Hay una cama preparada para dormir en el interior de un túnel en la barriada del Sarchal, en Ceuta. Un colchón, una colcha rosa y una manta esperan a quien, cuando cae la noche, necesita un techo bajo el que refugiarse.
A escasos centímetros hay ropa tendida, botellas de agua vacías, restos de comida y basura. También botellas utilizadas para hacer sus necesidades. Todo apunta a que este escondite de los acantilados del Sarchal todavía alberga vida.
Una entrada que pasa desapercibida

La entrada pasa prácticamente desapercibida. Está escondida entre el entorno de la playa, en el acantilado, y resulta difícil imaginar lo que se encuentra unos metros más allá, puesto que hay que ir precisamente a la entrada para poder observar el interior.
Este miércoles, El Faro se acercó hasta uno de estos túneles del Sarchal y encontró un escenario que habla por sí solo de las condiciones en las que algunas personas buscan un lugar donde pasar la noche.
En este “hogar” no hay puertas, ni ventanas, ni electricidad. Solo una pequeña entrada que conduce hacia el interior y una escalera que permite salir al exterior desde dentro.
Un refugio improvisado en un espacio subterráneo donde cada objeto permanece.
Una cama preparada para pasar la noche
La escena recuerda a una pequeña habitación improvisada. En el interior hay una cama con el colchón colocado y la ropa preparada. La colcha rosa y la manta están listas para cubrir a quien duerma allí. Al lado, varias prendas aparecen colocadas sobre sillas y sobre lo que parece ser un somier deteriorado.
La ropa, además, parece seca y limpia. Una señal que hace pensar que el espacio no está abandonado y que todavía hay alguien que lo utiliza.
Alrededor, las pertenencias se mezclan con los residuos. Hay cucharas de plástico, bolsas de pan, restos de comida, botellas de agua, paquetes de tabaco y numerosos envases de plástico.
Un lugar precario para dormir

También hay pequeños bancos y sillas que sirven para sentarse o colocar las ropas para su secado. Incluso una tabla de surf forma parte de este particular refugio.
Pero la imagen que puede parecer a primera vista una habitación improvisada esconde unas condiciones muy diferentes a una habitual. El lugar presenta un escenario insalubre. Hay insectos y el olor en el interior no resulta agradable.
La acumulación de residuos y la falta de condiciones higiénicas convierten este túnel en un espacio precario para vivir.
Las botellas utilizadas para hacer las necesidades son otra de las señales de cómo se sobrevive dentro.
Un refugio escondido entre los acantilados
El Sarchal ya ha sido escenario de asentamientos de inmigrantes en estos espacios subterráneos.
Los túneles de la barriada saltaron a la actualidad cuando un incendio desmanteló uno de estos asentamientos, pero los refugios permanecen y algunos continúan siendo utilizados.
Por la tarde, cuando El Faro llegó hasta la zona, no había nadie en el interior. Adentrarse completamente tampoco era posible.
Camuflada
La entrada está bien camuflada y presenta signos de haber sido tapiada en algún momento para volver a quedar abierta posteriormente.
Desde el interior se observa una pequeña escalera que conecta el túnel con el exterior. Una salida preparada para quien ha hecho de este lugar algo más que un simple escondite.
En este rincón del Sarchal, la humedad, la oscuridad y los insectos conviven con alguien que ha colocado una cama y ha dejado su ropa preparada para volver más tarde.
Una "suite" sin ventanas
Además, según la cantidad de residuos, quien ha acondicionado este lugar para dormir, lleva algún tiempo.
Una “suite” sin ventanas, sin comodidades y a la que se accede escalando por el acantilado. Un espacio oculto que, lejos de parecer abandonado, muestra las huellas de quien todavía permanece ahí.






