• Contacto
  • Horarios de Barcos by Kikoto
  • Vuelos
  • Sorteo Cruz Roja
  • COPE Ceuta
  • Portal del suscriptor
viernes 25 de septiembre de 2026   
El Faro de Ceuta
  • Sociedad
  • Sucesos
  • Frontera
  • Justicia
  • Política
  • Cultura
  • Educación
  • Deportes
  • Marruecos
  • Opinión
Sin resultados
Ver todos los resultados
  • Sociedad
  • Sucesos
  • Frontera
  • Justicia
  • Política
  • Cultura
  • Educación
  • Deportes
  • Marruecos
  • Opinión
Sin resultados
Ver todos los resultados
El Faro de Ceuta
Sin resultados
Ver todos los resultados

La implementación de la política de prestigio en el proyecto estratégico colonial

Por Alfonso José Jiménez Maroto
25/09/2026 - 07:24
La implementación de la política de prestigio en el proyecto estratégico colonial
Imágenes cedidas
Compartir en WhatsappCompartir en Facebook

Si en clave geoestratégica la ciudad de Larache se convirtió en uno de los focos principales por su ubicación en el río Lucus (control de la vía fluvial para el acceso al interior y defensa del territorio occidental del Protectorado), también interesó como sede militar para asegurar la región y atajar la influencia extranjera. Y no sería menos la política de prestigio con la que cerraré esta disertación, base del expansionismo europeo en el Norte de África frente a la proyección francesa. Con lo cual, el enclave de Larache, adquirió un peso significativo durante el Protectorado en Marruecos.

Apodada la ‘perla del Norte’, como se le distinguió en la pluma de la retórica colonial, obtuvo tal importancia en aquella época gracias a su emplazamiento preferente en la desembocadura del río Lucus.

Ni que decir tiene que su análisis territorial fue un multiplicador primordial para la ocupación de esta plaza desde 1911. De este modo y adelantándome a lo que seguidamente fundamentaré, pretendo arrojar algo de luz sobre el efecto civilizador del Protectorado en este sector geográfico marroquí. Así, en los preludios del siglo XX, Larache era captada como parte de la herencia expansionista que la aventura colonial de Marruecos perseguía hacer resurgir por razones de la referida política de prestigio que a ciencia cierta hipnotizaba el imperialismo europeo.

Y a criterio de diversos investigadores, la incrustación del régimen de Protectorado bajo control español comportó una acentuación de la colonización europea en la demarcación marroquí.

Este hecho que efectivamente arrancó décadas antes del encaje oficial del Protectorado en 1912, tuvo entre sus alicientes más acusados la variación de la composición demográfica, junto a una mutación extremada de la zona metropolitana existente en el país magrebí. Y como no podía ser de otra manera, el cambio progresivo de Larache acotó el aspecto territorial, social, económico, jurídico, etcétera.

Mientras, el mecanismo colonial produjo amplios cambios en la colectividad autóctona de distinta caracterización, en virtud de la etapa histórica y de las peculiaridades específicas de las superficies en los que se desenvolvió.

Al objeto de no extralimitarme en la extensión de este texto, Larache, era la única zona otorgada a España tras un enrevesado proceso de negociaciones, tanto en la primera y segunda ocupación (1610 y 1911), respectivamente. En sí, las relevancias geoestratégicas con relación a su posición en el Mediterráneo occidental, fueron fundamentales a la hora de decidirse por colocar tropas españolas en torno a la urbe del Lucus.

Dicho esto, es de presumir que la colonización se concibió como fórmula de apuntalar la nueva gobernanza durante la etapa del Protectorado español en Marruecos, con el establecimiento de población europea. Lo que ocasionó una transformación considerable en el dinamismo económico de este municipio, al igual que en el estatus de los moradores indígenas.

“A pesar de su función como eje administrativo y militar y su valor para la política de prestigio colonial de España, la gestión colonizadora de Larache estaba sentenciada a desintegrarse”

Posteriormente, la vertiente estratégica dispuso la puesta en funcionamiento de la empresa colonial, donde España que por aquel entonces reivindicaba sus derechos legales sobre el territorio de Marruecos, manejando con astucia los vínculos culturales y raciales que habían ensamblado las costas ibéricas con las africanas a través de los tiempos, tuvo que lidiar a un todopoderoso imperio francés, resuelto fuera como fuese, a apoderarse de la integridad del Magreb.
En tanto, tras una ensortijada maniobra política internacional, o digamos, juego de poderes, a partir de 1904, Inglaterra respaldó a toda costa el plan español de hacerse con el sector norte. De esta forma, Londres sorteaba el protagonismo francés en las costas frente a su colonia estratégica de Gibraltar.

Lo cierto es que Larache evidenciaba un sitio singular en lo ilusorio del imperio hispano. Y esta tendencia susceptible y añorante estaba presente en la política exterior de España tras la pérdida de Cuba en 1898. En este entorno, el cataclismo irrevocable del imperio español en Ultramar hizo que la acción colonizadora en África, por condicionada que se encontrase, ganase tanto relieve e interés entre el espíritu de casta de los militares africanistas.

Concretamente, Larache era exclusiva desde esta perspectiva, debido a la aparición española durante el siglo XVII (1610-1689). Y es que en este lapso de años se habría forjado una contribución histórica manifiesta, tanto para España como el municipio magrebí, pronunciada y resaltada en las diversas descriptivas vanguardistas sobre el relato común entre los dos países.

Recuérdese al respecto, que las milicias francesas acabarían por desalojar a la potencia moribunda que en aquellos trechos recaía en la España del último monarca de la Casa de Habsburgo, Carlos II (1661-1700). A la postre, la hostilidad con Francia sobre la ciudad del Lucus redundaría en una situación distinta.

Ya en los comienzos del siglo XX, España remolcaba más que cualquier otro actor, el lastre incómodo de obtener algún sitio en la competencia y pugna imperial en cuanto a Larache, producto de los factores estratégicos venidos de las órbitas coloniales en Madrid, por lo menos en lo que incumbe a nivel propagandístico. Sea como sea, en el litoral noroccidental de Marruecos confluían tres ríos: Lucus, Sebú y Bu Regreg. Y por disponer cada uno de su desembocadura junto a las localidades de Larache, Lamaamora y Salé, proporcionaban óptimos escondites a los saqueos y pillajes de la piratería.

De estas tres plazas, Larache iba a ser la más colindante al Estrecho de Gibraltar y próxima a las costas de la Península. Lo que la convertía en un espacio pretendido históricamente por los dirigentes españoles. De lo que se desprende, que el Ejército de Operaciones de África vio con buenos ojos la coyuntura de la autoridad sobre la ciudad del Lucus, como una salvaguardia de seguridad para preservar los intereses de España entre los dos continentes y eximirlo de los potenciales alicientes extranjeros.

O lo que es igual: dominar Larache era similar a estar presente entre los puntos neurálgicos del canal de agua que une el océano Atlántico con el Mar Mediterráneo y separa a Europa de África. Por lo tanto, ocupar el Norte de Marruecos consintió al régimen de Madrid, tanto a la monarquía como más tarde a la dictadura franquista, hilvanar una instantánea de nación todavía con empaque colonial y depositaria de plazas de soberanía que sumaban magnificencia y lustre a su seguridad nacional.

De hecho, el tono propagandista sobre Larache fue más generalizado que en otras poblaciones de su entorno, como es el caso de Alcazarquivir o Arcila, ya que el impacto del pasado favorecieron la construcción de este retrato sublimado. Mientras que desde la visual estratégica, la ciudad no parecía tan valiosa. Queda claro, que Larache había que tenerla en cuenta, pero nada semejante con Tánger, la punta de lanza de la actividad internacional en el Estrecho de Gibraltar.

En lo que atañe a las apreciaciones económicas, Larache constituía junto con Ceuta, el corredor de entrada al mercado del imperio jerife en la valoración estratégica de los teorizantes coloniales. Lo que empujó a diseñar la disposición de un complejo industrial en la comarca noroccidental, encaminado a suplir las estrecheces de consumo de la región marroquí. Sin soslayar, que a pesar de los muchos obstáculos naturales que limitaban la explotación del puerto de Larache situado en la confluencia del río Lucus, esta instalación marítima acabó reconociéndose como infraestructura portuaria de fuste transatlántico.

Obviamente, a partir de este muelle los españoles confiaban abarcar parte de la labor mercantil de Marruecos, mediante una red viaria de transporte con la línea de ferrocarril Tánger-Fez. A fin de cuentas y desde la visión colonial, Larache era un recinto obligado para la implementación de la estrategia militar y la economía política de la España del momento.

La envergadura estratégica de Larache no se dilató demasiado en saltar a la vista a los pocos años de establecerse el régimen protector. La imparcialidad de España en la Primera Guerra Mundial (1914-1918) o Gran Guerra, facilitó a la ciudad evolucionar de la noche a la mañana en un puerto de calado mundial que comercializaba con las partes contendientes en la lucha armada. Más aún, su superficie territorial se erigió en un enjambre de operadores alemanes y franceses que pugnaban impetuosamente por las prioridades de sus países. En particular, en lo que concierne al abastecimiento de los cereales recogidos a través de este fondeadero.

Como he indicado, el puerto de Larache acomodado en la convergencia del río Lucus, originariamente era de complicado acceso, porque regularmente el reflujo y menguante desequilibraban las flotas. A ello hay que añadir, que los vientos fuertes de dirección suroeste o poniente típicos de estas situaciones marinas del Atlántico son de régimen ciclónico y en cuanto existía mar de fondo, su acceso quedaba inactivo.

Motivo por el que en el año 1909 una compañía germana se puso manos a la obra para el levantamiento de un dique en el borde derecho del Lucus, con la finalidad de agilizar el arribo de las embarcaciones. Los alemanes encabezaron el desquinche o desazolve para abrir una vía de contacto en la escollera.

Pese a los esfuerzos de canalización materializados, los trabajos no fueron lo esperado, ya que el dique provocó importantes anomalías en el subsuelo. Y al hilo de lo anterior, diversas fuentes confirman la inquietud persistente de los agentes españoles por esta contrariedad inacabada.

Sin ir más lejos, el Alto Comisario de España en Marruecos, Francisco Gómez-Jordana y de Sousa (1876-1944), se implicó de lleno en esta intervención, remitiendo a la capital de España una petición de fondos por valor de más de un millón de pesetas para llevar a término obras de encauzamiento del río Lucus, con el objetivo de lograr un puerto secundario.


El carácter impostergable de proponer estas reformas, sugiere un indicio sobre el verdadero alcance estratégico de la gestión portuaria en Larache en esta primera fase del Protectorado. Definitivamente, el puerto quedó acondicionado con un dique de situación Este-Oeste, además de un atracadero y una canalización en el costado izquierdo del río. Indiscutiblemente, esta ingeniería portuaria ofrecía un magnífico intercambio comercial y tráfico industrial.

Gradualmente, el mayor repunte económico se centralizó en la zona portuaria, donde a corto plazo se edificaron estructuras asignadas a astilleros, factorías de conservas y salazones, planteles de reparaciones de motores, fábricas de hielo y así un largo etcétera. Y como no podía ser de otra manera, el rotativo colonial puntualizaba el impulso del puerto como si estuviésemos hablando de la expansión económica de metrópolis fabriles.

Al mismo tiempo, la logística marítima surtía varias alternativas profesionales a cientos de individuos. Este cuadro de auge se esparció como la pólvora por los canales de divulgación, admitiendo como compromiso taxativo hacer eco de la tarea ejecutada para exhibir y sacar músculo de lo que el país protector viene cristalizando en esta zona del Norte de África.

Desde el inicio de 1940 y en atención al enfoque dado por el Alto Comisario de España en Marruecos, Luis Orgaz Yoldi (1881-1946), la revaluación económica de la comarca del Lucus se sustentaba en las faenas portuarias de la industria naval y la pesca. El avance paulatino de esta última fue destacada, aunque por la falta de embarcaciones pesqueras la producción no lograba incluir la demanda de sus pobladores.

Pero con anterioridad, en el contexto de la rivalidad mercantil, los franceses habían proyectado el puerto de Kenitra. De esta manera y a efectos de los límites fronterizos coloniales, la comercialización del Norte de la región francesa que en principio transitaba por Larache, se desvió hacia esta ciudad.
Ya a partir de 1917, los propósitos españoles de surtir a Larache de un puerto internacional habían sido invalidados, valorando el problema que entrañaba la dificultad natural que el colonialismo de España fracasó en solucionar.

Por otra parte, en el Norte de Marruecos, excluyendo las plazas de soberanía españolas de Ceuta y Melilla y la ciudad de Tánger, los puertos de la zona del Protectorado no estaban aptos para efectuar comercio regular de importancia. Lo que argumenta el alcance acotado del crecimiento colonial. Después de todo, la propaganda asestada no retoca el pasado efectivo de una sociedad soportada por una oscilación porfiada entre sus componentes sociales y la clase política.

Al fin y al cabo, bajo un engranaje colonial moderado en sus matices políticos y reducido en medios económicos, Larache se aparejaba del puerto complementario más práctico en la dinámica mercantil de la comarca, asumiendo las importaciones y despachando las exportaciones del Protectorado al extranjero.

Podría decirse que la tarea innovadora de España en Larache tuvo una potente resonancia pública. Así y en contraste con sus fronterizos europeos, España no notó una gran transformación económica y tecnológica en el siglo XIX. Pues hasta las postrimerías de este siglo, fue un país en vías de desarrollo cuya economía era básicamente de subsistencia y baja tecnificación.

En estas condiciones económicas el Estado no pudo generar reformas estructurales del sistema productivo y del entramado social de la zona Norte de Marruecos. Y en este aspecto, Larache siguió la regla.

“Larache, apodada la perla del Norte, como se le distinguió en la pluma de la retórica colonial, obtuvo tal importancia en aquella época gracias a su emplazamiento preferente en la desembocadura del río Lucus”

Por activa y por pasiva, a pesar de la acción de colonización tan destacada en los medios periodísticos, la comunidad local persistió aprisionada en las estructuras y jerarquías del poder enraizado marroquí. Los resultados del progreso español difícilmente llegaron a los pobladores nativos, mientras la insuficiencia material permanecía como rasgo socioeconómico. Tampoco hay que olvidar, que aun con la simplificación orgánica o procedimental y de incontrastable progreso técnico de los servicios públicos, las mañas de vejación y coacción social y el exceso de autoridad y arbitrariedad continuaban en uso con arreglo al Majzén.

Luego, era más que visible, que el Protectorado constituía un modelo de expansión que en última instancia quedaba orquestado con señales de abuso. En esta realidad, la narrativa colonial no era más que un menester de solapamiento en sociedades, de por sí implantadas en la imposición, cuya propaganda frecuentemente estuvo flanqueada de procesos de infiltración y transformación parcial e inapelable en las poblaciones sometidas.

Este clima político conformaría una disparidad social en disputa con el sistema hegemónico occidental. Lo que descifra la manifestación en Marruecos de la salafiyya wataniyya (salafismo nacional o patriótico), como oposición política al régimen colonial y corriente político-religiosa que engarza los principios del reformismo islámico con la protección de la identidad nacional, rechazando el colonialismo y ligando la religión con el Estado y la patria.

Es más, en el círculo jalifiano, el pensamiento nacionalista tuvo unos rasgos distintivos, ya que las cúpulas nacionalistas formaban parte del propio régimen colonial. Y en el horizonte sus adeptos desafiaban a más no poder una reclamación de esencia política en razón a la aportación marroquí en la administración local, requiriendo la conformación de una asamblea consultiva en la zona española y más libertad de expresión y participación ciudadana.

Ante este panorama, el régimen colonial se decantó por el dominio territorial e incluso como contrapartida de tonificar las figuras del liderazgo tribal. Estos cabecillas surcaban a la condición de moros rebeldes a moros amigos, mediante el rito de acatamiento ante los Servicios de Intervención, que era el método reglamentario para ensamblar el lazo de poder asentado entre el colonizador y el colonizado. Ahora, este doble rasero punteó la fluctuación política del Protectorado.

Consecuentemente, en la visión global del poder, la geoestrategia es un catalizador político acomodado por una política agresiva e intervencionista desde la óptica de los intereses nacionales.

Digo esto, porque en tiempos de Felipe II (1527-1598) y hasta los africanistas, Larache y sus comarcas en el muelle fluvial de la confluencia del río Lucus, como canal de comunicación y comercio dentro de la región de Yebala y puesto adelantado para la inspección militar y política del espacio atlántico marroquí, fue en todo momento un objetivo estratégico.

Mayormente, por un tema principal de geografía.

Durante la primera mitad del siglo XX, España hubo de tomar parte activa en una andanza colonial para afianzar su disposición en este territorio y conservar los intereses del país, según determinaron los mandos militares y los africanistas afines a las élites coloniales que condujeron dichas cuestiones durante los últimos años del siglo XIX.

En verdad, Larache se convirtió en un componente vital del colonialismo, dentro de la única superficie provechosa en cuantificaciones meramente económicas en la zona del Protectorado. La ciudad experimentó durante el período colonial (1911-1956) una notable planificación urbana, que proporcionó a sus áreas comunes de un signo propio de identidad. No obstante, los estudiosos de la materia tienen la opinión, que tal vez, los españoles magnificaron y extremaron excesivamente los proyectos previos de colonización.

Encajar a Larache como urbe marítima a nivel internacional, no era factible por las barreras naturales e impedimentos físicos propios de su orografía y el impacto mordaz de los límites coloniales que la segmentaron. Como de igual manera, en aquel momento España no aglutinaba las condiciones económicas y técnicas precisas para predisponer una operación de colonización de calibre mundial.

Aun así, su actuación causó un cambio del núcleo primigenio de una ciudad islámica y posibilitó la integración de la sociedad municipal a la originalidad del siglo XX. Indudablemente, todo ello tuvo huellas inextinguibles en el tejido social de la comarca: el más llamativo, el punto de partida de un movimiento elitista nativo nacionalista y opuesto al régimen colonial.

Como quiera que sea, la maquinaria colonial estuvo sujeta por unos contrapesos sociopolíticos quebradizos y arduos de sostener a la larga.
Larache, más que ninguna otra ciudad en el Norte de Marruecos, reprodujo este semblante del colonialismo por medio de la disensión entre el bajá y sus contrincantes nacionalistas. El argumento armado junto al papel político de ambos actores, prueba la vulnerabilidad del sistema. Habida cuenta de las posiciones discordantes e imprecisas contraídas por las partes.

A pesar del vuelco sistémico y drástico en la forma de vida urbana durante el período colonial, en Larache los trabajos de dotación de servicios o ejecución de infraestructuras urbanas e industrialización, tuvieron más temple propagandístico y político que socioeconómico.

Sin lugar a dudas, existió un profundo desafecto entre la justificación civilizatoria y la panorámica social, singularizada por la insuficiencia de medios y la carencia de recursos entre las masas.

Finalmente, por mucha repercusión pública e incidencia en los canales de comunicación de la época, además de su función como eje administrativo y militar crucial y su valor para la política de prestigio colonial de España, la gestión colonizadora de Larache estaba sentenciada a desintegrarse. Y como suele acontecer en casos puntuales de la historia, en esta ocasión, el alzamiento popular masivo que puso el punto y final al mandato español en Larache y las políticas municipales de las sucesivas décadas, empequeñecieron hasta borrar cualquier rastro o estela de la estampa española en la ciudad.

Contenido relacionado

Milei acusa a Sánchez de "traicionar a su propio pueblo" por su gestión en Ceuta

Milei acusa a Sánchez de "traicionar a su propio pueblo" por su gestión en Ceuta

hace 33 minutos
Agredir a guardias civiles en Ceuta les sale caro: condena y expulsión a Marruecos

Agredir a guardias civiles en Ceuta les sale caro: condena y expulsión a Marruecos

hace 2 horas
Marruecos atribuye a "obstáculos" de España la parálisis en la devolución de inmigrantes y menores

Marruecos atribuye a "obstáculos" de España la parálisis en la devolución de inmigrantes y menores

hace 2 horas
Albares recibe garantías de colaboración de Nasser Bourita sobre Ceuta

Albares recibe garantías de colaboración de Nasser Bourita sobre Ceuta

hace 2 horas
Mejor será que Torres no hable del traslado

Mejor será que Torres no hable del traslado

hace 3 horas
ANA VÁZQUEZ Y EL SPRAY PIMIENTA

ANA VÁZQUEZ Y EL SPRAY PIMIENTA

hace 3 horas

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

  • Grupo Faro
  • Publicidad
  • Contacto
  • Aviso legal – Protección de datos
  • Política de cookies
  • Política de privacidad
  • Política editorial
  • Términos de uso

Grupo Faro © 2026

Sin resultados
Ver todos los resultados
  • Sociedad
  • Sucesos
  • Frontera
  • Justicia
  • Política
  • Cultura
  • Educación
  • Deportes
  • Marruecos
  • Opinión
  • Horarios de barcos by Kikoto

Grupo Faro © 2026