Hay trabajos que duran unos días, pero cuyo recuerdo permanece toda una vida. En la Joyería Blanco, el encargo de elaborar la Llave de Oro de la Ciudad que Ceuta entregó a los Reyes de España durante su visita ha sido uno de esos momentos que se guardan con orgullo.
Detrás de la pieza hay horas de trabajo, precisión y una historia familiar que comenzó en 1957, cuando Pepe Blanco, el padre, puso en marcha un pequeño taller que hoy continúa adelante con sus hijos.

Una segunda Llave para los Reyes
Pepe Blanco y su hermana Rosa están al frente del negocio, heredero de aquella iniciativa humilde que sus padres, Ángela y Pepe, levantaron con esfuerzo. Ahora, tres generaciones después, la familia ha vuelto a poner sus manos al servicio de un encargo muy especial.
Es la segunda vez que reciben esta responsabilidad, después de elaborar la Llave que se entregó a Juan Carlos I y Sofía en su visita Real a la ciudad de Ceuta en 2007.
“Es un orgullo. La primera vez quedamos satisfechos y esta vez no queríamos ser menos”, cuenta Pepe, que reconoce que la emoción ha ido acompañada de una gran responsabilidad.
El encargo llegó directamente del Ayuntamiento de Ceuta. La visita de los Reyes tenía una fecha fijada, pero los preparativos exigían discreción y un trabajo contrarreloj.
Durante unos diez días, la familia se volcó en la creación de la pieza, con seis jornadas de trabajo especialmente intensas, desde primera hora de la mañana hasta la noche.

Una Llave hecha a mano, pieza a pieza
Para elaborar la primera Llave, entregada a Juan Carlos I, se utilizó oro macizo. En esta ocasión, el precio de este metal hacía inviable repetir aquella fórmula, por lo que se optó por una plata especial de 1,7 milímetros de grosor, posteriormente recubierta con siete micras de oro.
La técnica exigió paciencia. Primero se dibujaron las piezas sobre el papel, después se trasladaron al metal y se recortaron para darles forma. Algunas partes se trabajan ahora con ayuda del láser, pero el acabado continúa dependiendo de las manos del joyero: hay que abombar, ajustar, soldar y repasar cada elemento hasta conseguir el resultado deseado.

140 gramos y el escudo de Ceuta
La Llave pesa 140 gramos e incorpora el escudo de Ceuta, con sus castillos en relieve, además de otros detalles. La placa con la inscripción también se elaboró en plata y recibió el mismo tratamiento dorado para mantener la armonía del conjunto.
“El proceso ha sido el mismo, exactamente igual”, explica Pepe, que insiste en que la tecnología puede facilitar una parte del trabajo, pero no sustituye la labor manual.
Cada unión debía quedar perfectamente sellada. Un pequeño poro podía comprometer el acabado posterior, ya que la pieza debía estar completamente pulida y preparada para recibir el tratamiento químico del oro.
La presión era constante: cualquier error podía obligar a repetir parte del trabajo.
La llave tenía que viajar segura
La responsabilidad no terminó al completar la pieza. Para aplicarle el acabado dorado, la Llave tuvo que viajar hasta Córdoba. Pepe confiesa que no quiso confiarla a un servicio de transporte urgente.
Su hijo, Pepe Blanco también, se encargó personalmente de llevarla y regresar con ella, consciente de que perderla habría supuesto echar por tierra días de esfuerzo.
Un estuche para la Llave
También hubo que preparar su presentación. La familia adquirió un estuche y lo adaptó para que la Llave encajara perfectamente, con un interior de color azul real. No bastaba con fabricar la pieza: todo debía estar a la altura de la ocasión.
Cuando llegó el momento de verla en manos del Rey, la emoción fue inevitable. “Se me ponen los vellos de punta. Dices: ‘esto lo hemos hecho nosotros’”, traslada a El Faro con un gesto de orgullo.
Detrás de ese instante estaban él, su hijo y el equipo del taller, cada uno aportando su parte.
El orgullo de llevar el nombre de sus padres
La visita Real ha llegado en un momento especialmente complicado para Ceuta, una situación que también ha afectado a los negocios de la ciudad. Sin embargo, durante aquellos días, Pepe encontró en el trabajo una manera de concentrarse en algo que debía salir perfecto.
Y, sobre todo, encontró un motivo para mirar hacia atrás con orgullo. “El nombre de la empresa viene de mis padres, que desde el año 57 ya ha llovido”, recuerda.
Aunque su padre ya no participa en el trabajo diario como antes, sigue acercándose al establecimiento para echar un vistazo. Su madre también visita el negocio habitualmente.
Tres generaciones después, aquella pequeña iniciativa familiar, hoy almacena ya dos elaboraciones que han terminado en manos de dos reinados de España.
Sobre el discurso del Rey
Sobre el discurso del Rey, su valoración también es positiva. Considera que Felipe VI dio “un pequeño golpe en la mesa” y espera que su visita sirva para algo más que un acto institucional.
Mientras tanto, en la joyería queda el recuerdo de una Llave que no solo abre una puerta en el imaginario de la ciudad. También representa décadas de esfuerzo, el paso de generación a generación y la historia de una familia que ha convertido su oficio en parte de la memoria de Ceuta.





