Casi dos meses han transcurrido y ha sucedido de todo. Hemos pasado mucho, se ha sufrido lo indecible y se sigue sufriendo. El 30 de julio, Marruecos utilizó a su propia sociedad civil para desestabilizar Ceuta. Las posteriores gestiones políticas, con el cartel colgado de ‘nos vamos de vacaciones’, provocaron que esta tierra se viera en la cuerda floja, sus gentes se sintieran abandonadas y se perdiera demasiado tiempo.
Hubo mentiras, se retrasó la intervención oficial y Ceuta se entregó al peor momento de su historia. Hoy las consecuencias se siguen notando, y mucho.
A las económicas, deportivas, sociales o culturales y de seguridad se suman otras, quizá las más importantes, las que afectan directamente al ciudadano, a su salud mental, a su convivir, a la recuperación del comportamiento previo al 30 de julio.
FAROTV dedica uno de sus reportajes especiales del mes a las consecuencias de la invasión, o, mejor dicho, a las heridas derivadas de esa entrada masiva.
No son solo las pérdidas económicas, la caída del turismo o las cancelaciones de eventos. Son muchas más cosas, son las que afectan a nuestra salud, a nuestra vida. Son, en definitiva, esos riesgos, esas quiebras sociales que pueden dar pie a situaciones adversas para una ciudad que ha luchado mucho por vencer prejuicios y fortalecer su día a día.
La hilera de ministros que han pasado por Ceuta se ha traducido en anuncios y promesas. Pero nadie se ha fijado en la grieta que se está haciendo fuerte en nuestra sociedad. Es la más peligrosa, la que no se cura con acuerdos en consejos de ministros o inversiones.
La Ceuta de ahora no es la de antes del 30 de julio. Las heridas son muchas, pero quizá en la asignatura pendiente y compartida por todos los ciudadanos esté la capacidad de salir adelante, de superar la adversidad.
Eso es responsabilidad nuestra, ese logro debe ser la meta de todos para recuperar lo que nos arrebataron, para volver a ser el pueblo caballa de siempre.






