La Cámara de Comercio citó ayer a los medios de comunicación para asistir a la entrega de regalos donados por un empresario anónimo para niños necesitados. Se había contado con el apoyo del PROI a la hora de hacer llegar esos regalos a quienes debían y, lo más importante, con el buen gesto de un empresario anónimo que fue el encargado de poner el dinero para su adquisición. Hasta ahí nada que objetar, faltaría. Iniciativas de este tipo son las que debieran prosperar y repetirse en muchas más ocasiones, porque los menores no deben entender de diferencias y si hay personas capaces de hacer que las mismas sean cada vez menos apreciables significará que hemos avanzado mucho en el terreno de la solidaridad.

El problema llega cuando a ese acto de entrega de regalos se le da publicidad, es entonces cuando cambian las cosas. Familias necesitadas con niños que no han tenido sus presentes son citados a un acto que debiera haberse celebrado en la más estricta intimidad, sin focos, sin medios, sin imágenes, sin fotografías. Como me apunta Nieves López en Facebook, se escenifica “el éxito de la miseria”.

Ya hace unos años que la Ciudad era muy dada a organizar actos de entrega de presentes a niños desfavorecidos de las barriadas. Cometían el error de citar a los medios, hasta que alguien con dos dedos de frente se llevó las manos a la cabeza y puso orden, dejando en la intimidad lo que se estaba divulgando.

La Cámara de Comercio ha traspasado la línea de un acto digno de ser remarcado a otro que sobraba, porque los niños necesitados no deben ser protagonistas mediáticos de nada, ya la miseria les obliga a no poder vivir en las mismas condiciones que otros menores que han sido ‘atiborrados’ a presentes que incluso terminan rechazando o inutilizando en los rincones. Unos tanto, otros tan poco. La vida marca diferencias desde la más tierna infancia, porque el sistema vive y se aferra a esa doble realidad de los unos y los otros, los que tienen y los que no, los que pueden y los que no pueden, los disponibles y los que necesitan. Así nos topamos con escenas de familias necesitadas recogiendo presentes mientras alguien lo convierte en noticia. ¿Lo es? Pienso que no, quiero creer que no, porque si transformamos en foco de atención mediática actos de este tipo estamos desvirtuando una realidad y siendo cómplices de ella, vinculando la intimidad de un acto solidario en el más burdo espectáculo de entrega.