Contar periodísticamente las conversaciones con los amigos no siempre es tarea fácil si tenemos en cuenta que, a veces, nuestras charlas espontáneas adoptan las formas de dibujos o de relatos de ficción que, aparentemente, tienen poco que ver con la realidad de la vida diaria. A pesar de todo, trataré de transcribir las palabras de mi amigo Juan –ya de “cierta edad”- durante el café que compartimos esta mañana. Me confesó que sentía lástima de lo mal que vive muchas de las gentes de este país, pero que también tenía esperanzas de que mejorarían las cosas. Él, de hecho, se sentía contento cuando advertía que algunas conductas generosas de personas normales le alimentaban cierta confianza.
Me ha explicado que ahora, cuando ya es “mayorcito”, está aprendiendo a vivir sintiendo con todos los sentidos y con todos los sentimientos: con la vista, con el oído, con el olfato, con el gusto y con el tacto, y, sobre todo, amando, esperando, temiendo y soñando. Se ha convencido de que la vida sin estas sensaciones y emociones no es vida, y me repite que lo más importante ahora es aguantar los hechos desagradables que le salgan al paso imaginando y pensando la forma de aprovechar cada día y cada momento.
Ha llegado a la conclusión de que todos –aunque unos más que otros- nos necesitamos mutuamente, que todos somos frágiles y que todos estamos obligados a pedir ayuda para afrontar las situaciones de dificultad y de crisis. No tenemos más remedio que darnos cuenta –me repite- de que todos somos dependientes. La independencia total, política, social, económica, familiar y personal es imposible, y nunca la alcanzaremos plena y definitivamente. Para vivir y sobrevivir, alimentarnos y curarnos, trabajar y descansar, todos dependemos de los demás. La ilusión de independencia se desvanece en cuanto sopla algún viento imprevisto. M recuerda que nacemos en un estado más inmaduro que cualquier otro animal y que, por eso, los seres humanos necesitamos cuidados mutuos, colaboración, empatía, conexión afectiva, compasión y, en cualquier caso, compañía. Por supuesto que estoy de acuerdo con Juan.






