• 29 de septiembre de 2005

  • Es la fecha marcada en la memoria de muchos de los guardias civiles y policías nacionales con destino en la ciudad

Aquella noche se vieron escenas difíciles de olvidar, se produjeron los momentos más trágicos que Ceuta ha conocido en relación al fenómeno migratorio, la frontera sur lloró lágrimas de sangre. Cinco jóvenes murieron tiroteados cuando intentaban saltar la valla y cientos sufrieron heridas de todo tipo: los más graves fueron ingresados en el hospital, los demás fueron devueltos a Marruecos. Hoy, once años después, lo ocurrido aquella madrugada se vive como una auténtica pesadilla, como un episodio de la noche más trágica, más negra de las vividas en torno a una inmigración que se presenta como marca ya de Ceuta.

Tras este auténtico drama, la ciudad y sobre todo la política europea fronteriza fue puesta en evidencia. El por aquel entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, tuvo que ordenar la presencia militar en la valla, patrullando en ayuda complementaria a la Guardia Civil. Después de aquello, han sido muchos los países que han copiado el modelo construyéndose más vallas a modo de muros.  Los últimos en sumarse al carro han sido Francia y Reino Unido, antes lo hicieron Grecia o Hungría… los países se blindan para protegerse de una inmigración que muestra sus imágenes más trágicas en los intentos de entrada masivos. Menos ahora que hace once años, pero constantes en el tiempo. El último se produjo el sábado 10 de septiembre y dejó escenas también dramáticas, porque los protagonistas son los mismos: hombres y mujeres que se desgarran en la alambrada, la misma que ya ha causado varias muertes porque las concertinas son algo más que elementos disuasorios, como acuñó el ministro de Interior.

Las últimas entradas que se están produciendo en la ciudad se enmarcan dentro de la llamada ‘inmigración silenciosa’ porque es la que entra en vehículos sin que sea detectada a su paso por la frontera. En la última semana, el ERIE de Cruz Roja ha atendido a once personas en siete intervenciones diferentes. En ninguno de los casos se correspondió con llegadas por vía marítima o entradas por el vallado, aunque todas comparten en común el mismo drama, el que hace ya once años vivieron como la peor de sus pesadillas los más de 300 hombres, mujeres y hasta niños que intentaron escapar así de los campamentos de Beliones en una madrugada de infierno.