El Ministerio del Interior ha anunciado la obra de ampliación del espigón del Tarajal. Es uno de los compromisos tras la mayor crisis sufrida en frontera, la más delicada y la que, sin duda, ha puesto al Gobierno de la Nación contra las cuerdas.
La obra se ejecutará en dos fases y buscará que sea más complicado cualquier acceso bordeando la misma línea que usaron más de 80.000 personas para entrar en Ceuta a finales de julio.
Lo hicieron andando, sin encontrar trabas. Interior quiere que esa escena, la misma de mayo de 2021, no vuelva a darse.
Los ceutíes desean que ese proyecto anunciado no sea la foto del que fuera ministro del Interior con el PP, allá por 2014, cuando llegó a fotografiar con su teléfono móvil la estructura que se iba a reformar.
Nunca se hizo, aquella foto no se materializó en nada, solo quedó en la galería de imágenes de su celular.
En 2021, con la famosa crisis de mayo y la entrada de más de 12.000 personas, tampoco se efectuó gestión alguna.
Los compromisos quedaron en una falsedad. El gobierno, el mismo de ahora, anunció, pero no ejecutó. Fue toda una farsa.
Lo sucedido en Ceuta es gravísimo, también lo son sus consecuencias. El Gobierno de España está para cumplir, no para volver a faltar a la verdad.
De este anuncio de obra en el espigón se deben derivar acciones que todos vean, realidades necesarias, hechos.
Ceuta terminará de levantar cabeza ante esta grave crisis, pero se tardará demasiado a tenor no solo de lo ocurrido, sino de la mala gestión para alcanzar la normalidad.
Los anuncios que ahora se efectúan tienen que tener una consecuencia inmediata con la obra. Y no solo eso, se debe mantener la misma para que esta acción no sea una burda copia de lo que sucede en el vallado, en donde los millones terminan en la basura ante un nulo mantenimiento.







Entre todos la mataron y ella sola se murió. Aquí desde el primer presidente de la democracia de España hasta el de hoy, todos han pasado de Ceuta, ese es o ha sido el gran problema.