabia, la madre de la pequeña Manar.

Recordar que esta niña de 3 años y medio de edad reside en la barriada del Príncipe pero su discapacidad del 78% la obliga a trasladarse en silla de ruedas. Es el hándicap al que se enfrenta a diario la familia de Manar: trasladar a su hija a través de un tramo de escaleras, el único acceso hasta su domicilio.

Después de meses solicitando la construcción de una rampa, la familia ha recibido un duro golpe tras conocer la decisión de los técnicos. “¿Es que mi hija no tiene derecho a salir de casa? ¿Tiene que quedarse todo el día encerrada porque nadie nos ofrece una solución? Nos han denegado esta obra y ni siquiera nos colocan un pequeño camino para subir y bajar el carro”.

La única alternativa propuesta a la familia es la búsqueda de un alquiler en otra zona de la ciudad, opción que no pasa por la mente de la familia. “Mi casa es de propiedad y ahora quieren que nos mudemos a una vivienda en la que nos pueden cobrar hasta 800 euros por el alquiler. Mi marido es el único que trabaja y somos cinco personas. No podemos plantearnos esa opción”, comentó la madre de Manar.

La decisión de la  Ciudad sigue obligando a la familia de Manar a trasladar a la pequeña en brazos, ya que la silla de ruedas supone un peso añadido para ascender por las escaleras, al margen de que terminaría rompiéndose.

Como madre, Chabia solo pide una solución para trasladar a su hija y ya ha tocado numerosas puertas sin que nadie la ayude. “En Fomento me dijeron que eso no dependía de ellos, en Asuntos Sociales prácticamente me dijeron que me buscara vida y ahora Emvicesa tampoco tiene solución y me comentan que escriba una carta, pero ya estoy harta de mandar escritos y que no me hagan caso”.

La desesperación de esta madre la lleva incluso a decir que “nosotros mismos vamos a tener que construir esa rampa, aunque nos multen, pero tenemos que poder trasladar a mi hija”.  Es la terrible situación de una familia que se siente sola ante una dificultad que empeora con el tiempo y a la que nadie parece encontrar una solución.